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LA GUERRA DE LOS DURAZNOS

Roberto Ampuero

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

La gente de las puertas mirando al norte

En uno de los más bellos textos clásicos chinos, llamado Huainanzi (s. III a.C.), hay una descripción de los habitantes de los ocho confines más remotos de la Tierra, no tal como eran en la realidad, sino como la cultura china se los imaginaba. Ahí se refiere a quienes vivían en territorios muy distantes hacia el sur como: la gente de las puertas revertidas (mirando hacia el norte).

No se hace referencia allí de las puertas de entrada de las casas, pues si estás en el campo esas direcciones pueden variar dependiendo del terreno y si estás en poblados o ciudades pueden variar dependiendo del trazado de las calles. Evidentemente, la mención alude a un tipo de puerta de dirección invariable para todas las casas. Se trata de una puerta energética o simbólica llamada Ming Tang o “salón luminoso”. Conocido como “puerta o boca del Yang”, es decir, de la luz y la vitalidad, el Ming Tang chino siempre se orienta hacia el Sol.

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En China las casas tradicionalmente han orientado sus “bocas del Yang” hacia el sur, que es la dirección desde donde allá les llega el Sol. En las casas más humildes estas no son más que tragaluces rectangulares que seccionan el ala sur de la techumbre. A través suyo ingresa al recinto no solamente la luz solar, sino todo lo que aquella significa en cuanto a exuberancia, crecimiento y vitalidad; todo aquello representado por la energía Yang, cuya máxima expresión es, como veremos, el “agente Fuego” en Feng Shui.

En los grandes palacios, tal como la Ciudad Prohibida en Beijing, tanto el salón luminoso como la puerta principal se orientan hacia el sur. Pero en las casas de la gente común esas dos direcciones no siempre coinciden, ya que si bien sus puertas de acceso deben abrirse hacia la calle que les haya tocado (no queda otra opción), sus salones luminosos se mantienen fieles a la orientación sur, para poder así cumplir su función de relacionar óptimamente a la casa con la energía Yang que proviene del Sol.

¿Qué pasa si una casa no puede físicamente disponer de un Ming Tang, por tratarse, pongamos por caso, de un departamento en un primer piso, y que mira hacia el lado opuesto del Sol? En ese caso el habitante chino dispondrá un salón luminoso simbólico, bajo la forma de un pequeño arco decorado con flores rojas, alumbrado con velas y engalanado con guirnaldas multicolores, ubicado mirando hacia el sur. Muchas veces, para remarcar la asociación con la vitalidad del fuego, lo dispondrá junto al fogón, acompañado de una lámina del Señor del Fogón, la deidad taoísta proveedora del Yang.

La idea es que entonces el cosmos —que el pensamiento clásico chino llama lo concordante— encauzará naturalmente su principio Yang hacia la casa por ese portón simbólico, con lo que esta se verá igualmente inundada de vitalidad, energía y salud, aunque esté privada físicamente de mirar hacia el sur. En todo caso, desde hace por lo menos mil años, aun en las casas y palacios que pueden mirar hacia el sur, el acceso real de la luz solar se ha visto reforzado por un Ming Tang simbólico, para asegurar en toda circunstancia una permanente relación con el Yang.

Si el salón luminoso simbólico no tuviera el mismo poder de su contraparte real de atraer la esencia del Yang, las casas chinas impedidas de mirar hacia el sur estarían condenadas a permanecer desconectadas del aspecto vital y exuberante del cosmos. Serían rehenes permanentes del principio Yin, que es el que, por contraposición al Yang, es helado y sombrío, se identifica con la quietud y la inactividad y, según ellos, proviene del norte, que en China es la dirección opuesta a la del Sol.

El Huainanzi, entonces, al imaginar a quienes vivimos en parajes del sur de la Tierra como “gentes de las puertas al revés”, está pensando que para que nosotros podamos capturar la energía del Yang debemos revertir nuestros salones luminosos —por lo menos los simbólicos si no los reales— y dirigirlos hacia el norte, puesto que esa y no otra es para nosotros la dirección de la llegada del Sol.

El tema no es banal, porque saber atraer el Yang a nuestros espacios es la más fundamental habilidad en la ciencia del Feng Shui, ya que el Yang es aquella energía responsable del nacimiento, la vitalidad, la salud, el crecimiento, la prosperidad y el éxito. Saber establecer el Yin, que es su principio contrario, el responsable de la concentración, el descanso, el estudio y el atesoramiento, es la segunda destreza más importante. Así como el Yang —por ser todo dinamismo y movilidad— se atrae mediante el Ming Tang o salón luminoso, el Yin —que es todo sosiego, solidez y quietud— se establece mediante lo que en Feng Shui conocemos como la “tortuga” o “montaña”, el soporte o respaldo.

Y eso es sólo el primer —crucial— paso, porque los dos principios básicos de la naturaleza —el Yang, como principio de la movilidad, y el Yin, como principio de la quietud— están, según veremos, entreverados en un movimiento cíclico constante y en un perpetuo alternarse —impregnando además todas las cosas—, lo que les brinda variadas y sutiles modulaciones.

El arte del Feng Shui consiste en determinar, para cada una de las modulaciones del Yin y del Yang, su mejor dirección en la rosa de los vientos, su momento más apropiado del día, del mes y del año, su mejor correspondencia con las formas de las cosas, con los recintos y sus funciones, con los colores, los olores, las sensaciones y las texturas, con los órganos y funciones del cuerpo, con las constelaciones, los astros y los planetas, con las fases de la Luna y las estaciones del año, etc., y ello sin olvidar, crucialmente, sus relaciones con las vicisitudes y aspiraciones humanas. Todo parte por saber determinar con exactitud las direcciones maestras del Yin y del Yang para tu espacio, de modo de darle apropiadamente su boca del Yang o salón luminoso y su montaña o respaldo.

Esas son las direcciones que el Huainanzi (en concierto con otros textos clásicos chinos que presentaré en su momento) nos insta, desde el pasado milenario, a repensar sabiamente para nuestros países “con las puertas al revés”. A ese repensar es que he dedicado mi práctica, mi reflexión y mis estudios en los últimos veinte años como maestra de Feng Shui. Este libro es una primera rendición de cuentas de los resultados a que he llegado y de mi experiencia en ese sentido, y de ahí su título.

Nunca termino de sorprenderme de lo bien que funciona y lo eficaz que resulta el Feng Shui así, repensado para países de “puertas revertidas” como el nuestro, partiendo de la genial intuición del clásico chino. El resultado es que las familias se armonizan, personas solitarias hallan pareja, parejas en conflicto se reencuentran, ejecutivos reciben reconocimiento, empresas en dificultades vuelven a prosperar, proyectos nuevos florecen y, así, antiguos clientes me vuelven a consultar una y otra vez.

Siempre he querido explicarme qué es realmente el Feng Shui, por qué resulta tan bien y a qué se debe que, habiendo llegado a Occidente hace ya unos 30 años, siga siendo una presencia tan viva, cuya demanda va en aumento en lugar de disminuir, como habría ocurrido si hubiera sido una moda pasajera en lugar de ser lo que es: una poderosa herramienta para incentivar las aspiraciones de la vida.

Mi conclusión es que si el Feng Shui puede ser un aliado tan eficaz en la vida, es porque al realizarlo a tu oficina u hogar estás sintonizándote, sincronizándote y mimetizándote con los poderes de la naturaleza que están activos desde siempre, con sus ciclos, movimientos y orientaciones, dirigidos por la energía del Sol y representados en Feng Shui por los flujos del agua y el viento.

Si habitamos, construimos u organizamos nuestros espacios sin poner atención a la organización precisa de la energía en la naturaleza que nos rodea, nuestras construcciones no sólo vienen a fracturar con su presencia el orden natural, sino que además nos privamos de recibir nuestra cuota de los beneficios que reporta ese orden. Pero si nos sintonizamos correctamente con él, estamos restableciendo un viejo vínculo entre naturaleza y humanidad, y encauzando hacia nuestros espacios una vitalidad natural tan generosa y tan plena, que es capaz de cambiar para mejor el destino.

CAPÍTULO I

La esencia del Feng Shui

¿QUÉ ES EL FENG SHUI?

CONTACTO CON EL ALMA DE LOS ESPACIOS

El Feng Shui es el arte de la intimidad con el alma de tus espacios. Es la ciencia de observación diligente y devota del entorno y la naturaleza, en pro de armonizarla con los espacios que ocupamos para vivir, trabajar y esparcirnos, de manera de lograr una existencia cotidiana próspera, armónica y saludable, en la cual las relaciones familiares, sociales y de trabajo alcanzan plena armonía y nuestras aspiraciones de salud, prosperidad, amor y longevidad se cumplen con máxima eficacia.

El Feng Shui surgió históricamente de la ancestral preocupación de los sabios chinos por mantener un equilibrio armónico entre Cielo, ser humano y Tierra, que ellos simbolizaban con la imagen de Kanyu: una carroza, cuyo toldo circular representaba la bóveda celeste, cuyo carro cuadrado era la Tierra y cuyo auriga o cochero era el ser humano.

Kanyu es la imagen práctica de San Cai: los “Tres Tesoros”: Cielo, Tierra y humanidad. En esta tríada el papel del ser humano es, como la imagen lo dice, el del auriga: guiar bien el vehículo, mantener conectadas a las otras dos dimensiones y abierta la comunicación entre ellas, llevando las riendas del Yang para que la vida trote o galope sin perder jamás la interrelación entre los movimientos del Cielo y todas las cosas terrestres.

Según esa antigua sapiencia, el Cielo influye en nuestras vidas y entornos de manera intangible, a través de mensajes espirituales representados por los movimientos de los astros, las constelaciones, la Luna, el Sol y los planetas, así como también los vientos, las lluvias y los vaivenes eternos de las cuatro estaciones.

La Tierra, en tanto, es lo tangible que nos rodea. Es la geografía, montañas, mares, cursos de agua, árboles, bosques, cultivos, y es lo construido, los edificios, los puentes, infraestructura en general, casas, murallas, techos, ventanas, puertas, y es también el lugar donde instalamos nuestro hogar, ya sea en la ciudad, el campo o cerca de la playa.

El ser humano está entre ellos, es el intermediario, es él quien con su propio quehacer, actitud y acción de diálogo con el Cielo y la Tierra, hará que las cosas por él construidas coexistan en armonía.

Carroza de la dinastía Han (s. III a.C.), donde se aprecia el toldo circular asociado con el Cielo, la base cuadrada asociada con la Tierra y el ser humano como auriga dirigiendo al caballo, que representa el principio Yang de la vitalidad.

EL FENG SHUI EN LA PRÁCTICA Y EN LA VIDA COTIDIANA

En términos prácticos, el Feng Shui permite detectar problemas energéticos en la casa, pues cuando algún sector de nuestro espacio no está resonando con la naturaleza puede surgir alguna dificultad.

De esa forma, nos ayuda a resolver situaciones conflictivas, abrir vías de prosperidad, fomentar las buenas relaciones de pareja, mejorar la armonía y convivencia en el hogar, incentivar la salud, estimular la comunicación, propiciar el reconocimiento y el éxito, ayudar a los hijos en la concentración y los estudios. El Feng Shui, a través de sus sistemas astrológicos, permite también proyectarse de forma más general hacia un futuro más lejano, captando las tendencias gruesas de influencias celestiales y terrenas.

El Feng Shui promueve el flujo adecuado de las energías de la naturaleza en casas, oficinas, empresas, jardines, a través del manejo de la interacción entre las energías del Sol, el viento y el agua, la luz y la sombra, el calor y el frío, la humedad y la sequedad, entre otras cualidades, con las formas, colores, materialidades y funciones de los diferentes espacios, objetos y adornos de las habitaciones. Esas energías de la naturaleza se llaman Qi.

EL QI: SUTIL ALIENTO VITAL QUE EMANA DE LAS COSAS

Hay una gran compuerta en el universo. Por ella el Qi inunda la Tierra, y es canalizado por ella.

Chinglang Haijiao Jing,

La energía de las formas, s. III d.C.

Lo primero que intuyeron los antiguos sabios chinos es que todo en el universo estaba vinculado entre sí por una energía que llamaron Qi. Esta energía Qi, llamada Ki en el Japón, Prana en la India y Mana en los países del Asia-Pacífico —y sólo recientemente intuida por la física occidental—, ha sido reconocida desde hace miles de años por el pensamiento oriental, que la ha manejado en forma práctica, en las disciplinas más diversas, como la medicina en la acupuntura, las artes marciales, la política, la psicología y el Feng Shui.

La energía Qi puede ser concebida como una sutil red de fuerzas o principios animadores invisibles e intangibles que interconectan todas las cosas y fenómenos, y que son los responsables tanto de sus equilibrios como de sus cambios.

Podríamos imaginarla como una membrana transparente y permeable que fluye, traspasa e influye tanto en la materia visible como en nuestro ánimo, vitalidad y presencia ante la vida.

Los taoístas se refieren al movimiento de esta energía:

Sale, después entra

Sube, después baja

Agita, después calma

La palabra Qi literalmente quiere decir: “vapor que emanan los granos después de la lluvia”.

Pictograma “Qi”, donde se aprecia arriba el vapor saliendo del grano, que está abajo (la crucecita con cuatro semillas), todavía parcialmente tapado por la lluvia.

¿Por qué es tan importante este concepto? Porque marca la diferencia entre algo inerte y algo provisto de vida y vitalidad, ya sea una planta, un matrimonio o una empresa. Según dice otro antiguo clásico chino:

Allí donde hay Qi hay despertar a la vida; allí donde no hay Qi hay caída en la muerte. Todo lo que vive, lo hace debido a su Qi.

Guanzi, XII

Y otro libro famoso, señala:

El surgir de la vida humana no es otra cosa que el acopio de Qi. Se atesora el Qi y así nacemos a la vida. Se dispersa el Qi y así morimos… por eso se dice, hay un único Qi que se mueve entre el Cielo y la Tierra.

Zhuangzi, 22

EL QI DESCONTROLADO O SHA QI:

ENERGÍA SUPERFLUA Y NOCIVA

El Cielo tiene seis Qi, que al descender producen los cinco sabores, los cinco colores y las cinco notas musicales, pero que si se salen de su cauce causan los cinco males.

Huainanzi, III

Para los chinos el Qi puede ser benigno o pernicioso. Si es benigno, se llama Sheng Qi, y si es pernicioso se llama Sha Qi.

El Sha Qi se mueve de manera exacerbada y no con la suavidad del Sheng Qi; es abrupto, séptico, anida en los ángulos y en los ambientes donde la energía no se mueve, se estanca o se produce de manera poco natural (allí donde hay motores, cables eléctricos, por ejemplo).

“Sha” en chino, simplemente quiere decir "muerte". El Sha Qi es un Qi mortífero, ya sea por estar fuera de su lugar o de su tiempo, o por estar muy exacerbado, violento y agresivo. Entrar en contacto con Sha Qi es sentirse tocado por algo agresivo, inarmónico y discordante. Equivale a circular por una calle llena de motores y bocinas, encontrarse con mentes alteradas por el odio o volar en Cielos remecidos por turbulencias…

Desde hace milenios el pensamiento chino considera que el ser humano puede manejar ese Qi, ese hálito vital, liviano, invisible, intangible, sutil, responsable de la vida. El ser humano puede encauzar, influir en la vitalidad esencial Qi del Cielo y de la Tierra, de las cosas, materias y sustancias que nos rodean, ya sean visibles o invisibles, para alcanzar una óptima interacción del aliento vital Qi con nuestras vidas. Hemos de lograr que se mueva y se copie siempre bajo su forma de Sheng Qi y no de Sha Qi. ¿Cómo manejar ese Qi? A través del Feng Shui.

FENG SHUI: “VIENTO Y AGUA”

El Qi se puede acopiar y conducir de una manera benigna para el ser humano, sabiendo manejar el viento y el agua. Esa es la idea clave del Zangjing o Clásico de las sepulturas, escrito por el sabio Guo Pu en el siglo III de nuestra era. Este libro es el más famoso de nuestra hermosa disciplina, su texto fundacional. De él proviene originalmente el Feng Shui tal como hoy lo conocemos. En él aparece por primera vez el vocablo “Feng Shui” (feng, “viento”, y shui, “agua”), aplicado expresamente al concepto de usar el viento y el agua como guías o instrumentos para manejar el Qi en nuestras construcciones. Esto es lo que dice:

Llevado del viento el Qi se dispersa. Llegado al borde del agua se asienta. Los antiguos acopiaban el Qi, evitando que se dispersara, y lo movían y asentaban a voluntad. Por eso hablaban de “Viento y Agua”.

Toda la ciencia y el arte del Feng Shui consisten en lograr una circulación armónica del Qi por los e ...