Loading...

13 COSAS QUE LAS PERSONAS MENTALMENTE FUERTES NO HACEN

Amy Morín  

0


Fragmento

INTRODUCCIÓN

images

Cuando tenía 23 años, mi madre murió repentinamente por un aneurisma en el cerebro. Fue una mujer saludable, trabajadora y vibrante que amó la vida hasta el último momento. De hecho, la vi la noche anterior a su muerte. Fuimos a un partido de basquetbol. Mi madre reía, platicaba y disfrutaba la vida como siempre. Pero sólo veinticuatro horas después se había ido. Perderla me afectó de manera muy profunda. No imaginaba continuar el resto de mi vida sin sus consejos, sin su risa… sin su amor.

En esa época, trabajaba como terapeuta en un centro de salud mental. Me tomé unas semanas de descanso para lidiar con mi dolor. Sabía que no ayudaría a los demás de manera efectiva si no podía lidiar bien con mis propios sentimientos. Acostumbrarme a una vida que no incluía a mi madre era un proceso. No fue fácil, pero trabajé duro para recuperarme. Gracias a mi entrenamiento como terapeuta sabía que el tiempo no cura las cosas; lo que realmente determina la velocidad para sanar es la manera en que lidiamos con ese tiempo. Entendí que el duelo era el proceso necesario que aliviaría mi dolor (con el tiempo). Por eso me permití sentir tristeza y enojo, y aceptar por completo lo que perdí en verdad cuando murió mi madre. No sólo la extrañaba, también me di cuenta de que nunca volvería a estar aquí en los eventos importantes de mi vida y que ya no viviría las cosas que deseaba (como su retiro y ser abuela). Con amigos, familia y mi fe en Dios, encontré un sentido de paz… Y así como la vida sigue, fui capaz de recordar a mi madre con una sonrisa en vez de tristeza.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Tiempo después, justo el fin de semana en el que se cumplían tres años de su muerte, mi esposo Lincoln y yo comentábamos cuál sería la mejor forma de honrar su memoria. Unos amigos nos invitaron a un partido de basquetbol el sábado en la noche. Por coincidencia era en el mismo auditorio donde vi a mi madre por última vez. Lincoln y yo platicábamos sobre lo que sería regresar a ese lugar, justo al espacio donde la vi una noche antes de morir.

Decidimos que sería una forma maravillosa de celebrar su vida. Después de todo, mis recuerdos de esa noche eran muy buenos. Reímos, platicamos de muchas cosas y pasamos una tarde muy agradable. De hecho, aquel día mi madre dijo que mi hermana se casaría con su novio, y años después se cumplió su predicción.

Así que Lincoln y yo fuimos al auditorio y disfrutamos el tiempo con nuestros amigos. Sabíamos que eso era lo que mi madre hubiera querido. Se sintió bien regresar a ese lugar, estar ahí. Pero justo cuando suspiré de alivio por el progreso que sentía al enfrentar su muerte, mi vida entera volvió a ponerse de cabeza.

Cuando regresamos a casa, después del partido de basquetbol, Lincoln se quejó de un dolor de espalda. Años antes se había fracturado algunas vértebras en un accidente automovilístico, por lo que el dolor de espalda era algo habitual. Pero unos minutos después se desmayó. Llamé a los paramédicos y lo llevaron al hospital. Le hablé a su madre. Llegó su familia y nos reunimos en la sala de emergencias. No tenía idea de lo que estaba pasando.

Después de algunos minutos nos pasaron a una sala privada. Antes de que el doctor emitiera una sola palabra, yo sabía lo que nos iba a decir. Lincoln había muerto. Le dio un infarto.

Me convertí en viuda el mismo fin de semana que mi madre cumplía tres años de muerta. No tenía sentido. Lincoln sólo tenía veintiséis años y ningún antecedente de problemas cardíacos. ¿Cómo podía estar bien un minuto y morir al siguiente? Apenas estaba ajustándome a una vida sin mi madre y ahora debía aprender a enfrentar una existencia sin Lincoln. No concebía cómo podría superar eso.

Lidiar con la muerte de tu cónyuge es una experiencia surreal. Debes decidir cosas en momentos en los que tu cerebro está en otra parte. En cuestión de horas, tuve que accionar y escoger desde los arreglos del funeral hasta la redacción del obituario. No había tiempo para entender la realidad de la situación. Era abrumadora por completo.

Tuve la fortuna de contar con mucha gente que me apoyó. El viaje a través del dolor y del duelo es un proceso individual, pero la familia y los amigos amorosos ayudan mucho. Había instantes en que las cosas parecían más fáciles y momentos en los que todo estaba peor. Justo cuando pensaba que iba mejorando, daba la vuelta en una esquina y encontraba una tristeza aplastante esperándome. El duelo es un proceso exhaustivo a nivel emocional, mental y físico.

Había tantas cosas para sentirme deprimida. Estaba triste por la familia de mi esposo, por saber cuánto lo amaban. Me dolía pensar en todas las cosas que Lincoln nunca experimentaría. Y me entristecía por todo lo que no haríamos juntos, sin mencionar cuánto lo extrañaba.

Me tomé el mayor descanso posible de los asuntos laborales. La mayoría de aquellos meses son una mancha borrosa en mis recuerdos porque sólo me concentraba en poner un pie frente al otro cada día. Pero no podía dejar de trabajar para siempre. Sólo tenía un ingreso y debía volver al consultorio.

Un par de meses después, mi supervisor llamó para preguntar cuándo planeaba regresar al trabajo. A mis pacientes les dijeron que me había ausentado de forma indefinida por una emergencia familiar. No les dieron ningún margen de tiempo porque no sabían qué iba a pasar. Pero ahora querían una respuesta. Era cierto que no había terminado el duelo y que no me sentía “mejor”, pero necesitaba regresar a trabajar.

Justo cuando perdí a mi madre, me di tiempo para experimentar el dolor de frente. No lo ignoré ni lo hice a un lado. Lo sentí mientras me ayudaba a sanar de forma proactiva. No podía permitir el quedarme estancada en emociones negativas. Aunque habría sido fácil compadecerme y afligirme con mis recuerdos, sabía que no sería saludable. Tuve que hacer una elección consciente y empezar un largo camino para construir una nueva vida para mí.

Necesitaba decidir si algunas de las metas que compartíamos Lincoln y yo todavía eran mis metas. Habíamos sido padres adoptivos por un tiempo y planeábamos adoptar a un niño. Pero, ¿todavía quería adoptar a un niño como madre soltera? Los siguientes años seguí siendo voluntaria y ofreciendo un lugar (sobre todo para emergencias y descanso), pero no estaba segura de querer adoptar a un niño sin Lincoln.

También tuve que crear nuevas metas para mí ahora que estaba sola. Decidí aventurarme e intentar cosas nuevas. Me compré una motocicleta y saqué la licencia de manejo. También empecé a escribir. Al principio era como un hobby, pero con el tiempo se convirtió en un trabajo de medio tiempo. Entablé nuevas relaciones con otras personas, descubrí cuáles de los amigos de Lincoln seguían siendo mis amigos y cómo sería mi relación con su familia sin él. Por fortuna para mí, muchos de sus amigos más cercanos mantuvieron su amistad conmigo. Y su familia siguió tratándome como parte de ella.

Más o menos cuatro años después, tuve la fortuna de encontrar el amor otra vez. O tal vez debería de decir que el amor me encontró. Estaba acostumbrada a vivir sola. Pero todo cambió cuando empecé a salir con Steve. Ya nos conocíamos de años y poco a poco nuestra amistad se convirtió en una relación. Con el tiempo empezamos a platicar de un futuro juntos. Aunque pensaba que nunca me casaría otra vez, con Steve parecía una decisión correcta.

No quería una boda formal o una recepción que se pareciera a la ceremonia que había tenido con Lincoln. Aunque sabía que mis invitados estarían felices de ver que me casaba otra vez, también sabía que evocarían algunas tristezas al recordar a Lincoln. No quería que el día de mi boda fuera una fecha sombría, así que decidimos tener una boda fuera de lo común. Nos fugamos para casarnos en Las Vegas, fue un momento muy feliz, sólo centrado en nuestro amor y felicidad.

Después de un año de casados decidimos vender la casa en la que vivimos Lincoln y yo. Nos mudamos un poco más lejos, a unas horas. Queríamos estar más cerca de mi hermana y mis sobrinas y nos daba la oportunidad de tener un nuevo inicio. Conseguí un trabajo en un consultorio y esperábamos disfrutar nuestro futuro juntos. Justo cuando la vida parecía ser maravillosa, nuestro camino a la felicidad tuvo otro giro extraño: al padre de Steve le diagnosticaron cáncer.

Al inicio, los doctores predijeron que su tratamiento ayudaría a mantener el cáncer a raya durante varios años. Pero después de unos meses, estaba claro que no sobreviviría un año, y mucho menos varios. Consultaron otras opiniones, pero nada ayudó. Conforme pasó el tiempo, los doctores se sorprendían porque no respondía al tratamiento. Después de siete meses se agotaron las opciones de tratamientos.

Las noticias me golpearon como ladrillos. Rob estaba lleno de vida. Era el tipo de persona que siempre sacaba una moneda detrás de la oreja de un niño y contaba las historias más chistosas del mundo. Aunque vivía en Minnesota y nosotros en Maine, lo veíamos seguido. Desde su retiro, tenía la disponibilidad de visitarnos durante varias semanas y siempre bromeaba con él diciéndole que era mi invitado favorito, porque era nuestro único invitado.

Él fue uno de mis mayores fans cuando empecé a escribir. Leía todo lo que yo hacía, no importaba si era un artículo de educación infantil o de psicología. Muchas veces me llamó con ideas para historias y sugerencias.

Aunque Rob tenía setenta y dos años, parecía demasiado joven para estar tan enfermo. El verano anterior atravesó el país en su motocicleta, navegó en el Lago Superior y viajó por el campo con la capota de su convertible abajo. Pero ahora estaba muy mal y los doctores eran claros: sólo empeoraría.

Esta vez tuve una experiencia diferente al enfrentar la muerte. La de mi madre y la de Lincoln fueron inesperadas y repentinas por completo. Pero ahora estaba advertida. Sabía que venía y me llenó de temor.

Me descubrí pensando: Aquí vamos de nuevo. No quería atravesar otra vez una pérdida que afecta en todos los aspectos. No parecía lógico. Conozco mucha gente de mi edad que no ha perdido a nadie, entonces, ¿por qué tenía que sufrir la muerte de tantos seres queridos? Me senté y pensé sobre lo injusto de la situación, lo difícil que iba a ser y cuánto me gustaría que las cosas fueran diferentes.

Además, sabía que no debía abandonar el camino. Después de todo, ya había pasado por esto y estaría bien otra vez. Caí en la trampa de pensar que mi situación era peor que la de cualquier otra persona. Si me convencía de no poder manejar otra pérdida, no me ayudaría. Más bien, sólo evitaría enfrentar la realidad de mi situación.

En ese momento, sentada y pensando en todo lo anterior, escribí mi lista de “13 cosas que las personas mentalmente fuertes no hacen”. Eran los hábitos contra los que había luchado tan duro para salir del otro lado de mi dolor. Eran las cosas que evitaban que me sintiera mejor, siempre y cuando las dejara atraparme.

No es de sorprender que fueran las mismas habilidades que les había dado a los pacientes que iban a terapia. Pero necesitaba escribirlas para ayudarme a mantenerme en el camino. Era un recordatorio de que podía decidir ser mentalmente fuerte. Y necesitaba ser así porque pocas semanas después de escribir esta lista Rob murió.

Sabemos que los psicoterapeutas ayudan a otros a construir sus fortalezas, dándoles consejos de cómo actuar y mejorar. Pero cuando creé mi lista de fortalezas mentales, decidí apartarme un poco de lo que había sido mi segunda naturaleza. Y concentrarme en qué no hacer marcó una enorme diferencia. Los buenos hábitos son importantes, pero muchas veces nuestros malos hábitos evitan que alcancemos todo nuestro potencial. Puedes tener todos los buenos hábitos del mundo, pero si sigues repitiendo los malos al mismo tiempo que los buenos, te costará más trabajo lograr tus objetivos. Piénsalo así: eres tan bueno como tus peores hábitos.

Los hábitos malos son como un lastre muy pesado que arrastras durante el día. Poco a poco te van hundiendo, te agotan y te frustran. A pesar de todo tu trabajo y talento, cuando tienes pensamientos, comportamientos y sentimientos que te reprimen, te costará mucho trabajo alcanzar todo tu potencial.

Imagina un hombre que decide ir diario al gimnasio. Trabaja duro casi dos horas. Mantiene un registro cuidadoso de los ejercicios que hace para poder medir su progreso. Después de seis meses, no nota mucho cambio. Se frustra porque no pierde peso ni gana músculo. Les dice a sus amigos y familia que no entiende por qué no se ve ni se siente mejor. Después de todo, casi nunca falta a sus entrenamientos. Lo que deja fuera de la ecuación es el hecho de que todos los días se da un premio camino a casa. Después de todo el ejercicio, tiene hambre y piensa: “Trabajé mucho. ¡Me merezco un premio!” Así que diario, saliendo del gimnasio, pasa por una docena de donas y se las come.

¿Suena ridículo no? Pero todos somos culpables de este tipo de comportamientos. Trabajamos mucho por las cosas que pensamos que nos harán mejor, pero olvidamos concentrarnos en lo que puede sabotear nuestros esfuerzos.

Evitar estos 13 hábitos no sólo te auxiliarán con un duelo. Deshacerte de ellos te ayudará a desarrollar tu fortaleza mental, lo cual es necesario para lidiar con todos los problemas de la vida (grandes o pequeños). No importa cuáles sean tus objetivos, cuando te sientes mentalmente fuerte estás mejor preparado para alcanzar todo tu potencial.

¿QUÉ ES LA FORTALEZA MENTAL?

images

No es que haya personas fuertes o débiles mentalmente. Todos tenemos algún grado de fortaleza mental, pero siempre se puede mejorar. Para desarrollarla hay que perfeccionar la habilidad para regular tus emociones, administrar tus pensamientos y comportarte de manera positiva (a pesar de las circunstancias).

Así como hay personas más predispuestas a desarrollar la fortaleza física que otras, la fortaleza mental parece surgir de forma natural en algunos individuos. Hay muchos factores que determinan la facilidad que tienes para desarrollar tu fortaleza mental:

•Genética: Los genes juegan un rol en si eres o no propenso a problemas de fortaleza mental, como los trastornos del estado de ánimo.

•Personalidad: Algunas personas tienen rasgos de personalidad que por naturaleza les ayudan a pensar de manera más realista y a comportarse de forma más positiva.

•Experiencias: Tus experiencias de vida influyen en cómo te percibes, cómo ves a los demás y al mundo en general.

Obvio, no es posible cambiar algunos de estos factores. No hay forma de borrar tu infancia. No puedes ayudar si por genética estás predispuesto a un TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Pero eso no significa que no puedas aumentar tu fortaleza mental. Todos tenemos el poder de incrementarla si le dedicamos tiempo y energía a los ejercicios de autosuperación que te ofrezco en este libro.

LAS BASES DE LA FORTALEZA MENTAL

images

Imagina a un hombre que se siente nervioso en situaciones sociales. Para minimizar su ansiedad, evita empezar conversaciones con sus compañeros de trabajo. Entre menos platica con sus compa ...