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BARRIO BRAVO

Roberto Meléndez  

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Fragmento

Manolito

Ahora sí que mi vieja me va a sacar la chucha. ¡Si me lo dijo tantas veces! ¡Tantas! «Manolito, aquí tiene, pero no lleve la pelota que le regalamos al colegio», fue lo primero que me dijo al entregármela. En serio, lo primero. Es como si a veces las mamás lo intuyeran todo. Porque yo, obvio, lo primero que hice fue llevarla. Creo que eso lo saqué de mi papá, que es mandado a no hacer, justamente, lo que ella le pide. «Viejo, tenemos que ahorrar este mes. Acuérdate que es el casamiento de la hija de la Gladys», le advirtió mi mamá hace poco. Y él, lo primero que hizo fue irse al Teletrak a apostar a los caballos. Así es mi viejo, y parece que yo salí igualito. Pero ¡cómo no iba a llevar la pelota al colegio!, si el único que la ha estado llevando durante todo este año es el Mono Carrasco.

Mono culiao, si ni le gusta el fútbol. Pero desde que cachó que a la Pamelita le gusta jugar a la pelota, el hueón lleva la suya pa’ hacerse el lindo. ¡Qué rabia me da eso! Y se jura Cristiano Ronaldo más encima, con sus calugas de flaco. Porque el fantasma no tiene calugas: no tiene carne nomás. Y na’, ningún brillo, hermano, si yo de un puro enganche lo dejo tirado tragando aire. Pero él tiene la pelota y la lleva y elige cuándo, cómo y con quién jugar. Cabrón. Y obvio que el chuchesumadre elige siempre a la Pamelita. Y yo quedo en el otro equipo; todo el puto año en el otro equipo. Yo sé que el desgraciado sabe lo que siento. Y nada, ningún pase le he podido dar a la Pamelita. Al contrario, puros pelotazos y un par de patadas. Vendiéndola como loco, porque tampoco me voy a dejar ganar, ni cagando. De que es amor, será amor, pero en la cancha el amor es para mi equipo.

¿Cómo es la Pamelita?

Ni buena ni mala. Cumple con lo suyo: corre, marca, no se pone nerviosa. A mí me ha gustado siempre, desde el primer recreo del primer día de tercero básico, cuando llegó al colegio y, sin que me mirara, me enamoré de sus ojos oscuros. Jamás se lo he dicho. Me da vergüenza. Aparte, nunca he sabido muy bien qué decirle: ella tiene buenas notas y yo, entre malas y como el pi

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