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DE LA FELICIDAD Y TODO ESO

Fernando Villegas Darrouy  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

En el mes de mayo del año 2000, en el curso de una conversación con el director del Centro de Cultura Naval y Marítima de la Armada de Chile, Patricio Herrera López —quien recién había publicado su obra Prat. De Ninhue a Iquique—, me mencionó que en el Archivo y Biblioteca Histórica de la Armada estaban las cartas que Arturo Prat enviara a su mujer, Carmela Carvajal de Prat, y que tenía gran interés en que algún día, una mujer, captando el espíritu de la esposa del héroe, las reuniera en un libro.

Si bien ahora no ejerzo mi carrera de profesora con mención en historia, aquel diálogo con el comandante se transformó para mí en un desafío personal.

Inicié mi investigación en el Archivo Histórico de la Armada. Allí, además de una excepcional biblioteca de Historia Naval, están todos los ejemplares del diario La Unión, que por tantos años circuló en nuestra región, y que constituye hoy una verdadera crónica de los hechos vividos en Valparaíso.

Después de la lectura de diversos documentos y libros sobre Arturo Prat, la Armada y la Guerra del Pacífico, había que empezar el desarrollo de un proyecto en que el personaje principal fuera Carmela Carvajal Briones, la mujer que estuvo siempre junto al héroe: un alma generosa, silenciosa y, por lo tanto, difícil de investigar.

En el marco de mi investigación me sentí emocionada y privilegiada al tener en mis manos las cartas que enviara Arturo Prat a su esposa y que constituyen una verdadera reliquia para Chile. Algunas de ellas, las que fueron donadas por la familia Undurraga Prat, se encuentran en el Archivo Histórico de la Armada, en Valparaíso, y las que fueron donadas por la familia Prat Echaurren, en el Archivo Nacional en Santiago.

En la primera ocasión que visité el Archivo Nacional, para leer las cartas originales, y no solo las transcripciones, nació el nombre del libro. Una hoja amarillenta y doblada, con la letra de Carmela Carvajal, dice: Carmela Carvajal de Prat. Cartas de mi esposo, iniciando el grupo de cartas que allí se encuentran.

De las cartas que Carmela Carvajal escribiera a su marido solo se conservan dos; las otras, de acuerdo con el testimonio de uno de sus bisnietos, desgraciadamente fueron destruidas por ella, pues consideraba que únicamente las de Arturo Prat tenían importancia. Habría sido más fácil conocerla, de no mediar este hecho; sin ellas solo es posible vislumbrar sus rasgos a través de la correspondencia que Arturo Prat le dirigió.

Sin embargo, hay otras cartas de Carmela Carvajal que sí nos acercan a su personalidad. Son esas que podríamos considerar «oficiales» y que fueron escritas por ella en respuesta a las cartas de pésame que le dirigieron diferentes personalidades, como también las que debió escribir más tarde, impulsada por el anhelo de sepultar los restos del héroe en Valparaíso.

Además de las cartas, las entrevistas con descendientes del matrimonio Prat Carvajal fueron especialmente importantes para llevar a cabo este trabajo. Nietos, bisnietos, tataranietos y choznos conforman hoy la larga descendencia del héroe.

Tres nietos con sus respectivas esposas entregaron valiosísimos testimonios de sus contactos personales con su abuela doña Carmela. Ellos fueron Carlos Prat Echaurren y Gaby Bordeu de Prat; Roberto Prat Echaurren y Eugenia Rodríguez de Prat; y Horacio Undurraga Prat y María Teresa Abbott de Undurraga.

Lamentablemente, Carlos y Roberto Prat, y María Teresa Abbott de Undurraga fallecieron antes de que este libro fuera publicado.

También entrevisté a Ramón Undurraga Carvajal, el bisnieto mayor a quien ella alcanzó a conocer. Aunque al morir su bisabuela él aún no cumplía un año, supo de Carmela Carvajal a través de su padre Arturo Undurraga Prat y, además, durante su carrera en la Armada, recopiló numerosos recuerdos y anécdotas que hoy forman parte de este libro.

Estas cartas son la mejor fuente de información histórica que pueda existir. Permiten no solo introducirse en la intimidad misma del matrimonio Prat Carvajal, sino descubrir en la figura del héroe al hombre de alma noble y ejemplar, de conducta irreprochable como hijo, esposo, padre y marino.

Prat posee una mente universal que, si bien tiene el sello del romanticismo, están presentes en ella los rasgos propios de la modernidad. Fue señero en marcar rutas y, siendo marino, se recibió de abogado. La política internacional, la diplomacia y los problemas sociopolíticos y económicos del país no le fueron ajenos.

«En él todo se hermana» —escribió Vicente Zegers en La Unión, el 21 de mayo de 1888—, «el valor con la prudencia, la caballerosidad con la estrictez militar, la belleza física con la moral… Hombre virtuoso y patriota abnegado, recordamos con orgullo y satisfacción la época en que fuimos sus subalternos…».

Este volumen, producto del ordenamiento de tan valiosas cartas, solo pretende contribuir a la difusión de los valores de uno de los máximos héroes chilenos y dar a conocer también algo más acerca de quien fuera su mujer.

Antes de terminar esta breve introducción, quiero agradecer muy sinceramente a todas las personas e instituciones que me prestaron su colaboración, en especial a los descendientes de doña Carmela y de Arturo Prat, cuyo apoyo permitió dar a este trabajo una visión más particular e íntima que solo podía provenir de la familia.

A la Armada de Chile, en la persona de su comandante en Jefe, almirante don Miguel Ángel Vergara Villalobos, por su valiosa colaboración.

Mi gratitud especial al capitán de Fragata, Patricio Herrera López, por sembrar en mí esta inquietud y solicitar mi concurso para desarrollar este tema tan apasionante.

A mis hijas Andrea y Alejandra, por aceptar a una «mamá estudiante»; a mi marido, Eduardo Gaete Darrouy, porque sin su apoyo y empuje inicial este trabajo no habría llegado a feliz término.

CAPÍTULO I

ESCENARIO DONDE VIVEN

ARTURO PRAT Y CARMELA CARVAJAL

INFANCIA Y JUVENTUD DE CARMELA

El día 16 de julio de 1851 nace, en Quillota, Carmela Carvajal Briones, hija de don Diego Carvajal y Zárate, y de doña María Briones Inzunza.

Situada en un fértil valle regado por el río Aconcagua, Quillota es tierra generosa, especialmente reconocida hasta hoy por la calidad de las frutas, hortalizas y flores que se producen en sus fundos, parcelas y quintas.

En su paso por Chile, el científico inglés Charles Darwin se detiene en Quillota y la define como: «una sucesión de vergeles más que una población», y agrega: «El que dio a la ciudad próxima el nombre de “Valle del Paraíso” debió pensar en Quillota».

Richard Vowell —citado por Roberto Silva Bijit en su obra Apuntes sobre la historia de Quillota— describe con aún más entusiasmo la abundancia de esta tierra: «Manzanas, peras y membrillos; naranjas, limones y cidras; duraznos, damascos y ciruelos; cerezos y fresas, higos, uvas y granadas; aceitunas, castaños, nueces y almendros, frutas todas

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