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EDúCAME BIEN

Montse Domènech  

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Fragmento

SOBRE HÁBITOS 121

sacar un 6 . Y tanto unos como otros merecen ser felicitados por su esfuerzo .

La gráfica «Rueda del esfuerzo» muestra perfectamente cómo funciona el mecanismo de motivación y esfuerzo . Para conseguir satisfacción personal normalmente debemos esmerarnos, ya que por lo general no hay nada que sea fácil a la primera .

Si nos esforzamos, conseguimos el objetivo, un buen resultado, y eso genera una satisfacción personal que afecta a nuestra motivación; esa motivación alta guiada por el buen resultado hace que tengamos ganas de esforzarnos más .

Al igual que esta rueda nos explica el funcionamiento en sentido positivo, también puede servirnos para comprender el efecto negativo: si no hacemos las cosas con empeño, el resultado es bajo y, por lo tanto, no conseguimos satisfacción personal, por lo que la motivación baja y tenemos menos ganas de esforzarnos, porque cuanto más desmotivados estamos, menos capacidad de esfuerzo tendremos .

ESFUERZO

MOTIVACIÓN RESULTADOS

SATISFACCIÓN

¿Pol hace sus deberes?

Pol era un niño que a los 8 años sacaba excelentes en todas las asignaturas. Pero, de repente, un día le hicieron un examen sorpresa en el colegio y sacó un 3. Sus padres se alarmaron pensando que quizá su hijo no era tan listo como creían y decidieron traerlo a la consulta. Indagando, descubrimos que la madre, que era maestra, se sentaba todas las tardes con su hijo para hacer los deberes. De esa manera, impedía que su hijo desarrollara la autonomía necesaria para llevar a cabo un buen aprendizaje e impedía que pudiera comprender las cosas por él mismo. Si no se preparaba los temas con su madre, no los entendía; por eso había suspendido ese examen sorpresa.

¿Qué hay que hacer en estos casos? Aplicar lo que acabamos de comentar: no debemos estar a su lado todo el rato, sino dejar que nuestro hijo haga los deberes solo y entrar de vez en cuando a su habitación. Si nos dice que no entiende algo, animarle a que lo lea de nuevo, preguntarle qué cree que significa la pregunta. Se trata de que le demos pequeñas ayudas y nos retiremos enseguida para que haga el esfuerzo él, para que su autonomía vaya creciendo. Por supuesto, las notas de Pol bajaron, pero por primera vez sus resultados dependían de él y de su esfuerzo.

Jan, un caso de pasotismo

Por mi consulta pasó un caso extremo de apatía. Aunque Jan era un niño muy simpático, era tal su grado de desmotivación que ni siquiera tenía fuerzas para ver la tele. Solo quería comer su enorme bocadillo y pasarse el día tumbado en el sofá, sin hacer nada, mirando las musarañas.

Era un chico con problemas de sobrepeso que no hacía nunca los deberes, aunque siempre tenía intención de hacerlos. Mientras se

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entregaba a sus ensoñaciones y a la modorra, cuando los padres le preguntaban por sus tareas, siempre respondía: «Ya las haré después». Era lo que técnicamente se llama un procrastinador, es decir, una persona que todo lo deja para más tarde.

Los padres se enfadaban mucho cuando, al volver del trabajo, se encontraban al chico durmiendo en el sofá. Ambos progenitores eran personas con trabajos agotadores y no entendían que su hijo no hiciera absolutamente nada. Uno de los problemas era que en casa el niño escuchaba muy a menudo la frase: «Estamos cansados», con lo que acababa contagiándose de ese tono vital bajo.

Hasta el inicio de la terapia, los padres de Jan se habían limitado a reñirle, cuando lo que él necesitaba era motivación. La pesada inercia en la que estaba sumido le hacía incluso llegar tarde a la escuela. Una vez en clase, se defendía de su bajo rendimiento adoptando el papel de payaso. Finalmente, los padres lo cambiaron de escuela.

Lo primero que recomendé a Jan cuando empezó a acudir a la consulta fue que dejara de adoptar el rol de bufón, porque, aunque a corto plazo se ganara las risas de sus compañeros, a la larga no obtendría su respeto. Y mucho menos el de los profesores, que lo suspendían constantemente.

Luego le propuse medidas concretas para que organizara su tiempo. Una vez en marcha, demostró ser un chico inteligente con capacidad para resolver bien sus tareas. Le marqué objetivos a muy corto plazo para que tuviera la satisfacción de los resultados, con lo que ganó en autoestima y motivación.

. Qué hacer para que adquieran autonomía en sus responsabilidades escolares

Cuando hablamos de responsabilidades escolares no solo nos referimos a los deberes, sino a que es necesario que nuestro hijo sepa, por ejemplo, qué tiene que preparar para el día siguiente, hacerse la mochila o qué asignaturas tiene cada día de la semana .

Como ocurre con otras responsabilidades y hábitos, no podemos pretender ni perdirle que las cumpla todas desde el primer día y sin vacilar . Debemos plantear tres o cuatro objetivos prioritarios como máximo, prepararle para ellos y, durante unos días, iremos preguntándole, animándole a que sea él el que se acuerde de qué tiene que preparar o qué tiene que hacer para el cole . De esa manera, nosotros solo le motivamos a recordar; y él se hace responsable de sus cosas .

Además, si cada día por la mañana le preguntamos, antes de ir al colegio, si lo tiene todo preparado, si sabe lo que tiene que meter en la mochila, en el momento en que él nos conteste, podremos ejercer el refuerzo positivo: felicitarle por haberse acordado . No debemos presionarle ni enfadarnos con él ni de

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