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EL FUTURO DEL EQUIPO (¡CAMPEóN! 3)

Antoine Griezmann  

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Fragmento

LOS PERSONAJES

Tony Grizi: Este pequeñajo de 12 años hace milagros en su equipo de la UF de Mâcon: se transforma en un cohete en cuanto le ponen un balón en los pies. Su mayor sueño es convertirse en futbolista profesional.

Maud Grizi: La hermana de Tony sueña con ser periodista. Tiene 15 años y ya hace tiempo que se pasa el día filmando, haciendo entrevistas o comentando todo lo que ve... y que tenga alguna relación con el fútbol.

Julian D’Amata, The Wall: Tan capaz como arrogante, el portero de la UFM es un elemento indispensable para el equipo, pero también uno de los mejores amigos de Tony.

Michael Ribaud, Speedy: Antiguo delantero estrella del equipo sub-13 de Mâcon, ahora juega en la AJ Auxerre, el equipo rival de la UFM.

Paulo y David Ramírez, The Twins: Siempre dispuestos a echar unas risas, cuando se trata de un enemigo que se les planta en el camino, los gemelos se conjuran y se convierten en su peor pesadilla.

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Djibril Makouba, Calamity Djib’: Un auténtico desastre con la pelota en los pies, y de ahí su apodo. Sin embargo, derrocha tan buen humor que se ha convertido en un pilar del vestuario.

Roméo Chapon, The Brain: Estratega del equipo, Roméo se sabe de memoria todas las estadísticas y las combinaciones.

Stan Muizon: El mejor amigo que Tony tiene en el cole. Solamente tiene un pequeño defecto: no es fan de Zidane, porque prefiere a... Napoleón. Tony se ríe mucho con él cuando analiza los partidos como si fueran antiguas batallas.

Jean Baptiste Texeira, JB: Este delantero del Sporting, el otro equipo de Mâcon, siempre está en el polideportivo con Tony y Maud, donde representan partidos míticos... cuando no se convierten en tortugas ninja.

Phil Pelves: Entrenador carismático de los menores de 13 años de la Unión Futbolista de Mâcon (la UFM), a Phil lo adoran en su plantel de campeones.

Thierry Campan: Este gruñón de gran corazón se encarga de la preparación física de todos los equipos del club al inicio de la temporada.

Alain Grizi: Entrenador adjunto de Phil, el padre de Tony cree en las virtudes del entrenamiento y se muestra todavía más exigente cuando se trata de su hijo. Lo llaman «el Grizzli» por su impresionante envergadura y por esa mirada severa, pero aun así es un buen pedagogo para el equipo de los menores de 13 años.

Isa Grizi: Hija de un antiguo jugador profesional portugués, la madre de Tony es dulce y discreta. Pero se transforma en tigresa cuando se trata de sus hijos, aunque tenga que alzarse contra su Grizzli.

Théo Grizi: Como cadete de la familia Grizi, el pequeño Théo solo tiene 7 años pero ya sabe convertirse en el centro de atención... Y también es el hincha número 1 de su hermano.

Jean Roye: Entrenador y director de formación de la AJ Auxerre, el gran rival de la UFM.

Laurent Josse: Antiguo preparador físico del Olympique de Lyon y amigo del Grizzli, el intransigente Laurent también va a convertirse en el entrenador personal de Tony.

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PARTIDO HORRIBLE, SUPERHORRIBLE

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Desmarcado, Tony esperaba el balón con paciencia. En todo momento sabía que un pase milagroso podía llegarle a los pies, uno de Roméo, o de otro, y entonces control, cambio de dirección, tiro... y gol, tal vez. Pero lo cierto era que a los medios del Mâcon les costaba encontrarlo en esos días. El juego de la UF no era fluido, los laterales no subían y el equipo parecía partido en dos. La solución —o al menos una parte de la solución— habría sido, en opinión de Tony, participar en la línea defensiva, volver atrás para ayudar a sus compañeros cuando el peligro se aproximaba a su superficie. Y luego subir a la contra, combinando con los otros delanteros si se daba el caso. El problema era que al joven delantero le faltaban ganas. Quedaban cuatro minutos y Mâcon ganaba 2-1 contra Beaune, un equipo mal clasificado. Para los locales era un partido sin importancia, y con un poco de suerte la AJ Auxerre perdería en esos mismos momentos en campo contrario, con lo que el equipo subiría al quinto puesto de la clasificación. ¿Y luego qué?

Era primavera. Los árboles florecían (y las espinillas también, en ciertos rostros) y la UFM hacía una temporada más que mediana, sobre todo si se comparaba con las dos precedentes. Tony iba a cumplir los 12 años y le daba la impresión de que perdía el tiempo.

—¡Ve a buscarlo! ¡Pero ve a buscar ese balón, Tony! ¿A qué esperas?

De pie ante el banquillo, Phil se ponía furioso, gesticulaba hacia su delantero para que se reubicara, para que participara en el partido. Llevaba diez minutos sin parar de gritarle. «No podemos darlo por sentado —les había martilleado a sus jugadores en el medio tiempo, cuando el resultado ya era de 2-1, con un gol de Tony de libre directo—. En cualquier momento pueden contraatacar, ¡ya lo habéis visto! Son un equipo sin chispa, pero eso no siempre es determinante para ganar un partido. A veces basta con la valentía y el oportunismo. Una cabeza bien colocada es como una moneda que cae del lado bueno. ¿Tenéis ganas de jugaros este partido a cara o cruz o qué?»

Tony, Julian y los demás, muy serios, habían asentido con la cabeza. Pero no podía decirse que este discurso los hubiera animado.

Faltaban ocho partidos para el fin de la temporada, pero la delantera de la UFM solamente podía alardear de ser el décimo mejor del campeonato. Tony había marcado la mitad de los goles de su equipo, pero eso no bastaba. Roméo era un buen pasador, pero no tenía olfato de gol. En cuanto a Luis, el nuevo, que normalmente maniobraba por el flanco derecho, era rápido y técnico, pero jugaba para sí mismo demasiado a menudo, y con frecuencia no se acordaba de levantar la cabeza.

A veces Tony echaba en falta a Michael, que se había ido a jugar a la AJA. Sí, era un mal tipo, pero al menos sabía tirar a gol. ¡Menuda delantera habría podido formar con el rubiales, si ese estúpido no se hubiera dejado atraer por el lado oscuro de la Fuerza! Pero especular con el pasado no servía de nada. Con lo que tenían que batallar era con el futuro. Y el futuro, para Tony, era un centro de formación.

Desde hacía tiempo, el pequeño ariete solamente soñaba con una cosa: convertirse en jugador profesional. Era absolutamente necesario que se integrara en un club grande en los próximos meses. Después ya sería demasiado tarde.

Tony suspiró. Hacía ya dos minutos que el juego se desarrollaba en la mitad del terreno de la UFM. Dos minutos con los defensas de su equipo esforzándose por alejar el peligro. Los Twins —Paulo y David Ramírez— se contentaban con despejar, con chuts aproximativos, sin orientarlos a nadie en particular. Y como un bumerán, el balón volvía sin cesar a su mitad del terreno. Pero ¿cuánto quedaba todavía?

—¡Tony! ¡Baja a ayudarlos! ¡Ahí hay peligro, Tony!

Una cosa era segura: al final del partido, fuera cual fuese el resultado, Phil le iba a dar un buen repaso. No dejaba de reprenderlo, de pedirle que se recolocara... Y obedecía, pero de mala gana. Lo más grave, pensó el ariete, era que no conseguía tomarse en serio las observaciones de su entrenador. Ese año, Mâcon no iba a ser campeón. Hacía ya mucho tiempo que todo el mun ...