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EL NOMBRE DEL VIENTO (EDICIóN DE LUJO POR EL 10º ANIVERSARIO DE LA PUBLICACIóN)

Patrick Rothfuss  

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Fragmento

Diez años de elogios para El nombre del viento

«Supone un enorme placer, y no es nada habitual, dar con un autor de literatura fantástica que escribe no solo con la precisión lingüística esencial para crear fantasía, sino, además, con auténtica musicalidad. Vaya a donde vaya Pat Rothfuss con la espléndida historia que comienza con El nombre del viento, nos llevará de la mano como el buen músico nos lleva por una canción.»

URSULA K. LE GUIN

«Tan absorbente en una segunda lectura como en la primera, esta es la clase de primera novela sólida y compleja que la mayoría de los escritores noveles solo pueden soñar con escribir. El mundo de la fantasía ya tiene una nueva estrella.»

Publishers Weekly

«Una aventura insólita y preciosa. Puntuación: sobresaliente.»

MANU GONZÁLEZ, Qué Leer

«Un libro para quien conoce el mágico poder de las palabras.»

RICARD RUIZ GARZÓN, El Periódico de Catalunya

«Ha escrito Patrick Rothfuss una estupenda y fuera de lo común novela de aventuras fantásticas, traducida brillantemente por Gemma Rovira. Es una celebración del gusto de contar historias.»

JUSTO NAVARRO, El País

«Una de las mejores novelas fantásticas de todos los tiempos.»

JUAN GÓMEZ-JURADO, La Voz de Galicia

«[Rothfuss es] es el nuevo gran autor de fantasía al que estábamos esperando y este es un libro asombroso.»

ORSON SCOTT CARD

«Me recordó a Ursula K. Le Guin, George R. R. Martin y J. R. R. Tolkien, pero nunca tuve la impresión de que Rothfuss estuviera imitando a nadie. Como los escritores a los que claramente admira, es un narrador chapado a la antigua que trabaja con elementos tradicionales, pero con una voz propia. Hacía años que no me atrapaba tanto una nueva serie de literatura fantástica. Sin ninguna duda se convertirá en un clásico.»

The Times

 

«El nombre del viento tiene algo más, algo que me hizo terminar el librote y disfrutar de muchas de sus páginas. En primer lugar, está bellamente escrito; hay imágenes certeras y frases poderosas. Los personajes están bien observados, los movimientos del corazón son convincentes. Kvothe tiene el acierto de ser pobre como las ratas y de saber transmitir lo que es ser pobre, la intriga te engancha, la historia te hace a veces pensar y a veces sentir.»

ROSA MONTERO, El País

«Si buscas una novela trascendente, la encontrarás; si buscas una simple aventura, la encontrarás. Si buscas amor, lo hallarás en pequeñas y justas dosis; si buscas magia sucederá lo mismo. Si buscas una historia creíble, que llega al cerebro y lo seduce y llega al corazón y lo atrapa, esta es tu novela.»

Fantasy Mundo

«Rothfuss tiene verdadero talento, y su historia de Kvothe es profunda, compleja y maravillosa.»

TERRY BROOKS

«[Rothfuss] explora el desarrollo del carácter de una persona mientras examina la relación entre una leyenda y su realidad y la verdad que subyace en las historias. Narrada con elegancia, y con apuntes de infinidad de historias todavía por germinar, esta detallada «autobiografía» de un héroe es altamente recomendable para bibliotecas de cualquier tamaño.»

Library Journal

«Cuando los aficionados a la literatura fantástica empiecen a leer El nombre del viento, deberían estar preparados para perder todo contacto con el mundo exterior mientras estén inmersos en esta original y cautivadora historia de magia, amor y aventuras. [...] El nombre del viento no se limitará a impresionar a los fans de toda la vida de la literatura fantástica: quedarán deslumbrados por completo. Una proeza narrativa, sin precedentes y absolutamente imponente.»

The Barnes & Noble Review

«Poned El nombre del viento en el mismo estante que El Señor de los Anillos, The Deed of Paksenarrion y La Rueda del Tiempo, y esperad a que llegue el día en que se hablará de esta obra en los mismos términos que las otras; quizá incluso como primera entre iguales.»

The A. V. Club

«Es un libro magnífico.»

ANNE MCCAFFREY

«El nombre del viento tiene todo lo que les gusta a los lectores de literatura fantástica: magia, misterios y maldad ancestral, además de ser divertida, aterradora y absolutamente verosímil. Como sucede con los mejores libros del género, no son los adornos fantásticos (que son maravillosos) los que hacen que esta novela sea tan buena, sino lo que el autor dice sobre cosas reales, normales y corrientes; sobre la ambición, el fracaso, el arte, el amor y la muerte.»

TAD WILLIAMS

«Una historia apasionante, con un héroe cada vez más complejo (¿o es un antihéroe?), y ambientada en un mundo imaginario muy bien construido.»

NANCY PEARL, NPR

«Como los personajes son reales y la magia es verdadera en su propio mundo, cerré este libro con la sensación de haber hecho un viaje con un entretenido nuevo amigo, y no de haber estado sentado, solo, leyendo las palabras escritas en unas páginas. Este libro se merece que le dediquéis parte de vuestro valioso tiempo para la lectura.»

ROBIN HOBB

«Nada de fantasía normal y corriente, llena de misiones sin sentido y dramatismo exagerado. Esta es una historia minuciosamente afinada sobre el paso de la infancia a la edad adulta, llena de humor y acción y con sus ocasionales dosis de magia.»

The San Francisco Chronicle

«Un debut ágil, fresco y sin pretensiones: una novela fantástica de aprendizaje basada en una mitología muy convincente.»

Entertainment Weekly

«Patrick Rothfuss ha escrito una primera novela fabulosa, que le hace plantarse en el escenario principal del género fantástico sin necesidad de que lo presente ningún telonero. Jordan y Goodkind no le llegan ni a la suela del zapato.»

KEVIN J. ANDERSON

«El nombre del viento es el primer volumen de una trilogía que recuerda a los lectores lo fabulosa que puede ser la narrativa. Una historia fascinante.»

The Sacramento Bee

«El mundo es tan rico, las apuestas tan altas, los personajes tan reales, los misterios tan mágicos, la magia tan misteriosa, la trama tan imprevisible... Cada día que pasas sin leerlo es un día de tu vida que habría podido ser mejor.»

HANK GREEN, Vlogbrothers

«Esta es una historia sobre historias: mitos, leyendas, relatos de taberna, las mentiras que nos contamos a nosotros mismos por la noche, cuando nos envuelve el silencio; y sobre las espeluznantes verdades que hay detrás de esas historias. [...] Kvothe es un héroe real y de personalidad vibrante: valiente y tímido, sabio e ignorante, humilde y arrogante, muchas veces todo a la vez. El nombre del viento es una historia contada con ternura y tristeza, y con su dosis de humor; un Harry Potter para adultos. Venid a conocer a Kvothe, ¡no os arrepentiréis!»

DAVID LEVINE

«El nombre del viento es todo un hallazgo en nuestros días. Convencerá por igual a los amantes de la fantasía y a quienes acaban de descubrir este género. Dispara la imaginación y agita el corazón. De la mano de Pat Rothfuss, el lector realizará un viaje a las cumbres más altas de la fantasía. Os aseguro que yo habría preferido no bajar nunca de allí.»

SEAN WILLIAMS

«El manto de la fantasía épica puede ser pesado, pero en manos de Rothfuss conserva su ligereza: escribe con tanta frescura y tanta inteligencia que se diría que ha inventado el género, en lugar de reinventarlo.»

LEV GROSSMAN

«Se puede afirmar, sin temor a exagerar, que nos encontramos ante la mejor serie de fantasía actual. [...] Una historia conmovedora y compleja sobre el ascenso de un joven brillante que se convierte en un mago legendario.»

BuzzFeed

«El nombre del viento es una primera novela. Y es una de esas primeras novelas que pilla por sorpresa al lector, con tanta fuerza y maestría que uno se pregunta cómo es posible que el autor no haya publicado nada antes. [...] Y te atrapa desde la primera página. El lector entra en ese mundo y se encuentra en él como en su casa: y ese es el mejor regalo que puede hacerte una novela.»

The Green Man Review

«Los autores como George R. R. Martin y Gene Wolfe son expertos en revitalizar los viejos tropos y dar a la fantasía la profundidad y la humanidad de las grandes obras literarias, pero Rothfuss se ha propuesto volver a contar una historia que a todos nos resulta familiar, y con el formato más clásico: la trilogía. En el primer volumen lo refresca considerablemente, con un interesante tratamiento de la magia que añade impacto emocional y emoción intelectual.»

Locus

«Si te gustan la música, la magia, la ingeniería, la lengua, las historias románticas... encontrarás todo esto en El nombre del viento.»

BestEpicFantasy.com

«Los fans de Harry Potter que sueñan con una nueva serie que los enamore ya pueden dejar de buscar: ha llegado El nombre del viento. [...] Llena de música, magia, amor y dolor, la vívida y encantadora novela fantástica con la que ha debutado Patrick Rothfuss nos ha dejado prendados.»

Amazon.com, Mejor libro del año 2007

«Los lectores de fantasía, un grupo especialmente exigente, tienden a repartir de manera juiciosa los elogios, lo que hace que El nombre del viento, el primer volumen de la Crónica del Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss, goce de aún más mérito. Los críticos ya lo están comparando con algunos de los nombres más destacados de la literatura fantástica, entre ellos George R. R. Martin, Tad Williams, el recientemente fallecido Robert Jordan e incluso Tolkien. Celebran el original enfoque que Rothfuss hace de las convenciones del género, y especialmente un estilo ágil que consigue que la acción no se detenga nunca.»

Bookmarks Magazine

«Me encanta el mundo de Patrick Rothfuss.»

LIN-MANUEL MIRANDA

«Ese Rothfuss es condenadamente bueno.»

GEORGE R. R. MARTIN

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A mi madre, que me enseñó a amar los libros y me abrió las puertas de Narnia, Pern y la Tierra Media.

Y a mi padre, que me enseñó que si tenía que hacer algo, debía tomarme mi tiempo y hacerlo bien.

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A…

… todos los lectores de mis primeros borradores. Sois muchísimos, demasiados para que os mencione a todos, pero no para que os ame a todos. Si seguí escribiendo fue gracias a los ánimos que me disteis. Si seguí mejorando fue gracias a vuestras críticas. De no ser por vosotros, no habría ganado…

… el concurso Writers of the Future. De no ser por su taller, no habría conocido a mis maravillosos colegas del volumen 18, ni…

… a Kevin J. Anderson. De no ser por sus consejos, no habría dado con…

… Matt Bialer, el mejor agente del mundo. De no ser por sus indicaciones, no le habría vendido el libro a…

… Betsy Wolheim, adorable editora y presidenta de la editorial DAW. De no ser por ella, no tendríais este libro en las manos. Quizá tendríais un libro parecido, pero este libro no existiría.

Y por último, al señor Bohage, mi profesor de historia del instituto. En 1989 le prometí que lo mencionaría en mi primera novela. Siempre cumplo mis promesas.

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En 2005, el agente literario Matt Bialer me envió el manuscrito de un escritor novel. Era un manuscrito en papel, como los de antes, de unos quince centímetros de grosor: una obra larga. Matt me contó que llevaba varios años trabajando con el autor, Pat, para dejar el texto a punto. Me dijo que aquel escritor podía convertirse en alguien importante, que su libro podía ser un exitazo. Yo conocía a Matt y me caía bien, y lo que es más importante: confiaba en su criterio; representaba a dos de los autores más importantes de DAW, Tad Williams y C. J. Cherryh.

El manuscrito tenía un título francamente pésimo: Kvothe el Sin Sangre. El título evocaba héroes, espadas y brujerías, remitía a épocas remotas y no era nada de mi estilo. Pero la primera línea del prólogo me atrapó de inmediato: «Volvía a ser de noche. En la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple».

Para cuando terminé de leer el prólogo, sabía que el libro no solo era bueno, sino diferente: tenía poesía y filosofía, además de un estilo muy musical. Cuando leí la última frase del prólogo, de una sola página («Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte»), comprendí que me encontraba ante algo extraordinario.

Pero ¿contaba una historia? Sí, contaba dos historias, y ambas eran igual de atractivas. Una era una autobiografía bastante sencilla, explicada por el protagonista. La otra era más misteriosa: una «narración enmarcada» con muchos más rodeos y mucho menos reveladora. Me pareció fascinante. El personaje principal no solo era magnético, sino muy complejo. Seguí leyendo, y esa misma noche llamé a Matt. El corazón me iba a toda velocidad.

—Matt, tengo que publicar a este autor.

—¿Te ha gustado?

—Me ha encantado. Quiero trabajar con él.

—Se lo he presentado a varios editores. Es lo que Pat quería.

—Matt, tienes que venderme esa trilogía.

—Betsy, tengo que esperar a que los otros digan algo. Ya sabes cómo va.

Así que esperé.

Al final, Matt tuvo noticias de otros dos editores y propuso a Pat que nos llamara a los tres para ver con quién se sentía más cómodo. Le pedí a Matt que Pat me telefoneara por la noche y recibí su llamada en mi casa, a las 20.30. Estaba hecha polvo, porque se me había metido entre ceja y ceja que tenía que trabajar con Pat.

Pat me contó que tenía treinta y un años. Le dije que yo era una de las editoras más veteranas del género y que llevaba en la profesión los mismos años que él en el mundo. También le dije que a lo largo de mi carrera nunca había visto una primera novela tan potente. Añadí que, evidentemente, él podía hacer lo que creyera mejor para su libro, pero que yo me moriría si no me dejaba publicarlo. Le dije que, si ganaba la subasta, haría cuanto estuviera en mi mano para colocarlo en la lista de libros más vendidos de The New York Times. Resumiendo: le supliqué. Y Pat se rio con un placer evidente.

Por último hablamos del estatus de editorial independiente de DAW. Le expliqué que, como copropietaria de la empresa, tenía libertad para tomar mis propias decisiones y que todos mis autores pueden participar en ellas. Eso le gustó. Pero, sobre todo, yo le supliqué, Pat se rio y Matt y él me vendieron el libro.

No me importó tener que suplicar. Siempre he sido una persona muy directa. Los agentes que me conocen lo saben y la sinceridad siempre me ha dado buenos resultados. La verdad es que deseaba tanto trabajar con Pat que no habría podido hacerme la dura.

Y así fue como empecé a trabajar en el manuscrito que acabaría titulándose El nombre del viento.

Pat es un revisor compulsivo, y eso puede ser una gran virtud para un autor. Él quería trabajar en el libro hasta el último minuto, de modo que leí nueve borradores; el último se publicó cuando ya habíamos enviado los ejemplares para promoción. Aunque hubo nueve borradores, yo sabía que Pat solo me presentaba una nueva versión cuando consideraba que había introducido cambios importantes en el texto. Estoy segura de que hubo cientos de borradores que no llegué a ver.

Pat no se parece a ningún otro autor con el que yo haya trabajado. Reconocía ser terco y estar dispuesto a hacer lo que fuese necesario para no aceptar las sugerencias de terceros, aunque fueran excelentes. En consecuencia, quería que mis notas de edición solo fuesen breves descripciones de los problemas, sin propuestas de soluciones; precisamente lo contrario de lo que querían la mayoría de los autores y de lo que me habían enseñado. Pero Pat tenía razón. Se conocía muy bien a sí mismo.

Lo único a lo que Pat y yo le dimos vueltas y más vueltas fue el título. Al final llegamos a la conclusión de que el título más adecuado para el libro era el que tiene ahora. Así que publiqué El nombre del viento, Crónica del Asesino de Reyes: primer día.

Lo publiqué en marzo, un mes que tiene una gran carga nostálgica para mí. En marzo de 1993, un libro en tapa dura de DAW apareció en la lista de libros más vendidos de The New York Times por primera vez: La torre del Ángel Verde, de Tad Williams.

Me cuesta creer que haya pasado una década y que estemos publicando esta lujosa edición del décimo aniversario. Pat y su equipo; yo y mi maravilloso equipo de DAW; y cuatro excelentes ilustradores (Sam Weber, Dan Dos Santos, Paul Buckley y Nathan Taylor) lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Espero que lo disfrutéis.

BETSY WOLLHEIM,

2017

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Un silencio triple

Volvía a ser de noche. En la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple.

El silencio más obvio era una calma hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera soplado el viento, este habría suspirado entre las ramas, habría hecho chirriar el letrero de la posada en sus ganchos y habría arrastrado el silencio calle abajo como arrastra las hojas caídas en otoño. Si hubiera habido gente en la posada, aunque solo fuera un puñado de clientes, ellos habrían llenado el silencio con su conversación y sus risas, y con el barullo y el tintineo propios de una taberna a altas horas de la noche. Si hubiera habido música... pero no, claro que no había música. De hecho, no había ninguna de esas cosas, y por eso persistía el silencio.

En la posada Roca de Guía, un par de hombres, apiñados en un extremo de la barra, bebían con tranquila determinación, evitando las discusiones serias sobre noticias perturbadoras. Su presencia añadía otro silencio, pequeño y sombrío, al otro silencio, hueco y mayor. Era una especie de aleación, un contrapunto.

El tercer silencio no era fácil reconocerlo. Si pasabas una hora escuchando, quizá empezaras a notarlo en el suelo de madera y en los bastos y astillados barriles que había detrás de la barra. Estaba en el peso de la chimenea de piedra negra, que conservaba el calor de un fuego que ya llevaba mucho rato apagado. Estaba en el lento ir y venir de un trapo de hilo blanco que frotaba el veteado de la barra. Y estaba en las manos del hombre allí de pie, sacándole brillo a una superficie de caoba que ya brillaba bajo la luz de la lámpara.

El hombre tenía el pelo rojo como el fuego. Sus ojos eran oscuros y distantes, y se movía con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas.

La posada Roca de Guía era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte.

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Un sitio para los demonios

Era una noche de Abatida, y la clientela habitual se había reunido en la Roca de Guía. No podía decirse que cinco personas formaran un grupo muy numeroso, pero últimamente, en los tiempos que corrían, nunca se reunían más de cinco clientes en la taberna.

El viejo Cob oficiaba de narrador y suministrador de consejos. Los que estaban sentados a la barra bebían y escuchaban. En la cocina, un joven posadero, de pie junto a la puerta, sonreía mientras escuchaba los detalles de una historia que ya conocía.

—Cuando despertó, Táborlin el Grande estaba encerrado en una alta torre. Le habían quitado la espada y lo habían despojado de sus herramientas: no tenía ni la llave, ni la moneda ni la vela. Pero no creáis que eso era lo peor... —Cob hizo una pausa para añadir suspense— ¡porque las lámparas de la pared ardían con llamas azules!

Graham, Jake y Shep asintieron con la cabeza. Los tres amigos habían crecido juntos, escuchando las historias que contaba Cob e ignorando sus consejos.

Cob miró con los ojos entrecerrados al miembro más nuevo y más atento de su reducido público, el aprendiz de herrero.

—¿Sabes qué significaba eso, muchacho? —Llamaban «muchacho» al aprendiz de herrero, pese a que les pasaba un palmo a todos. Los pueblos pequeños son así, y seguramente seguirían llamándolo «muchacho» hasta que tuviera una barba poblada o hasta que, harto de ese apelativo, hiciera sangrar a alguien por la nariz.

El muchacho asintió lentamente y respondió:

—Los Chandrian.

—Exacto —confirmó Cob—. Los Chandrian. Todo el mundo sabe que el fuego azul es una de sus señales. Pues bien, estaba...

—Pero ¿cómo lo habían encontrado? —lo interrumpió el muchacho—. Y ¿por qué no lo mataron cuando tuvieron ocasión?

—Cállate, o sabrás todas las respuestas antes del final —dijo Jake—. Deja que nos lo cuente.

—No le hables así, Jake —intervino Graham—. Es lógico que el muchacho sienta curiosidad. Bébete tu cerveza.

—Ya me la he bebido —refunfuñó Jake—. Necesito otra, pero el posadero está despellejando ratas en la cocina. —Subió la voz y golpeó la barra de caoba con su jarra vacía—. ¡Eh! ¡Aquí hay unos hombres sedientos!

El posadero apareció con cinco cuencos de estofado y dos hogazas calientes de pan. Les sirvió más cerveza a Jake, a Shep y al viejo Cob, moviéndose con vigor y desenvoltura.

Los hombres interrumpieron el relato mientras daban cuenta de la cena. El viejo Cob se zampó su cuenco de estofado con la eficacia depredadora de un soltero de toda la vida. Los otros todavía estaban soplando en su estofado para enfriarlo cuando él se terminó el pan y retomó la historia.

—Táborlin tenía que huir, pero cuando miró alrededor vio que en su celda no había puerta. Ni ventanas. Lo único que había era piedra lisa y dura. Una celda de la que jamás había escapado nadie.

»Pero Táborlin conocía el nombre de todas las cosas, y todas las cosas estaban a sus órdenes. Le dijo a la piedra: “¡Rómpete!”, y la piedra se rompió. La pared se partió como una hoja de papel, y por esa brecha Táborlin vio el cielo y respiró el dulce aire primaveral. Se acercó al borde, miró hacia abajo y, sin pensárselo dos veces, se lanzó al vacío...

El muchacho abrió mucho los ojos.

—¡No! —exclamó.

Cob asintió con seriedad.

—Táborlin se precipitó, pero no perdió la esperanza. Porque conocía el nombre del viento, y el viento le obedeció. Le habló al viento, y este lo meció y lo acarició. Lo bajó hasta el suelo suavemen

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