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EL SUEñO DE TONY (¡CAMPEóN! 1)

Antoine Griezmann  

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Fragmento

LOS PERSONAJES

Tony Grizi: Hijo del entrenador adjunto, este flacucho de nueve años se transforma en un auténtico cohete en cuanto le ponen un balón entre los pies. Y eso no va a ser del gusto de todos...

Maud Grizi: Con solo 12 años, la hermana de Tony sueña con ser periodista. Se pasa el día filmando, y hace entrevistas, o comenta todo lo que ve... y todo lo que tenga que ver con el fútbol.

Julian D’Amata, The Wall: Tan capaz como arrogante, este nuevo portero pronto resultará indispensable para el equipo y se convertirá en un amigo inseparable de Tony... Aunque eso implique recibir las reprimendas del Grizzli.

Michael Ribaud, Speedy: Delantero estrella del equipo sub-13 de la UFM, no ve con buenos ojos la llegada de Tony, a quien se ha recurrido para sustituirlo a causa de la lesión que lo mantiene alejado de los terrenos de juego...

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Paulo y David Ramírez, The Twins: Siempre dispuestos a echar unas risas, cuando se trata de un enemigo que se les planta en el camino, los gemelos se conjuran y se convierten en su peor pesadilla. Están a partir un piñón con Michael.

Djibril Makouba, Calamity Djib’: Un auténtico desastre con la pelota en los pies, y de ahí su apodo. Sin embargo, derrocha tanto buen humor que se ha convertido en un pilar del vestuario.

Roméo Chapon, The Brain: Estratega del equipo, Roméo se sabe de memoria todas las estadísticas y las combinaciones. Se entrega por completo a su equipo.

Stan Muizon: El mejor amigo que Tony tiene en el cole. Solamente tiene un pequeño defecto: no es fan de Zidane, porque prefiere a... Napoleón. Tony se ríe mucho con él cuando analiza los partidos como si fueran antiguas batallas.

Jean Baptiste Texeira, JB: Este delantero del Sporting, el otro equipo de Mâcon, también vive en el barrio de los Gautriats y siempre está en el polideportivo con Tony y Maud, donde representan partidos míticos... cuando no se convierten en tortugas ninja.

Phil Pelves: Entrenador carismático de los menores de 13 años de la Unión Futbolista de Mâcon (la UFM), a Phil lo adoran en su plantel de campeones. Su objetivo: ganar el campeonato y aplastar a la Asociación de la Juventud de Auxerre (la AJ Auxerre), cuyo entrenador es Jean Roye, su peor enemigo.

Alain Grizi: Entrenador adjunto de Phil, el padre de Tony; cree en las virtudes del entrenamiento y se muestra todavía más exigente cuando se trata de su hijo. Lo llaman «el Grizzli» por su impresionante envergadura y por esa mirada severa, pero, aun así, es un buen pedagogo para el equipo de los menores de 13 años.

Thierry Campan: Este gruñón de gran corazón se encarga de la preparación física de todos los equipos del club al inicio de la temporada.

Isa Grizi: Hija de un antiguo jugador profesional portugués, la madre de Tony es dulce y discreta. Pero se transforma en tigresa cuando se trata de sus hijos, aunque tenga que alzarse contra su Grizzli.

Jean Roye: Entrenador y director de formación de la AJ Auxerre, el gran rival de la UFM. Desde hace veinte años es el enemigo jurado de Phil: primero habían sido adversarios como jugadores, y ahora entrenan a dos clubes rivales.

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AS EN LA MANGA

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Agosto de 2000. Un viento ardiente agitaba los plátanos.

«¡Vaya, lo que me faltaba!» Como cada día, Thierry Campan acababa de estacionar su coche familiar en el aparcamiento del club. Pero ese miércoles en concreto su cara era de pocos amigos. Inclinado sobre el maletero lleno de conos amontonados y de balones de todos los colores, buscaba sin dejar de echar pestes las llaves que se le acababan de caer por allí en medio cuando quería contestar al teléfono.

Sí, el día se torcía, estaba claro. Toda la excitación que el preparador físico había sentido unos instantes antes por la idea de asistir al entrenamiento de su «as en la manga», el futuro portero Julian D’Amata (milagrosamente recuperado después de la fusión entre los dos clubes locales), toda esa alegría infantil, habían desaparecido. El entrenador acababa de dejarle un mensaje alarmante: Michael, el goleador estrella del equipo, se había quedado con la espalda clavada la tarde anterior, como consecuencia de un accidente de wakeboard durante las vacaciones en Biarritz. ¿Diagnóstico? ¡Dos meses sin tocar la pelota!

El horizonte se cubría de nubarrones. La llegada al equipo del mejor portero de la región no bastaría: si no encontraba un ariete digno de este nombre, la UFM se arriesgaba a no estar a la altura frente a la AJ Auxerre, su eterno rival.

—¿Hola? —gruñó Thierry ante el maletero abierto, con el teléfono en la oreja. Ya había encontrado las llaves y le devolvía la llamada al entrenador—. ¿Cómo? ¡Pues claro que es un desastre, Phil! —Un silencio—. ¡Y tanto que ha escogido muy bien el momento! Dos semanas antes del inicio de temporada, un mes antes del derbi. Sí, realmente es perfecto, ¡perfecto! A menos que organicemos un reclutamiento de última hora, y si rezamos para que aparezca el nuevo Ronaldo y nos ayude... De otro modo no sé cómo podemos salir de esta.

Reconcentrado en su enfado, Thierry no reconoció al muchacho que chutaba y chutaba contra el muro. A contraluz solamente se distinguía el color blanco del balón, el rubio de la cabellera y el negro de las botas, cuyos tacos brillaban furtivamente bajo los rayos del sol. Pero desde lo alto de sus nueve años, Tony Grizi sí que había identificado el ruido de ese motor, y lo reconocía siempre: era el del coche de Thierry Campan, el preparador físico de la UF de Mâcon, el equipo en el que soñaba jugar y cuyo entrenador adjunto era su padre.

El hombre había hablado lo bastante fuerte como para que Tony no se perdiera ni un detalle de la conversación.

«¿Tienen que sustituir a un delantero? —se dijo—. ¡Vaya, pues esta es mi ocasión! ¡Tengo que aprovecharla!» Con el subidón de adrenalina, le dio tanto efecto al tiro, que el balón salió despedido como una bala de cañón y fue a impactar en toda la espalda del entrenador...

—Pero bueno, ¿esto qué es? —gritó Thierry, furioso, mientras cortaba la llamada—. ¿Quién es el atontado que...?

Se hizo visera con la mano para protegerse los ojos del sol y observó el aparcamiento, hasta que vio surgir de entre las sombras a un pequeño personaje.

—Discúlpeme, señor... Soy yo, soy Tony. Tony Grizi, el hijo de Alain...

El rubiales, que acudía con decisión al encuentro de Thierry, tendría, según los cálculos de este último, por lo menos nueve años, pero en realidad parecía tener dos o tres menos. Daba lo mismo, ¡vaya castaña! En la espalda iba a guardar un recuerdo de ese encuentro inesperado durante un buen rato, sin duda.

—Hola, Tony, ¿cómo te va? ¿Qué haces jugando a solas por aquí?

...