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ELEANOR & PARK

Rainbow Rowell  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Capítulo 1

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Capítulo 46

Capítulo 47

Capítulo 48

Capítulo 49

Capítulo 50

Capítulo 51

Capítulo 52

Capítulo 53

Capítulo 54

Capítulo 55

Capítulo 56

Capítulo 57

Capítulo 58

Agradecimientos

Créditos

Grupo Santillana

Para Forest, Jade, Haven y Jerry…
… y todos los del asiento de atrás de la camioneta

Ya no intentaba evocar su recuerdo.

Ella volvía cuando quería, en sueños, en mentiras y en vagas sensaciones de algo ya vivido.

A veces, por ejemplo, veía de camino al trabajo a una pelirroja plantada en una esquina y por un estremecedor instante habría jurado que era ella. Pero en seguida advertía que la chica era más bien rubia. Además, sostenía un cigarro… y llevaba una camiseta de los Sex Pistols.

Eleanor odiaba a los Sex Pistols.

Eleanor…

De pie a su espalda hasta que él se volvía a mirar. Tendida a su lado justo antes de despertar.

Comparado con ella, el resto del mundo era gris y aburrido. Los demás nunca daban la talla.

Eleanor, que lo estropeaba todo.

Eleanor, perdida.

Ya no intentaba evocar su recuerdo.

agosto, 1986

capítulo 1

park

La música de XTC no bastaba para ahogar el escándalo que armaban los cretinos de las últimas filas.

Park se ajustó los audífonos a los oídos.

Al día siguiente llevaría Skinny Puppy o los Misfits. O quizás grabara un casete especial para el autobús escolar con la música más potente que encontrara.

Ya volvería a escuchar New Wave en noviembre, cuando sacara su licencia de conducir. Sus padres le habían dicho que podría conducir el Impala, y Park llevaba un tiempo ahorrando para un estéreo nuevo. En cuanto fuera al instituto en coche podría escuchar lo que le diera la gana o nada en absoluto, y además dormiría veinte minutos más por las mañanas.

—Lo estás inventando —gritó alguien a su espalda.

—Que no, carajo —respondió gritando Steve—. El estilo del mono borracho. Te digo que existe. Hasta puedes matar a alguien…

—No dices más que tonterías.

—Eres tú el que no dice más que tonterías —replicó Steve—. ¡Park! ¡Eh, Park!

Park lo oyó, pero se hizo el desentendido. De vez en cuando, si no le hacías caso, Steve cambiaba de víctima. Saber eso te salvaba un ochenta por ciento de las veces cuando tenías la desgracia de que Steve viviera en la puerta de al lado. El otro veinte por ciento te limitabas a agachar la cabeza… Algo que Park acababa de olvidar.

Una bola de papel le golpeó la coronilla.

—Eran mis apuntes de Educación sexual, imbécil —protestó Tina.

—Lo siento, nena —replicó Steve—. Yo te daré clases de educación sexual. ¿Qué quieres saber?

—Enséñale la postura del mono borracho —dijo alguien.

—¡PARK! —gritó Steve.

Park se quitó los audífonos y volteó. Steve se levantaba imponente en el fondo del autobús. Incluso sentado rozaba el techo con la cabeza. Los objetos que rodeaban a Steve parecían siempre sacados de una casa de muñecas. Parecía un hombre hecho y derecho desde primero de secundaria, antes incluso de que se dejara crecer la barba. Muy poco antes.

A veces Park se preguntaba si Steve saldría con Tina para tener una pinta aún más monstruosa. Casi todas las chicas de Flats eran bajitas, pero Tina apenas llegaba al metro y medio. Con todo y el peinado.

Una vez, en primaria, un chico se metió con Steve. Le dijo que sería mejor que no dejara embarazada a Tina porque, si lo hacía, los bebés serían tan enormes que la matarían. “Le reventarán la barriga como aliens”, dijo el chico. Steve lo golpeó con tanta fuerza que se rompió el dedo meñique.

Cuando el padre de Park se enteró de lo sucedido, comentó:

—Alguien debería enseñarle al hijo de los Murphy a dar puñetazos como Dios manda.

Park esperaba que nadie lo hiciera. Pues el chico pasó una semana sin poder abrir los ojos.

Park le lanzó a Tina su tarea arrugada. Ella la cachó en el aire.

—Park —gritó Steve—. Explícale a Mikey en qué consiste el estilo del mono borracho en el karate.

—No tengo ni idea —se zafó Park.

—Pero existe, ¿verdad?

—Creo que lo he escuchado.

—¿Lo ves? —dijo Steve. Buscó algo que tirarle a Mikey. Al no encontrar nada, lo señaló con el dedo—. Te lo dije, carajo.

—¿Y qué demonios sabe Sheridan de kung-fu? —preguntó Mikey.

—¿Eres idiota o qué? —respondió Steve—. Su madre es china.

Mikey miró a Park con respeto. Éste sonrió y entornó los ojos.

—Sí, ya lo veo —dijo Mikey—. Siempre había creído que eras mexicano.

—Mierda, Mikey —observó Steve—. Eres un pinche racista.

—No es china —intervino Tina—. Es coreana.

—¿Quién? —preguntó Steve.

—La madre de Park.

La madre de Park llevaba cortándole el pelo a Tina desde que iba en la primaria. Ambas lucían el mismo peinado, largos rizos tipo cairel con el flequillo de lado.

—Es una mujer guapa, eso es lo que es —dijo Steve partiéndose de risa—. No te ofendas, Park.

Él esbozó otra sonrisa y se acomodó en el asiento mientras se ponía los audífonos y subía el volumen. Seguía oyendo a Steve y a Mikey cuatro asientos atrás.

—¿Y qué más da? —preguntaba Mikey.

—Amigo, a nadie se le ocurriría luchar con un mono borracho. Son enormes. O sea, como en Duro de pelar. ¿Te imaginas que ese desgraciado se te venga encima?

Park reparó en la recién llegada a la vez que todos los demás. Estaba de pie al inicio del pasillo, junto al primer sitio libre.

Había un chico sentado al otro lado de aquel asiento doble, uno de primero. Éste colocó la mochila en el espacio vacío y apartó la vista. A lo largo del pasillo, todos los que disfrutaban de un asiento para ellos solos se deslizaron hacia la parte intermedia. Park oyó que Tina ahogaba una risilla. Se divertía mucho con aquell

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