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FENG SHUI EN EL HEMIFERIO SUR

Sylvia Galleguillos Tapia  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Salí de cuarto medio,

caramba, y fui a dar la prueba

y me fue, y me fue terrible mal

cuando sa,

cuando salí de cuarto medio

(vuelta)

me fui para la casa, caramba, triste y sombrío

no tengo la plata para estudiar,

en Chile algo anda mal.

Cancionero cuequero por la educación chilena

En 2010 publiqué Se acabó el recreo. La desigualdad en la educacióni, cuyo propósito central era denunciar la inequidad de la educación chilena y explicar sus orígenes. Aunque fue un libro personal y no institucional, se explicaban en él los planteamientos del naciente movimiento ciudadano Educación 2020 (E2020), sintetizados en su «Hoja de ruta 2009-2020»ii. Este itinerario, diseñado en 2009, no cuestionaba en modo alguno las bases del modelo educativo chileno, plasmadas en la Ley General de Educación (LGE) de 2008.

Esta legislación —LGE— modificó la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), promulgada por Augusto Pinochet y publicada el 10 de marzo de 1990, el último día de su gobierno. Estaba apurado. En cambio, la LGE no fue una iniciativa de la elite, ni de la clase política, ni estaba plasmada en un programa de gobierno, sino que fue una consecuencia directa del «movimiento pingüino» que detonó impredeciblemente el 2006. Los escolares se tomaron los liceos y salieron a denunciar la mala calidad e inequidad de la educación. Ellos y muchos especialistas cuestionaron el modelo que la sustentaba, basado en la competencia de mercado en base a vouchers, de acuerdo al cual escuelas públicas y particulares subvencionadas compiten entre ellas para conseguir alumnos —deseablemente a los mejores— y así obtener el dinero de la subvención per cápita, base esencial del financiamiento de la educación escolar chilena.

Para frustración de muchos, en particular de los estudiantes, después de dos años de comisiones presidenciales y discusiones parlamentarias, esta nueva legislación dejó el modelo virtualmente intocado. Se introdujeron algunas mejoras, pero en realidad, no hubo nada significativo. En todo caso, esto era predecible dada la composición pareada que hemos tenido en el Congreso durante los últimos veinte años, como resultado de un sistema binominal que ha paralizado en la práctica cualquier reforma importante del modelo socioeconómico. Muchos alaban este sistema político y le adjudican ser la base de la estabilidad del desarrollo chileno. Otros tantos —y me incluyo— aceptamos que este modelo tuvo algunos beneficios durante la transición política, pero creemos que su implícita inequidad económica, social y educativa se ha hecho insostenible en el siglo XXI y, por lo tanto, requerirá de reformas mayores.

A inicios de 2009, en el último año de gobierno de Michelle Bachelet, a E2020 le resultaba impensable proponer reformas significativas al modelo educativo. Sus propuestas se hicieron al interior de la cancha marcada con la pintura casi indeleble de la LGE. Sin embargo, resultaron ser exitosas. De dieciséis ideas planteadas en la Agenda Inmediata de 2009, quince ya están implementadas, en vías de implementación o al menos en discusión parlamentaria o presupuestal.

Por cierto, no se puede afirmar que E2020 concibió todas estas reformas. Muchas fueron impulsadas también por especialistas de diversos colores políticos, y por el gobierno que asumió en marzo de 2010. Pero algunos de estos éxitos son claramente atribuibles a E2020: la nueva concursabilidad y la remuneración para directores de escuelas públicas es una de ellas. Fue también la primera organización que defendió con fuerza en este período la necesidad de aumentos en el presupuesto de la educación inicial, estancado en 2010 y 2011, que se lograron en 2012 y 2013; y sus propuestas —en medio de fuertes polémicas en el Congreso— sirvieron de base para que se discutiera y aprobara una inyección de cerca de US$ 400 millones adicionales para la educación pública y preescolar en diversas coyunturas. En materia de comunicación ciudadana, logró instalar con fuerza conceptos como el daño que genera la segregación social y académica del sistema escolar, y la importancia clave de la educación inicial, entre otros.

Aunque suene a victoria pírrica, E2020 también contribuyó —y sigue en esta línea— a una modificación relevante en el Congreso de algunos proyectos de Ley que, tal como fueron diseñados por el gobierno, significaban un franco retroceso en materia de segregación social o favorecían injustamente a la educación particular subvencionada respecto de la pública: entre ellos, la versión inicial del proyecto de Calidad y Equidad de 2011, el incentivo tributario para la clase media, el proyecto de subvención para la clase media, y el de carrera docente. La ideología de quienes diseñaron el modelo actual había vuelto con fuerza, con el fin de profundizarlo.

CLARIFICACIONES

Como en la ocasión anterior, este texto es de carácter personal y no institucional. No significa necesariamente una opinión unánime de los integrantes de E2020, de su directorio, de los 83 mil adherentes formales en el sitio web www.educacion2020.cl, ni de los 137 mil seguidores en Twitter. La época de los «partidos monolíticos» terminó, y si de algún modo nuestro movimiento es «el partido de la educación», no necesariamente tenemos unanimidad en todo. Por cierto, este texto hace suyas las veintiséis propuestas y veinte metas verificables que E2020 planteó durante 2013 en el documento «La Reforma Educativa que Chile Necesita»iii, que se le entregó a todos los candidatos presidenciales, aunque también se incluyen propuestas adicionales, se «corre el cerco conceptual» un poco más y se hacen interpretaciones muy personales del pasado, el presente y el futuro de la educación y la sociedad chilenas.

El lector altamente politizado, que posiblemente espera ver en cada capítulo una confirmación de sus prejuicios respecto de lo bien o mal que lo han hecho las coaliciones de gobierno o de oposición en materia educativa, se verá defraudado. La suma de aciertos, errores y omisiones del gobierno militar y de ambos conglomerados políticos es muy equiparable, siempre dentro de un modelo educativo de mercado que ha tenido una gran continuidad desde la época militar. Un excelente texto reciente de González y Elacqua lo explica con gran precisión, destacando la permanente tensión que hemos tenido en Chile no solo entre izquierda y derecha, sino también entre «educadores» y «economistas»iv.

Salvo referencias históricas indispensables, me concentraré en diagnosticar la situación actual y en hacer propuestas para el futuro, proponiendo ajustes relevantes al actual modelo, dentro del espacio que han abierto las movilizaciones estudiantiles, y dentro de las restricciones políticas previsibles para la próxima dé

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