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FLORES Y SOMBRAS

Lian Hearn  

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Fragmento

LISTA DE PERSONAJES

 

 

 

 

PERSONAJES DE FICCIÓN

Itasaki Yūnosuke: médico del dominio Chōshū.

Chie: su esposa.

Tetsuya: su hijo.

Mitsue: su hija mayor.

Tsuru: su hija menor, narradora de la historia.

Itasaki Shinsai: hermano menor de Yūnosuke.

Kuriya Jizaemon: farmacéutico de Hagi.

Misako: su esposa.

Heibei: su hijo, esposo de Mitsue.

Michi: hija de Mitsue, adoptada por Tsuru.

Makino Keizō: empleado en la farmacia de los Kuriya.

O-Kiyo: geisha en el Hanamatsutei.

O-Kane: criada de la familia Itasaki.

Hachirō: criado de la familia Itasaki.

Nakajima Noboru / Hayashi Daisuke: estudiantes del doctor Itasaki.

Imaike Eikaku: artista.

Seiko: su hermana.

Señora Minami: comerciante de productos de segunda mano en Kyōto.

Yoshio Gongorō: médico en Nagasaki.

O-Kimi: hija del anterior.

Kitaoika Jundō: estudiante del doctor Yoshio.

 

 

PERSONAJES HISTÓRICOS

Sufu Masanosuke: burócrata de Chōshū y líder gubernamental.

Yoshitomi Tōbei: jefe de aldea y amigo de Sufu.

Shiraishi Seiichirō: rico comerciante y simpatizante de los revolucionarios de Chōshū.

Yoshida Shōin: maestro y reformista; entre sus alumnos se encuentran Itō Shunsuke y Katsura Kogorō.

Itō Shunsuke / Hirobumi: revolucionario; después primer ministro de Japón.

Katsura Kogorō / Kido Takayoshi: revolucionario; más tarde ministro en el gobierno Meiji.

Takasugi Shinsaku: revolucionario, reformista militar.

Kusaka Genzui: revolucionario; cuñado de Shōin.

Yamagata Kyōsuke / Aritomo: revolucionario, reformista militar.

Yoshida Toshimaro: revolucionario.

Fumi: hermana de Shōin, casada con Genzui.

Shiji Monta / Inoue Kaoru: revolucionario; más tarde ministro en el gobierno Meiji.

Towa: guardiana de un santuario, admirada por Shōin.

Masa: esposa de Takasugi.

O-Uno: amante de Takasugi.

Mōri Takachika: daimyō de Chōshū.

Mōri Sadahiro: hijo adoptado y heredero.

Nagai Uta: funcionario del gobierno de Chōshū.

Mukunashi Tōta: líder del partido conservador en Chōshū.

Tokoro Ikutarō: médico.

Ōmura Masujirō / Murata Zōroku: médico del dominio; más tarde reformista militar.

Maki Izumi: revolucionario.

Miyabe Teizō: revolucionario.

Kijima Matabei: revolucionario.

Akane Taketo: líder del Kiheitai.

Sanjō Sanetomi: noble; apoyaba al emperador.

Nishikinokōji Yorinori: noble; apoyaba al emperador.

Ii Naosuke: oficial del gobierno del bakufu y tairō.

Tokugawa Kemochi: decimocuarto shōgun.

Hitotsubashi Keiki/ Tokugawa Yoshinobu: decimoquinto y último shōgun.

Shimazu Hisamitsu: padre del daimyō de Satsuma.

Saigō Kichinosuke (llamado después Takamori): oficial del gobierno de Satsuma y comandante.

Sakamoto Ryōma: revolucionario del dominio de Tosa.

Nakaoka Shintarō: revolucionario del dominio de Tosa.

Thomas Glover: mercader escocés y comerciante de armas.

Nomura Bōtōni: poetisa y monja, a favor de la Restauración Meiji.

PRIMERA PARTE

 

DEL AÑO 4 DE LA ERA ANSEI

AL AÑO 1 DE LA ERA BUNKYŪ

1857–1861

 

LA PRIMERA BODA

 

 

 

 

Era el día agridulce de la boda de mi hermana y todo el mundo sollozaba, incluso yo misma, aunque no soy precisamente de las que lloran por cualquier motivo. El cielo derramaba sus lágrimas, acompañando el intermitente goteo del ciruelo. Estábamos en el cuarto año de la era Ansei, en el quinto mes del año bisiesto; habían pasado cuatro desde que los barcos negros entraran en la bahía de Uraga. Tiempos extraños en los que parecía como si esperáramos a que rompiese el hervor dentro de un gran caldero: los ingredientes están mezclados, el fuego es intenso, pero, aparentemente, no sucede nada. Cuanto más se observa, más tarda en hervir.

Organizamos una gran fiesta con los vecinos y parientes de Yuda y Yamaguchi, colegas médicos de mi padre, maestros de las escuelas a las que había asistido mi hermano antes de marcharse a Nagasaki y de la academia privada donde mi tío Shinsai había sido, hasta hacía muy poco, el principal alumno y maestro. También vinieron varios amigos de Shinsai: jóvenes que habían estudiado y competido con él en los torneos de espadas, haciendo alarde de sus proezas y manifestando a voz en grito su apoyo al emperador, su desprecio a los extranjeros y su irritación hacia el bakufu, el gobierno del shōgun.

Las mujeres de la familia Itasaki —mi madre, mi hermana Mitsue y yo, Tsuru, junto con nuestra criada, O-Kane, y la amante de mi padre, O-Kiyo— habíamos estado preparando un banquete desde hacía días: arroz con habas rojas, chirazushi, mochi, tofu aderezado de maneras diversas y un enorme besugo entero. Los invitados trajeron regalos: pescado sobre capas de hojas de roble, tortas de maíz dulce, umeboshi y otros manjares salados, abulones y chipirones, y toneles de sake enfundados en alegres envoltorios de paja, de los cuales servían una copa tras otra.

También vinieron otras geishas de la casa de O-Kiyo, que tocaron el shamisen y cantaron, pero O-Kiyo, como solía decir mi madre, no había sido agraciada ni con talento ni con belleza. Cualquiera diría que lo decía por rencor, pero nada más lejos de la realidad. Mi madre sentía lástima por O-Kiyo, que no había podido atraer a un hombre más influyente o rico que mi padre. Cuidaba de O-Kiyo y la trataba como a una pariente mayor pero de posición más precaria, respetándola al mismo tiempo que ejercía su autoridad sobre ella.

No sabíamos de qué forma había conseguido mi padre a O-Kiyo. Tal vez la hubiese heredado de un paciente agradecido o la hubiese ganado en una apuesta. Él mismo no sabía muy bien qué hacer con ella, y si mi madre no lo hubiera presionado para que la fuera a visitar, es posible que no hubiera ido nunca. Tenía que sacarlo prácticamente a empujones de casa.

—¿No deberías ir a visitar el Hanamatsutei?

—Supongo que sí —decía mi padre sin mucho entusiasmo.

Regresaba después de haber bebido demasiado, lo cual le provocaba un malestar de hígado y un terrible dolor de cabeza al día siguiente, haciendo que se arrepintiera, pues a menudo ofrecía gratuitamente a alguien una consulta o remedios chinos, y ya estaba sobrepasado de trabajo.

A mi hermana y a mí nos gustaba O-Kiyo, sobre todo porque el Hanamatsutei era una famosa casa de té y O-Kiyo nos contaba todos los chismes locales. Siempre nos alegrábamos cuando llamaba a la puerta; una de las dos le preparaba el té, mientras que la otra se sentaba junto a ella en el porche exterior y la observaba sacar su caja de tabaco, preparar su pipa y encenderla. Daba una profunda calada y se lanzaba a hablar con la voz cargada de humo.

Nuestra casa tenía dos entradas: una por la calle principal, por donde accedían los pacientes samuráis, y otra por la calle lateral para los lugareños y campesinos. Todos sabíamos que eran estos los que sostenían la casa y todo lo que había en ella, incluyendo a O-Kiyo, pero a pesar de ello tenían que usar la entrada de la calle lateral y estar dispuestos a esperar mientras mi padre atendía a sus pacientes samuráis, que no pagaban nada si podían evitarlo. Mi padre, para su gran sorpresa, pues no estábamos emparentados con ninguna de las grandes familias de médicos —los Wada, los Auki o los Ogata—, había sido nombrado médico del dominio unos años atrás. Tenía un sueldo de veintidós koku por año y el derecho a llevar dos espadas, aunque llevaba el cabello corto como los médicos. Nuestra familia tenía el estatus impreciso de los médicos dentro de la jerarquía del dominio. Le daba mucho menos importancia a la jerarquía social que el resto de las personas: veía al amado hijo de un señor del dominio morirse de sarampión o viruela tan rápido como el hijo de un campesino. Sus habilidades eran tan limitadas para tratar al anciano respetado que sucumbía de tuberculosis como al sottsu más humilde. Veía a hombres y mujeres en situaciones límite y, generalmente, cuando eran más agradecidos.

Mi padre provenía de una familia de médicos rurales. Su padre había sentido gran admiración por lo que conocía de ranpō —estudios médicos holandeses— y envió a su hijo a Nagasaki, donde mi padre estudió Medicina con hombres que habían conocido y trabajado con los médicos Dejima, Siebold y Mohnike. Posiblemente fuera este vínculo, o la impresionante colección de instrumentos holandeses de mi padre o las hierbas y plantas medicinales que cultivaba en su jardín, lo que posibilitó su promoción. O tal vez fuera la pasión por el sake, que compartía con Sufu Masanosuke, una de las figuras más importantes del gobierno del dominio, que a menudo se alojaba en Yuda con nuestro vecino, Yoshitomi Tōbei, y lo acompañaba al Hanamatsutei de O-Kiyo. Este también era un motivo por el cual nos alegrábamos de que O-Kiyo formara parte de nuestra familia, pues el noble Sufu, un hombre que admirábamos sin reservas, se convirtió en patrono y protector de nuestro padre.

El señor Yoshitomi vino a la boda, y también Shiji Monta, otro vecino. Su familia eran los Inoue, que vivían cerca de nosotros, y lo conocí primero como Yūkichi, pero había sido adoptado por la familia Shiji en Hagi, donde había estudiado en la escuela del dominio, el Meirinkan, y el mismo Mōri Takachika le había otorgado el nombre de Monta. Trajo a otro joven consigo, Takasugi Shinsaku. Mi madre y yo estábamos extasiadas por el gran honor. Takasugi pertenecía a una familia de alto rango de Hagi y ya tenía fama en todo el dominio de ser intelectualmente brillante.

—Brillante como bebedor —dijo mi tío Shinsai más tarde.

Tenía la misma edad que estos jóvenes, tal vez un poco menos, y su actitud fluctuaba entre la admiración y la envidia. Takasugi ya había ido a Edo a entrenarse en el combate de espadas con Saitō Yakurō y no tendría ningún problema en encontrar un puesto en el gobierno del dominio. Monta planeaba ir el año siguiente: era un paje del noble Mōri. Tenían oportunidades para ascender que mi tío jamás tendría.

Shinsai tenía la misma edad que mi hermana, era dos años mayor que yo y dos menos que nuestro hermano Tetsuya; mi abuela se quedó embarazada de su último hijo al mismo tiempo que mi madre del segundo. Debilitada por el embarazo a su edad, mi abuela no resistió demasiado tiempo tras el nacimiento. Dejó al bebé al cuidado de mi madre y, de esta forma, mi tío se crio en nuestra familia, como un hermano sin ser hermano, y en realidad tampoco un tío.

El día de la boda lo observé mientras acarreaba las bandejas de comida y servía las copas de sake. Al

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