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GESTOR, EL

Max Landorff  

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Fragmento

Título original: Der Regler

Traducción: Irene Saslavsky

1.ª edición: marzo 2012

 

© S. Fischer Verlag GmbH, Frankfurt am Main, 2011

© Ediciones B, S. A., 2012

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal:  B.10377-2012

ISBN EPUB:  978-84-9019-037-1

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

No es verdad que existan las soluciones, solo los problemas.

No es verdad que el tiempo cure todas las heridas.

No es verdad que al amor construya puentes.

 

Pero entonces, ¿quién puede ayudarnos?

Prólogo

 

Deslizó la mirada por la superficie lisa y gris azulada del lago y vio que el barco navegaba directamente hacia él. La línea invisible a lo largo de la cual se aproximaba desde hacía unos minutos resultaba exactamente perpendicular al banco en que estaba sentado. Para ser precisos, eran las seis y cuarto de la tarde de un miércoles de octubre. A excepción de él y los empleados de la línea de los ferris, nadie aguardaba aquel barco, el Alpino, que atravesaba el lago Maggiore año tras año según un horario preciso. En verano, a veces llevaba tantos pasajeros que de lejos se asemejaba a un barco de refugiados avanzando pesadamente y casi hundido hasta la línea de flotación, al contrario que en esta época del año, cuando parecía veloz y elegante y se notaba que era blanco, con rayas azul oscuro laterales que silueteaban puertas y ventanas.

En el muelle había dos señales redondas que imitaban grandes relojes blancos de manecillas rojas ajustables por los empleados del ferry. Una de ellas indicaba la hora de llegada del próximo ferry procedente de Cannobio, la otra la del que llegaba desde Luino: las seis y cinco. El sol ya había desaparecido tras las montañas y el lago estaba en sombras. La proa del Alpino emergía de la bruma que cubría las aguas. El ferry llegaba con retraso.

En los últimos días el tiempo había cambiado. El tibio otoño empezaba a anticipar el invierno. Arriba en las montañas ya nevaba; abajo, el agua helada se vertía en el lago. Gabriel Tretjak llevaba un abrigo negro de cachemir y una bufanda gris oscuro. Se puso de pie, se acercó al muelle y se detuvo junto a las señales con las manos en los bolsillos. No llevaba guantes y durante la espera el revólver que llevaba en el bolsillo derecho se había entibiado.

A menudo, su profesión lo obligaba a amenazar a alguien y acababa metido en situaciones peligrosas, pero por norma nunca solía llevar armas, ni siquiera poseía una. Pero esta vez era diferente. Nunca había sentido tanto temor como ante aquello que en pocos instantes comenzaría allí, en ese muelle.

El Alpino maniobró y echó amarras de costado en el muelle. Instalaron una pasarela de aluminio para los pasajeros que desembarcarían. Solo eran tres. El primero era un hombre alto que llevaba a un niño pequeño de una mano y con la otra empujaba una bicicleta infantil amarilla. Lo seguía ella. Era más menuda de lo que preveía, más delicada. Su abrigo marrón de lana le quedaba demasiado holgado y el gorro le empequeñecía el rostro.

Cuando llegó junto a él, dejó su bolsa de viaje en el muelle de madera, lo miró y en tono casi contrito preguntó:

—‌¿Hace mucho que esperas?

Él asintió.

—‌Veinte años —‌dijo.

Ella le lanzó una mirada extraña. Él recogió la bolsa y emprendió el camino hacia el pueblo, ella a su lado.

—‌Aquí en tu pueblo solo hay un hotel —‌dijo, y señaló un edificio de color crema situado más allá—‌. ¿Qué tal es?

—‌No alcanza tu estándar —‌contestó él—‌, pero está bien.

Cuando el Alpino volvió a zarpar para atravesar el lago en dirección a Cannobio, ellos ya habían llegado a la entrada del hotel. «Torre Imperial», ponía en letras doradas en la puerta cristalera. Y debajo tres estrellas.

Contenido

Portadilla

Créditos

Cita

Prólogo

 

Primera Parte. El engaño

Primer día

Segundo día

Tercer día

Cuarto día

Quinto día

Sexto día

Séptimo día

Octavo día

Segunda Parte. El distanciamiento

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Tercera Parte. Junto al lago

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Epílogo

PRIMERA PARTE

EL ENGAÑO

 

Primer día

 

11 de mayoGalle, Sri Lanka, 19.30 h

 

Gabriel Tretjak estaba sentado en una butaca de estilo inglés y observaba al camarero que le traía un gintonic. El hombre vestía pantalón negro, chaqueta negra y camisa blanca correctamente

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