Loading...

HASTA QUE PUEDAS QUERERTE SOLO

Pablo Ramos  

0


Fragmento

Sobre este libro

En noviembre de 1997, bajo el agobio de un domingo caluroso, llegué por primera vez a un grupo de Narcóticos Anónimos. Mi mujer de entonces me acompañó casi de la mano hasta la parroquia La Consolata, en La Paternal, y se volvió enseguida para cuidar a nuestro hijo, que había quedado durmiendo en el departamento, a dos cuadras de allí. Me dio un beso y me deseó buena suerte.

Yo me quedé en la recepción, sin entrar del todo al pasillo lateral que conducía a los salones donde se juntaban distintos grupos. No había ningún cartel y por nada del mundo me habría animado a preguntar. ¿Qué preguntar: “¿Acá reciben drogadictos?”? Ni loco, pensé, antes me muero. Para distraerme me puse a mirar la cartelera de actividades de la parroquia, no quería volver temprano a casa y decepcionar nuevamente a mi mujer. Ella estaba contenta, había averiguado todo y le habían dicho que los grupos de Narcóticos Anónimos eran el mejor lugar para dejar la cocaína. Yo la consumía junto con whisky desde los dieciocho años, y ya para ese entonces tenía treinta y uno. Estaba cansado, el consumo me había arrastrado por todos los lugares habidos y por haber, desde hospitales hasta la cárcel. Más de una vez había estado a punto de perder la vida. Había perdido trabajos, amigos, matrimonios… Ya casi nadie confiaba en mí y mucho menos me tomaba en serio.

Leía los días de catecismo, las misas a pedido, los horarios de secretaría, y me olvidaba, como me pasa siempre, de qué era lo que había ido a hacer a ese lugar. Recuerdo esa sensación, e

Recibe antes que nadie historias como ésta