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HISTORIA SECRETA DE CHILE

Jorge Baradit  

5


Fragmento

PRÓLOGO

La historia es un punto de vista. Los hechos de una comunidad, un país en este caso, son fenómenos aislados donde creemos leer una intención. Se entrelazan caóticamente, unidos a veces por circunstancias sociales poderosas en la tormenta del devenir humano. En medio de ese bosque de fenómenos desconectados aparece la necesidad humana de coherencia, de sentido; ahí surgen los lectores de signos, los ancianos de la tribu intentando tejer los hechos para construir tapices donde el pueblo pueda verse reflejado, un ejercicio donde se eligen ciertos aspectos y se desechan otros intentando limpiar y pulir el arquetipo, la metáfora, el relato. La artesanía que lija y esculpe el mito hasta convertirlo en un espejo donde podamos reconocernos. Pero cuidado, porque también está la intención, el complot y la farsa.

Soy escritor, tiendo a leer la realidad en formato de novela, cuento o fábula. Conozco la mecánica tras la armazón de un cuento, la labor de tomar eventos y organizar un cuerpo narrativo interesante, y reconozco en la historia esas dinámicas. La historia también trata de darle un propósito a la retahíla de hechos muchas veces no relacionados que nos ocurren como país. La veo construyendo una fábula a través del uso de una serie de accidentes, escaramuzas y situaciones en las que nos vemos metidos. Tratando de inventar una línea de tiempo que tenga coherencia narrativa, un relato épico y lleno de sentido para la nación. En el fondo, un cuento donde nos veamos hermosos, podamos querernos y sentirnos orgullosos de lo valientes y resistentes que podemos ser, ojalá más que el vecino, por supuesto. Línea de tiempo no necesariamente cierta, ojalá incompleta, porque se trata de elegir con pinzas las cuentas con que armamos el collar, destacando algunas, escondiendo otras, diseñando con cuidado lo que debemos recordar y lo que debemos olvidar. Organizando la memoria del país, inventando un país.

¿Dónde está Freire? ¿Dónde están los grandes y pequeños hechos que no se cuentan; los que son ignorados, los que pueden dar otros significados o enriquecer nuestro relato? ¿Quién enseña la guerra fratricida, el Vietnam criollo que sembró de cadáveres el sur de Chile después de la independencia? ¿Dónde están los puertos en donde recalaban los submarinos nazis en el sur durante la Segunda Guerra, apoyados por residentes y protegidos hasta por el propio gobierno? ¿Quién cuenta que en la Patagonia les pagaban a cazadores por cada cabeza de selknam entregada a los estancieros? ¿Cuándo podremos leer que las Fuerzas Armadas de Chile han matado a más obreros, estudiantes y trabajadores chilenos que a soldados de otros países? ¿Quién contará que el cráneo de Pedro de Valdivia fue usado como jarra para tomar chicha por diferentes lonkos mapuche antes de perderse en algún rincón de la historia? ¿Enseñaremos algún día los nombres de los más de cincuenta estudiantes que fueron masacrados sin juicio en 1938, a pocos metros del Palacio de la Moneda, en plena democracia? ¿Sabremos los nombres de médiums, espiritistas y canalizadores que han asesorado y guiado tomas de decisiones de nuestras autoridades a lo largo de sus mandatos? ¿Encontraremos en algún doblez de la historia la razón por la que la fecha 11 de septiembre se repite tanto y siempre asociada a tragedias nacionales, desde terremotos, invasiones y masacres, hasta dos golpes militares en el siglo XX? ¿Seremos capaces de enf

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