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INDOMABLE

@SrtaBebi

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Fragmento

background imagebackground imageEdición en formato digital: noviembre de 2017© 2017, @Srtabebi© 2017, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona© 2017, Monica Loya, por las ilustracionesPenguin Random House Grupo Editorial apoya la protección del copyright.Elcopyrightestimula la creatividad, defiende la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, promueve la libre expresión y favorece una cultura viva. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar las leyes del copyrightal no reproducir ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo está respaldando a los autores y permitiendo que PRHGE continúe publicando libros

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para todos los lectores. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográfi cos, http://www.cedro.org) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra.ISBN: 978-84-9043-906-7Composición digital: Newcomlab S.L.L.www.megustaleer.com 3L nñ qu jug cn crllsDesde que nací, lo tuvimos claro.El fuego y yo nos fascinamos mutuamente. Pasaba horas y horas con una caja de cerillas, encendiéndolas una a una, observando la reacción y el humo de después, oliendo a fósforo consumido. Así que él, que había vivido muchas vidas más que yo, supo mucho antes lo que ocurriría más tarde. Y la sociedad, y las personas que la componen, se dedicaron sin saberlo (o sin importarles) a preparar la bomba que explotaría años después.El proceso de ignición comenzó muy pronto; como niña, se me negaba el acceso a muchas cosas y se me pervertía moralmente para inclinarme hacia muchas otras. Aproximadamente a los ocho años ya habían conseguido que estuviera literalmente hasta el coño de todas sus superfluas modas de juguetes y peinados. Y como en todo proceso de combustión, si la cosa se continúa calentando, acaba comenzando a arder. Así que, a los trece, ya era el proyecto de toda una bomba de relojería. Solo podía pensar en una cosa: todas esas chicas miedosas sufriendo por todas esas gilipolleces. A partir de ese momento, el proceso fue mucho más rápido. La chica que jugaba con cerillas, o sea yo, estaba a punto de explotar, preparándose para la reacción química.En mi cabeza rondaban continuamente todas esas chicas indecisas, observando las actitudes y gestos de los demás. Pensando en qué ponerse. Peinándose durante horas. Preparándose para que nadie pudiera llamarlas imperfectas. Esperando gustar. Sonriendo sin ganas y callando sin ningunas. Todas esas chicas inseguras a las que les rompían el corazón. Que deseaban ser la mejor en algo, en lo que fuera, porque si no lo eran, definitivamente, eran la peor. Siguiendo modas a coste de cuerpo y personalidad. Estudiando el comportamiento ideal para gustar a cuanta más gente mejor. Todas esas chicas preocupadas y correctamente dubitativas me preguntaban, ya a los dieciséis: ¿no tienes miedo? 4Entonces ocurrió; como en una escena a cámara lenta moví mi boca y se produjo la explosión:«No.»No tengo miedo».Había sucedido. La chica que jugaba con cerillas dijo «no tengo miedo» y entonces algo explotó. «Bum.»La explosión solo se escuchó dentro de mí, pero las consecuencias fueron absolutamente terribles. Todo a mi alrededor comenzó a arder a un ritmo vertiginoso:«Estás pasándote de la raya». «No te pongas eso.» «No puedes escribir eso en una redacción.» «Pero qué haces con los labios negros.» «¿Eso es una camiseta rota con la frase “tírame a la basura”?» «Por Dios, contrólate.» «Para de hacer eso.» «No hables así.» «Todo el mundo te está mirando.» «Mira con qué cara te miran.»Todas esas personas ponían la misma cara que pones cuando tocas una jodida olla ardiendo y te das cuenta de que acabas de quemarte el dedo. Os lo juraría en un juicio subida al estrado con mi camiseta rota. Para entonces, no había marcha atrás. La chica que jugaba con cerillas se había convertido en una pirómana social. Llegó el momento en el que el fuego y yo nos miramos mutua y fijamente con cara de «bueno, qué hacemos ahora», y le dije: ¿Qué me das por este miedo de mierda con el que he crecido y que me han metido hasta las costillas, para que siempre piense que me falta algo y que nunca seré lo suficientemente guapa, lista, buena, divertida o perfecta? 5Su oferta me gustó. Cerramos el trato. Vendí el miedo a cambio de una autoestima que no dependiera de nadie y me dediqué a observar divertida y expectante las ganas de atreverse de los demás, apostando al momento exacto en el que explotarían ellos también.Ocurrió así. Un incendio inesperado e imparable. El instante en el que inflamable e indomable fueron desde entonces juntos de la mano.El día en el que comencé a hacer la lista de todas ...