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LA ABADíA DE NORTHANGER

Jane Austen  

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Fragmento

PRÓLOGO

Proceso de escritura, 1798-1817

La abadía de Northanger fue la primera novela que Jane Austen dio por terminada y lista para su publicación, a pesar de que había emprendido antes Sentido y sensibilidad y Orgullo y prejuicio. Según el memorándum de Cassandra Austen, Susan (como se tituló en un primer momento) «se escribió entre [17]98 y 99». La escritora tenía en aquella época veintitrés o veinticuatro años, y todavía vivía en la casa de su infancia, la rectoría del pequeño pueblo de Steventon, en Hampshire.1

La mayor parte de la novela se sitúa en la ciudad balneario de Bath, que Jane Austen visitó en noviembre de 1797, durante una temporada que pasó con unos tíos adinerados, los Leigh-Perrot, y en mayo de 1799, cuando se alojó en Queen Square con el más rico de sus hermanos, Edward (Austen) Knight. Más tarde, en 1801, se mudó a vivir allí con sus padres, en el número 4 de Sidney Place, después de que su padre cediera la rectoría a su coadjutor, su hijo mayor, James. Su visión del Bath de los turistas y visitantes enriquece ostensiblemente los dos primeros tercios de la novela, ambientados en los salones, las calles próximas y los lugares a los que se podía llegar con facilidad a pie o en coche.

En la «Nota previa», escrita en 1816 para preceder a lo que se convertiría en La abadía de Northanger, Jane Austen afirma que «terminó de escribirse en el año 1803, y estaba planeado publicarla de inmediato», lo que indica que se hicieron al menos algunos cambios en el manuscrito en el último momento. En la primavera de 1803, la firma editorial londinense Benjamin Crosby and Co. pagó diez libras por la novela al hermano de Austen, Henry, y anunció su publicación. Sin embargo, sin que la editorial diera ninguna explicación, no llegó a las librerías. Seis años después, Austen, bajo el seudónimo de Mrs. Ashton Dennis, escribió una dura carta a Crosby pidiéndole una explicación y ofreciéndole otra copia de la novela en caso de que la primera se hubiese perdido; amenazaba con contactar a otro editor si no cooperaba. El hijo de Crosby, Richard, le respondió que en tal caso la empresa tomaría medidas legales contra el editor rival. Lo mejor que podía ofrecerle era el retorno del manuscrito «por lo mismo que pagamos por él».2

Para entonces, Jane Austen había pasado por dos años de incertidumbre económica, yendo de un lado a otro, tras la muerte de su padre en 1805. En 1809 se instaló en su último hogar, con su madre y su hermana: una pequeña y agradable casa de campo que pertenecía a su hermano Edward Knight, en el pueblo de Chawton, en Hampshire, cerca de la aldea de Alton, en un cruce de carreteras principales que unían Londres con Winchester y Portsmouth. A pesar de la decepción de su primera experiencia editorial, Austen estaba por fin en condiciones de considerar seriamente dedicarse a escribir: de ahí, suponemos, el intento de publicar o recuperar Susan. Pero, en ese momento, no pagó para recuperar el manuscrito; en su lugar escribió Sentido y sensibilidad (1811) y más tarde Orgullo y prejuicio (1813). No fue hasta después de publicar Emma, en diciembre de 1815, cuando, otra vez por mediación de Henry, compró Susan, y más adelante, en 1816, dio algunos pasos que indican su intención de publicarla. Lo único que sabemos con seguridad es que incorporó un cambio en el nombre de su heroína, y en consecuencia también en el título, ahora Catherine, y que escribió esa escueta «Nota previa».

En el otoño de 1816 Austen cayó gravemente enferma debido a la afección renal que causaría su muerte el 18 de julio de 1817. El 13 de marzo de 1817 le escribía a su sobrina Fanny Knight: «Por el momento, he dejado a Miss Catherine en un cajón, no sé si saldrá de ahí algún día». Rebautizada como La abadía de Northanger, y precedida de una relevante e influyente «Nota biográfica de la autora», escrita por su hermano Henry, la novela apareció póstumamente a finales de diciembre de 1817 (1818 en la página de títulos). Eran los dos primeros volúmenes de un conjunto de cuatro que incluirían Persuasión. Ni una ni otra novela pasaron por una última revisión de la autora; quien tampoco, como es lógico, vio las galeradas.

Austen conservó siempre su propia copia de Susan, como demuestra la carta de 1809, en la que ofrece a Crosby una segunda copia. Pudo haber trabajado en ella en cualquier momento a partir de 1803, pero difícilmente tendría ganas de hacerlo mientras la editorial conservara los derechos de publicación. Comprar el manuscrito era un requerimiento legal, pero también un gasto innecesario en aquellos años de auténtica pobreza tras la muerte de su padre, y desde luego hasta que el éxito de sus otras novelas la llevara a confiar en otro editor para su primer proyecto. Si bien éstos son motivos bastante válidos para explicar por qué es posible que no la revisara antes de 1816, ¿encontró alguna vez el momento y la disposición más adelante?

Casi en solitario, entre los críticos reputados de Austen, Brian Southam sostiene la teoría de que sí realizó cambios sustanciales, probablemente en 1816, tras terminar Persuasión en julio. Señala al respecto el elaborado retrato satírico del general Tilney, al que presenta como un consumista, algo que, considera Southam, refleja preocupaciones muy extendidas en el período de posguerra de 1816. De entre el resto de obras de Jane Austen, lo más próximo a nivel temático se encuentra, en opinión de Southam, en la novela inconclusa Sanditon, en la que la autora trabajó de enero a marzo de 1817.3 Sin embargo, sabemos que Austen estaba ya gravemente enferma aquel otoño. Además, también hay argumentos que demuestran la vigencia del consumismo como tema de interés, tanto en la ficción como en la crítica social, ya antes de 1800, y también en 1809. Fue sin duda el hecho de que la novela siguiera tocando un tema candente lo que la llevó a sentir un renovado interés por ella en diversos puntos de su carrera; sólo para descubrir, de manera igualmente inevitable, que otras partes habían quedado anticuadas. Sin llegar a afirmar que la novela que ahora presenta sea idéntica a la que entregó con el título de Susan en 1803, en su «Nota previa» de 1816 confiesa que no la ha actualizado en la manera en que, al parecer, ella, al igual que muchos de sus lectores, habría considerado deseable para que la representación de la sociedad resultara plenamente actual. (A fin de cuentas, acababa de esbozar en Persuasión un retrato muy distinto de un Bath muy de moda; un retrato en el que los ricos y los nobles se entretienen unos a otros en privado.) Si fue incapaz de hacer esos cambios, prácticos y comerciales, ¿hay algún motivo para suponer que hiciera mejoras de naturaleza literaria, y por ende más sutiles?

La mayoría de críticos y editores de Austen defienden, de hecho, una postura contraria a la de Southam: creen que se hicieron relativamente pocos cambios en La abadía de Northanger pasado 1803. La mayoría afirma que hay muy pocas referencias a sucesos públicos, aunque se trata, sin duda, de una opinión que habría que revisar. Otro argumento parece sostenerse mejor: las referencias que pueden datarse pertenecen al período anterior a 1803. James King, maestro de ceremonias de los salones de baile y de concierto en la vida real, que en el capítulo 3 presenta a Henry Tilney y a Catherine, se trasladó en 1805. Los disturbios en los que piensa Eleanor Tilney cuando, en el paseo a Beechen Cliff, Catherine explica que le han llegado noticias terribles de Londres, parecen ser una referencia a los peores altercados que tuvieron lugar en la metrópolis de los que había memoria: los disturbios de Gordon de 1780. Sir Benjamin Thompson, conde de von Rumford (1753-1814), se hizo un nombre en 1796 como inventor de una modernísima chimenea, que el general Tilney ha instalado recientemente en su salón. El extenso artículo de Rumford sobre cómo hacer una chimenea económica, que desprenda calor pero no humo, aparece en el primer volumen de sus Essays Political, Economic and Philosophical (Londres, Cadell, 1796), pero las modificaciones, de mayor envergadura, realizadas en la cocina del general Tilney se basan en el ensayo «The Management of Fire and the Economy of Fuel» (3.ª ed., 1797, vol. II, pp. 1-196).

La campaña de promoción de la mejora de Rumford es igual de pública y más fechable por su singularidad que ningún disturbio. Y además es más propia de La abadía de Northanger, donde los sucesos del exterior acostumbran a ser acontecimientos mediáticos: Austen hace referencia de forma intencionada a hechos que da por sentado que comparte con los lectores porque han aparecido por extenso en los periódicos y revistas recientes. La abadía de Northanger contiene también muchas más alusiones literarias, y más librescas, que ninguna otra novela de Austen, y las fechas de las obras citadas constituyen un poderoso argumento para la tesis de que es en esencia una obra de finales de siglo. Salvo un par de referencias a obras de Edgeworth de 1800 y 1801, cada una de las alusiones a otros textos remite a publicaciones anteriores a 1800. La novelas góticas que enumera Isabella en Bath (6), y que según dice están haciendo furor, pertenecen todas al período de 1794-1799. Las que se mencionan más a fondo en la novela (esto es, las que Austen habría leído) incluyen una serie de obras de la década de 1780, algunas incluso anteriores; y las tres novelas góticas citadas, todas de Ann Radcliffe, se publicaron entre 1790 y 1794. Otros temas culturales de primer orden —como el pintoresquismo, la jardinería, la gestión de fincas y la modernización de edificios antiguos— son igualmente característicos de finales de siglo,

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