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LA PALABRA MáS SEXY ES Sí

Shaina Joy Machlus  

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Fragmento

Nota de la traductora

Decía Saramago que «la importancia que puede tener usar una palabra en vez de otra, aquí, más allá, un verbo más certero, un adjetivo menos visible, parece nada y finalmente lo es todo». Porque sea lo que sea lo que queramos expresar, si pretendemos ser exactos y transmitir un significado concreto y acotado, solo lo conseguiremos buscando y empleando las palabras acertadas. Por ello, cada día es más común el uso de términos impregnados de ética como «migrante», «diversidad funcional» o «persona racializada» para referirnos a ciertas condiciones y conceptos, ya que sus variantes anteriores eran, sencillamente, menos precisas. Este ejercicio de usar un lenguaje lo más inclusivo posible a menudo es tachado de «corrección política», pero, en realidad, buscar las palabras justas y apropiadas para expresar de la forma más rigurosa y rica posible aquello que queremos comunicar es algo que se ha hecho siempre, un ejercicio que forma parte intrínseca de la voluntad de comunicar un mensaje. Exactamente igual que cuando buscamos los adjetivos que mejor nos ayuden a describir nuestros sentimientos, el tiempo o el cuerpo de un buen vino.

No obstante lo anterior, en castellano, cuando nos enfrentamos a la articulación de un mensaje que va dirigido a todos los públicos, la mayor parte de las veces nos vemos forzados (y no forzadas: he aquí un ejemplo) a usar el género masculino, ya que, oficialmente, es este por defecto el género no marcado. También podemos jugar con el lenguaje, sobre todo cuando se trata de un texto escrito, para que una frase con la que se desea interpelar a mujeres, hombres y personas no-binarias no contenga términos referidos a personas en masculino y, en consecuencia, sea lo más inclusiva posible –del mismo modo que elegimos conscientemente usar «persona con movilidad reducida» en lugar de «paralítico»–. Con este fin, se emplean distintas técnicas, algunas de ellas mencionadas en la introducción de este libro.

Tal era el caso de la traducción de La palabra más sexy es sí, que debía realizarse de manera que el texto en castellano fuera lo más inclusivo posible, tanto por la naturaleza de su contenido como por la intención de fondo del texto. De este modo, para evitar el uso del masculino, el femenino y las fórmulas dobles –que perpetúan la dicotomía del binarismo de género–, en esta traducción hemos apostado por el uso de términos genéricos y construcciones gramaticales que nos permitieran no tener que aplicar sustantivos, adjetivos o pronombres masculinos (género no marcado) para referirnos a personas. En cambio, hemos decidido no emplear métodos nuevos –como el uso de la x, la e o la @– aún no reconocidos oficialmente.

El primer criterio para discernir si usar una palabra en masculino, femenino, aplicando una fórmula genérica o una construcción neutral ha sido el análisis del sujeto al que se refiere el término. Es decir, en los casos en los que una frase va dirigida a personas que se identifican como hombres, sobre todo hombres cis, hemos hecho uso del masculino; cuando hemos citado a una persona concreta, hemos buscado su identidad de género en Internet y hemos traducido la frase en consecuencia. En cambio, en frases que van dirigidas a todo el mundo o que hacen referencia a colectivos en los que hay o puede haber personas no-binarias y/o de cualquier género, hemos procurado que la construcción fuera lo más neutra posible.

Al referirnos a colectivos de personas hemos intentado encontrar y emplear términos genéricos. Por ejemplo, al hablar de «actores» y «actrices» hemos optado por usar sinónimos como intérprete y reparto; o criaturas para referirnos a «niños» y «niñas»; personal sanitario en vez de «médicos y enfermeras», o amistades para evitar decir «amigos». Y cuando no ha sido posible encontrar una fórmula genérica, hemos recurrido a otro recurso útil y fácil para neutralizar, que es emplear las palabras persona, personas o gente: las personas supervivientes en lugar de «los supervivientes»; la otra persona en vez de «el otro», o las personas con quien trabajas y no «compañeros y compañeras». En ocasiones también hemos recurrido a guías de lenguaje no sexista; en internet hay muchas y pueden resultar muy prácticas.

En cambio, en casos en los que la frase se refiere a todo el mundo, hemos tenido que echar mano de la imaginación para encontrar recursos gramaticales que nos permitiesen eludir el masculino. He aquí algunas construcciones que hemo

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