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LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN

Mark Twain  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Si uno de los índices para medir la grandeza de una obra literaria es su capacidad para mantenerse viva, sin dejar de crecer y de evolucionar a ojo de los lectores y soportando tanto críticas mordaces como alabanzas desmedidas, no cabe duda de que Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, es un gran libro. Ninguna otra novela estadounidense del siglo XIX ha experimentado tantos vaivenes en cuanto a reputación se refiere como esta en el transcurso de su larga vida. En constante reimpresión desde que fue publicada por primera vez a finales de 1884 en Inglaterra y a principios de 1885 en Estados Unidos, Huckleberry Finn ha sido objeto de todo tipo de calificativos, desde «una verdadera basura» hasta «la gran novela americana». Se la ha relegado a relato de aventuras juvenil y se la ha tildado de libro inapropiado para el público infantil. Ha sido etiquetada como obra racista y expulsada de las aulas y las bibliotecas escolares, y también como una de las más poderosas novelas antirracistas de todos los tiempos. Sobre ella se han escrito decenas de libros y miles de ensayos, artículos y editoriales. Incluso en el siglo XXI, ciento treinta años después de su creación, continúa suscitando enconados debates y abriéndose camino hasta los titulares mientras que no dejan de surgir nuevos descubrimientos, nuevas interpretaciones y teorías, así como nuevas acusaciones.

A simple vista, la novela no puede ser más sencilla. Huckleberry Finn, ambientada en la época de la esclavitud, antes de la guerra de Secesión, y narrada por Huck Finn, el «joven paria» de Las aventuras de Tom Sawyer (1876), es la historia de un niño que se une a un esclavo prófugo llamado Jim en su común búsqueda de la libertad. Huck quiere escapar de las restricciones de la sociedad respetable que le impone su virtuosa madre adoptiva, la viuda Douglas, y también de los malos tratos de su padre biológico, que lo echa a la fuerza de casa de la viuda. Jim, por su parte, huye del peligro inminente de ser vendido aguas abajo del Mississippi, lo que lo alejaría permanentemente de su mujer y sus hijos, y tiene la esperanza de llegar a un estado libre donde ganar dinero suficiente para redimir a su familia. Los fugitivos traban amistad mientras descienden en una balsa hacia Cairo, Illinois, donde esperan vender su medio de transporte y comprar unos pasajes para un vapor que remonte el río Ohio, hacia la libertad. Un contratiempo lleva a Huck y a Jim más allá de Cairo, adentrándose aún más en territorio esclavista. Lo que empezó como una historia de aventuras juvenil se transforma en un relato más propio de adultos a medida que Huck comprende las implicaciones de lo que está haciendo: ayudar a un esclavo negro a escapar de su propietario. El chico lucha con su conciencia mientras trata de entender cuestiones morales relativas a la libertad, la esclavitud y la dignidad humana. Jim y él se encuentran con toda una serie de personajes, la balsa llega al final de su largo viaje y entonces se produce otra transformación. Reaparece Tom Sawyer, el amigo de Huck, y el libro termina con el mismo espíritu de aventura juvenil con el que empezó.

Huck Finn, el narrador y protagonista de Huckleberry Finn, apareció por primera vez en el capítulo VI de Tom Sawyer. Allí es presentado como el «joven paria» del pueblo de Tom, San Petersburgo, como «hijo del borracho local»:

Huckleberry era cordialmente odiado y temido por todas las madres del pueblo, porque era vago, ordinario y malo, vivía al margen de la ley, y todos sus hijos lo admiraban, disfrutaban de su compañía prohibida y deseaban atreverse a ser como él. Tom era como el resto de los chicos respetables en lo de envidiar a Huckleberry su deslumbrante condición de proscrito, y había recibido órdenes estrictas de no jugar con él. En consecuencia, jugaba con él cada vez que tenía oportunidad.

Pese a ser casi un marginado social, Huck se convierte en el mejor amigo y aliado de Tom. Hacia el final de Tom Sawyer, lleva a cabo un acto de heroísmo que rivaliza con las más valientes hazañas de Tom. Así se gana la consideración de los habitantes del pueblo, y parece estar a punto de alcanzar la respetabilidad cuando la acaudalada viuda Douglas lo acoge en su confortable hogar. Sin embargo, no está satisfecho con su nueva condición, y ese sentimiento se arrastra hasta Huckleberry Finn.

En julio de 1875, nada más terminar Tom Sawyer, Mark Twain escribió a su íntimo amigo y confidente literario William Dean Howells para informarle de que había concluido la novela y de sus planes para publicarla. También dejó caer la primera insinuación de que iba a escribir la continuación, que se convertiría en Huckleberry Finn: «Pronto cogeré a un niño de doce años y lo pondré a vivir (en primera persona), pero no Tom Sawyer, que no sería un buen personaje». Lo que Mark Twain pretendía —y acabó logrando— era escribir una narración sobria y seca, libre de la clase de fantasías imaginativas que un personaje deseoso de llamar la atención como Tom Sawyer querría crear y también libre de juicios de valor y de comentarios omniscientes, como los del anónimo narrador adulto de Tom Sawyer. Esa novela es ante todo un libro juvenil narrado por un adulto, mientras que Huckleberry Finn acabaría resultando un libro de adultos narrado por un chico.

La cualidad más destacada de Huck Finn es, en palabras de Mark Twain, su «buen corazón», así como su empatía con otros seres humanos, incluso con los delincuentes. Su lucha moral se disputa entre su conciencia, que le dice continuamente que ayudar a un esclavo a escapar está mal, y su corazón, que le dice que ayudar a su amigo Jim es la mayor obligación. Incapaz de expresar la naturaleza de dicha lucha, Huck no puede sino constatar que alberga «sentimientos malos» incorregibles y que algún día podría incluso convertirse en un asesino, lo que le conduce a la conclusión de que acabará en el infierno.

Los comentarios de Huck sobre otras personas revelan que es inteligente y observador, pero no imaginativo. En general, describe lo que observa sin emitir juicios ni extraer conclusiones moralistas. Aunque suele carecer de sentido del humor, a menudo sus palabras resultan divertidas porque no encuentra el humor en lo que describe y en ocasiones malinterpreta por completo lo que ve. Un ejemplo llamativo es el episodio del circo, en el capítulo xxii, donde un hábil acróbata que aparenta estar borracho sale de entre el público y se abre paso hasta un caballo que da peligrosos brincos. Huck describe al público, que se ríe a carcajadas cuando parece que el supuesto borracho se dirige al desastre, pero él no encuentra nada gracioso en la escena porque teme por la seguridad del hombre. Después de que se quite la ropa y se revele como un artista circense experto y bien equipado, Huck traslada su preocupación al jefe de pista, al que cree humillado por la jugarreta del jinete, sin comprender que el espectáculo completo ha sido simplemente un número más. Muchos de los abundantes episodios humorísticos de la novela resultan aún más divertidos gracias a malentendidos parecidos, que serían imposibles si Tom Sawyer estuviera en el lugar de Huck. A diferencia de él, Tom comprendería qué sucede en realidad, analizaría lo que ve y haría un relato informativo, aunque desde luego menos interesante y conmovedor. Así pues, una parte fundamental de la grandeza de Huckleberry Finn radica en la elección por parte de Mark Twain de Huck como narrador.

La repentina aparición de su padre al final del capítulo iv introduce un tono inquietante en lo que hasta entonces era una historia relativamente ligera. «Papá», a quien el poeta inglés W. H. Auden describió como «un monstruo mayor y más horrible que casi todos los monstruos de ficción que me vienen a la cabeza», resulta aún más amenazador que el criminal indio Joe de Tom Sawyer. El hecho de que sea el padre de Huck lo vuelve aún más temible, porque dirige gran parte de su ira y de sus amenazas cargadas de violencia contra su propio hijo. En general, la cuestión de la esclavitud se considera fundamental en Huckleberry Finn, pero el papel del padre en el libro convierte el maltrato infantil en una cuestión esencial, un aspecto importante de la novela que, sorprendentemente, ha recibido escasa atención, pese a que el miedo de Huck a su padre es lo que lo empuja a escapar. Las familias sanas y sólidas son la excepción y no la regla en la obra de Mark Twain, pero este padre cruel y peligroso solo rivaliza con el padre de Tom Canty, el niño mendigo de El príncipe y el mendigo (1881). Como hijo del «borracho local», no es de extrañar que en Tom Sawyer se describa al propio Huck como «vago, ordinario y malo, y [que] vivía al margen de la ley». La capacidad para sobreponerse a sus vergonzosos orígenes es un impresionante tributo a la fuerza inherente a su carácter.

Durante los años posteriores a la publicación de Huckleberry Finn, el libro recibió un aluvión de críticas a causa de su lenguaje. Hasta entonces, la narrativa estadounidense acostumbraba a redactarse en un lenguaje formal y, por lo tanto, no demasiado natural. La buena escritura se equiparaba con el inglés elegante, lo cual significaba en concreto una gramática y una sintaxis correctas, así como la elección de palabras socialmente aceptables. Huckleberry Finn rompió con esa rígida tradición contando su historia a través de la voz de un chico observador pero inculto que vivía en lo que en esa época constituía la frontera del Oeste americano. El libro fue la primera novela estadounidense significativa narrada por completo en una lengua vernácula auténtica y con frecuencia ordinaria. Hecho patente desde la primera línea de la novela: «You don’t know about me, without you have read a book by the name of “The adventures of Tom Sawyer”, but that ain’t matter». Aquellos lectores refinados que lograron dejar atrás el uso arcaico de «without» como conjunción y el uso mayoritariamente condenado de la contracción «ain’t» en breve se enfrentarían a muchas más transgresiones del inglés apropiado.

El lenguaje ordinario no era el único aspecto de Huckleberry Finn que suscitaba las objeciones de los lectores elegantes. Para muchos, el comportamiento de Huck resultaba inadecuado con demasiada frecuencia y no convenía exponer a los niños a semejante ejemplo. A pesar de la empatía que mostraba hacia otras personas y sus impresionantes actos

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