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LIBERALISMO

Cristóbal Bellolio  

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Fragmento

Introducción

LA GRAN FAMILIA LIBERAL

Decirse liberal es como apellidarse Pérez. Hay muchos, aunque no todos son iguales. Están los Pérez de la costa y los Pérez del campo, los Pérez del sur y los Pérez del norte, los Pérez de clase media y los Pérez acomodados, y también están los Pérez de izquierda y los Pérez de derecha. Preguntar por los Pérez, entonces, implica preguntar por una familia grande y extendida. Para encontrar al Pérez que buscamos se requieren más detalles. Probablemente sea necesario proveer un segundo apellido: ¿Se busca a los Pérez González o a los Pérez Mackenna?

Lo mismo pasa con el liberalismo. Es una tradición de pensamiento que tiene componentes comunes, pero que se ha ramificado en distintas corrientes que subrayan algunos valores por sobre otros. A ratos, estas corrientes se expresan en momentos históricos determinados. Otras veces subyacen en teorías filosóficas y, de vez en cuando, inspiran proyectos políticos. Como sea, el liberalismo es una familia intelectualmente diversa. Por lo mismo, no es extraño que dos autodenominados liberales tengan problemas para reconocerse como parte del mismo clan familiar, en la medida que han optado por enfatizar ciertos principios por sobre otros de un amplio repertorio. Es lo que ocurre en la actualidad en las escaramuzas —primero académicas, hoy replicadas en redes sociales— por determinar quiénes son los «liberales verdaderos». En su versión más común, los liberales clásicos acusan a los liberales igualitarios o progresistas de ser prácticamente socialistas —tal como alguna vez hiciera Ludwig von Mises con sus camaradas de la sociedad Mont Pelerin, entre ellos nada menos que Friedrich von Hayek y Milton Friedman—, mientras que los liberales igualitarios —o High Liberals, como los bautizó sin modestia Samuel Freeman— se refieren despectivamente a los clásicos como neoliberales, cuando no derechamente como conservadores. El estatus de los libertarios dentro del linaje liberal también ha sido objeto de disputa. Mientras algunos consideran que cargan el gen auténtico de la familia por su lealtad al pensamiento de John Locke, otros —como el mismo Freeman— consideran que el libertarianismo no es una genuina visión liberal. En una opinión recurrente, se suele sostener que todas las vertientes de esta gran familia se encuentran básicamente de acuerdo en rechazar tanto el paternalismo físico como moral del Estado. Es decir, por un lado, están contra las normas que buscan proteger a las personas del daño que puedan causarse a sí mismas y solo justifican la coerción cuando se trata de proteger a terceros y, por otro lado, no aceptan que el poder político imponga una idea particular sobre la «vida buena», es decir, una idea particular sobre aquello que es especialmente valioso en la experiencia humana o hace que va

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