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LOS AñOS INVISIBLES (MAPA DE LAS LENGUAS)

Rodrigo Hasbún  

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Fragmento

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Allá lejos

Ve a Joan revisando otro estante, unos pasos más allá, y duda si acercarse a saludarla, si fingir que no se ha dado cuenta, si huir nada más. ¿Alguna vez aprenderá a ser más valiente? ¿Algún día sabrá seguir su instinto sin cuestionarlo de inmediato? Antes de que alcance a hacer nada, ella se voltea y lo ve.

‘Ladislao’, dice.

Hasta ese momento él nunca se ha preguntado cuántos años tendrá la nueva profe de inglés, pero no pueden ser muchos más de treinta por cómo viste fuera de clases, como recién llegada de un planeta en el que no es necesario combinar la ropa o donde existe una comprensión diferente de lo que eso significa. Él, en cambio, va aburrido con el pantalón gris y la camisa blanca que los obligan a usar en el colegio. Además del cabello largo, solo su walkman en la mano y los viejos audífonos que tiene puestos podrían evidenciar quién es.

Se los quita y Julián deja de gritar que el cielo está a punto de incendiarse y Xavi y Juancho dejan de darle como poseídos al bajo y la batería. Les ha prometido un video para esa canción, y por eso ha estado oyéndola mil veces, pero todavía no sabe sobre qué va a ser. ¿Sobre un grupo de humanos que apenas se mantienen en pie aunque en verdad quisieran caerse nada más, caerse para no ser vistos, por ejemplo por sus profesoras? ¿Sobre esos mismos humanos arrastrándose por el suelo, en ese videoclub o en un bosque interminable o donde sea, como si no fueran los animales que ganaron sino los que perdieron? ¿Algo así de bizarro podría funcionar?

‘Hola, Joan’, responde mientras sus manos enroscan los audífonos alrededor del walkman, que luego guardan en el bolsillo de la mochila.

‘¿Qué haces todavía… in uniform?’, pregunta ella.

Él le cuenta que después del colegio tenía que ir a comprar cintas para su cámara al Miamicito, en la Cancha, y que a la vuelta se metió en un cine donde estaban pasando una película que le interesaba ver.

‘¿Y ahora rentas otros?’

‘Eso parece’, dice, y añade que ver pelis le encanta y que quiere ser cineasta, si algo sabe es justamente eso.

‘Wow’, dice Joan con su acento gringo, ‘qué bueno que tienes las cosas claros desde tan pronto. So I’m looking at the next Spielberg then?’

‘¿Tú qué estás sacando?’

‘Uno para ver mañana en clase con ustedes.’

Él examina la tapa. Se nota que es una película convencional, una más entre cincuenta mil otras, pero prefiere no decirlo así como prefirió no aclarar que lo último que le gustaría ser es el próximo Spielberg. El cine no es Spielberg. Ni siquiera es Kubrick el cine. Es Cassavetes y Jarmusch y, quizá, sobre todo Mekas. En las vacaciones ha visto las pelis que el viejo judío tiene de ellos y son esas pelis las que lo han convencido de que quiere ser parte de su estirpe, la de los cineastas que laburan con los amigos y a veces sin un peso de por medio, la de los que no dejan de jugar ni cuando ya se han vuelto viejos.

‘Yo estoy llevando estas.’

Se las pasa a Joan.

‘Cine asiático’, aclara, aunque sea obvio por las letras.

‘¿Vas a ver uno ahora?’

‘Sí, la de aquí. Qué buen nombre, ¿no?’

‘…’

‘Happy Together, como la canción.’

‘¿Quieres verlo juntos?’

Ambos sonríen ante la pregunta y algo raro sucede entonces, cuando sus miradas se cruzan. Aunque Ladislao la haya visto en el colegio tantas otras veces, es como si atisbara recién qué lleva dentro Joan.

‘M

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