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LOS COMENTARIOS REALES Y OTROS TEXTOS

INCA GARCILASO DE LA VEGA  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

1. NUEVO ELOGIO

En 1916, conmemorando el tricentenario de la muerte del gran cronista, el historiador y crítico literario José de la Riva Agüero pronunció un célebre «Elogio del Inca Garcilaso». Esta pieza tuvo una enorme influencia en varios de los mejores garcilasistas del siglo XX, entre quienes sobresalen Raúl Porras Barrenechea, Aurelio Miró Quesada Sosa y José Durand. Riva-Agüero ungió a Garcilaso como símbolo del mestizaje armonioso y fecundo; defendió su veracidad como historiador y su aceptación de la herencia cultural cristiana y occidental.

Un siglo después, se requiere un nuevo elogio, que matice el mestizaje, la veracidad, el cristianismo y la occidentalización de Garcilaso. Resulta necesario subrayar su condición andina, su postura anticolonial y su habilidad para insertar en sus escritos un discurso disidente, que burla la censura de su tiempo. Repárese en que él se las ingenió para publicar sus escritos, mientras que todos los textos que pueden rivalizar con los suyos, e incluso superarlos como depositarios de la cosmovisión andina —el manuscrito quechua de Huarochirí, Guamán Poma, Pachacuti Salcamaygua, Betanzos y Murúa— fueron conservados inéditos hasta los siglos XIX-XX.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Nuestro Garcilaso reclama una lectura atenta e informada de su contexto histórico-cultural, ya que uno de los rasgos que más tipifica a los grandes escritores es la profundidad y originalidad con que sintetizan su época y su sociedad, erigiéndose en expresión privilegiada de ambas. Y como en una época y en una sociedad siempre se entremezclan factores y tendencias diversas, a la par que la herencia múltiple y heterogénea del pasado que las ha hecho posibles, dichos escritores muestran una riqueza de elementos y una complejidad prácticamente inagotable para el análisis. De ahí que soporten, e inclusive reclamen, los enfoques y las interpretaciones más disímiles.

Esto puede constatarse con gran nitidez en el caso del Inca Garcilaso, por tratarse de un escritor capital nacido en una época de transformaciones radicales en su suelo natal —básica para la configuración del Perú— y de excepcional dinamismo creador en la Europa que él hizo suya, caracterizada por el Humanismo, el Renacimiento, la Contrarreforma, el Manierismo, el Barroco, los imperios ultramarinos, la expansión comercial y capitalista, etc., al abrigo del periodo más fecundo que haya conocido el genio hispánico: el Siglo —o los siglos— de Oro.

Sin embargo, en la abundante bibliografía garcilasista, realzada por figuras prominentes —Marcelino Menéndez y Pelayo, Ramón Menéndez Pidal y Arnold Toynbee—, predominan las visiones parciales, limitadas a una sola faceta del Inca. Estas merman —y a veces distorsionan— su grandeza de autor complejo, que tuvo una visión totalizadora —del ser humano, la sociedad, la historia, etc.— llena de sutilezas y matices, en varios casos pionera o precursora de cuestiones medulares para el Perú y América, así como para el desarrollo de la ciencia historiográfica y la prosa literaria.

Así, algunos subrayan en exceso sus raíces andinas —por ejemplo, Luis E. Valcárcel—; otros, su asimilación de lo hispánico y europeo —Juan Bautista Avalle-Arce, Menéndez y Pelayo, Menéndez Pidal, Enrique Pupo-Walker y Roberto González Echevarría—, sin aquilatar en toda su riqueza el mestizaje biológico y cultural, la idea de una nación integrada por «indios, mestizos y criollos». Por otro lado, la veracidad histórica y la textura literaria de sus libros se encara sin tener en cuenta las pautas de la historiografía, la retórica y la poética de los siglos XVI-XVII. Se ha enfatizado, por ello, en el fondo de utopía —Menéndez y Pelayo— o relato épico —Ventura García Calderón— de los Comentarios reales o La Florida, hasta debilitar su condición primera y nuclear de obras históricas, confeccionadas con rigor y espíritu crítico admirables en su contexto histórico-cultural.

Con relación a lo último, la gran transformación operada en la historiografía a partir del siglo XIX ha generado que varios especialistas —estimables por sus aportes personales, pero descaminados al juzgar a un historiador formado en el siglo XVI, como Garcilaso— rebajen o nieguen su valor como fuente histórica. Leído con sus pautas histórico-culturales, Garcilaso sobresale por su maestría literaria —admitida por todos—, pero también por su honestidad intelectual, su espíritu crítico ante las fuentes que maneja y su hondura interpretativa, con visos de genialidad para los procesos históricos vistos a mediano y largo plazo, y sin dejar de lado los factores religiosos, etnológicos, lingüísticos, geográficos, económicos, políticos, científicos, técnicos, artísticos, etc.

Podemos, entonces, constatar los siguientes méritos sobresalientes del Inca Garcilaso:

En su experiencia vital y sus obras encarna por primera vez la fusión de la tradición indígena y la cultura occidental, erigiéndose como símbolo del Perú, como lo expresa R. Porras Barrenechea: «Es no solo uno de los primeros mestizos americanos sino que es, espiritualmente, el primer peruano [...] La síntesis original y airosa de este sorprendente connubio histórico son los Comentarios reales. Con ellos nace espiritualmente el Perú» (Los cronistas del Perú, p. 391). Además, Garcilaso poseyó una intuición genial de la nacionalidad peruana, que le permitió esbozar un primer proyecto nacional capaz de integrar todos los componentes sociales del Perú —indios, mestizos y criollos, más algunas alusiones a negros y mulatos— en el amor al país y el rechazo de la dominación colonial. Como tal, influenció el proceso emancipador de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, como está documentado en la rebelión de Túpac Amaru II, el mensaje de Juan Pablo Viscardo y Guzmán en la Carta a los españoles americanos, y la disposición del general José de San Martín de editar y difundir los Comentarios reales.
Durand ha subrayado que la meta de Garcilaso fue dar «a conocer al universo nuestra patria, gente y nación», con lo que se adelantó a lo que sería el sentimiento de nacionalidad en el siglo XVIII, porque en el XVI no estaba cuajada la idea moderna de nación. También ha mostrado cómo Garcilaso se decide por escribir el nombre de su patria como Perú y no Pirú, variante difundida antes: «El nombre del Perú que decimos, usamos ahora, se lo debemos al Inca Garcilaso [...] la autoridad enorme y el prestigio sin límites que tuvo el Inca Garcilaso de la Vega en el Perú y en España, hace que prevaleciera la forma Perú» (en Nuevos estudios..., p. 157; cf. también El Inca Garcilaso, clásico de América, pp. 85-86 y 148-160).
Examinemos ahora el análisis de Carlos Araníbar, quien sostiene lo siguiente:

Aparte dos instantes retóricos [¿solo retóricos?] a que obliga el discurso —textos dialógicos en memorias de adolescencia— siempre la óptica de los Comentarios es europea. El plano del narrador es externo al asunto andino y jamás se confunde con él: «aquellos indios», «los indios», «esos indios». El lector no verá cercanía, mucho menos identificación. Ni cabe exigirlas. Los amores del cuzqueño son por la desvanecida sociedad de los Incas, por un illo tempore que convoca con ingenio y gracia (Araníbar, tomo II, p. 746).
Araníbar hace notar pasajes en los que Garcilaso habla desde la óptica de un español: «un soldado como yo», «los nuestros poseen» (refiriéndose a los dominios españoles), «nuestros indios cazadores». Replicaríamos a Araníbar que, aunque es cierto que en esos pasajes va implícita una mirada española, Garcilaso nunca se proclamó «español», mientras que se definió muchas veces como «indio» e «Inca», y, «a boca llena», mestizo.
Lo que ocurre es que Garcilaso tiene la perspectiva elitista de un aristócrata. Valora la realeza incaica y la nobleza española, conceptuando en un plano inferior no solo a los indios comunes, sino también a los españoles plebeyos —como la criada que fue su amante o concubina—, sin duda a los moriscos y, no se diga, a los negros —llegó a adquirir un esclavo mulato en 1568 y una esclava morisca en 1571—. Por eso no reconoció al hijo natural que tuvo con una criada; juzgaba diferente su caso, el de un hijo natural engendrado por un noble español en una princesa incaica. De hecho, esa óptica hace que, aceptando la realidad de la dominación española, abogue por una élite mestiza indohispana que tenga primacía en el Perú.
Cada vez somos más los garcilasistas —Pease, Chang-Rodríguez, López-Baralt y Mazzotti— que comprobamos la validez del dictamen de José Carlos Mariátegui, en sus 7 ensayos: «Garcilaso es más inka que conquistador, más quechua que español».
Se impone copiar el pasaje en el que Garcilaso se declara claramente mestizo, sin ocultar el uso despectivo de dicha palabra en el Perú, aparte de que, conforme explica Durand, con el virrey Toledo la situación del mestizo se volvió deplorable:

A los hijos de español y de india o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias, y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena, y me honro con él. Aunque en Indias, si a uno de ellos le dicen «sois mestizo» o «es un mestizo», lo toman por menosprecio Comentarios, parte primera, libro IX, capítulo XXXI).
Garcilaso desecha ese vocablo despectivo en los títulos, proemios y protestaciones de sus libros, para proclamarse indio e Inca. No lo hace porque quiera reconocer solo su lado indígena —eso cree Luis E. Valcárcel— ni tampoco por usar un recurso de «humildad» o de «defensa» para solicitar la venia del lector ante los defectos de sus obras —así piensa Avalle-Arce—. Fácilmente podríamos citar textos en los que Garcilaso se muestra orgulloso de su padre y su lado español, y convencido de la calidad histórica y literaria de sus escritos. Lo que pasa es que en sus páginas el término español designa al extranjero de España, frente a los peruanos —nacidos o arraigados en nuestro suelo, con amor a lo nuestro—, en orden de importancia patriótica: indios, mestizos y criollos; ese orden tendrán, también, para Túpac Amaru, mientras que el criollo Viscardo lo modificará por el de criollos, indios y mestizos. Además, el nombre que elige para sí mismo es mestizo: Inca, por un lado, y Garcilaso de la Vega, por el otro; una denominación puramente indígena hubiera sido Inca Chimpu Ocllo.
Y, si tuviéramos que sintetizar su valoración de las herencias indígena y española, diríamos que Garcilaso defiende la superioridad de la organización incaica en los aspectos social, político, económico, jurídico y moral; junto con la superioridad de la religión, la filosofía, la ciencia, la técnica, la literatura y el arte traídos de Europa. Su postura con relación a la lengua es muy matizada: aboga por el uso del quechua, útil para la evangelización, pero también un idioma de enormes recursos expresivos, íntimamente ligado a la cosmovisión andina —y, como tal, digno de preservarse y desarrollarse—, aunque comprende la necesidad de conocer el español y el latín para cultivarse espiritual e intelectualmente. En general, insiste en la capacidad de los indios y mestizos —la de los criollos, por ser de raíz española, está descontada— para asimilar la superioridad religiosa e intelectual de Europa, y aplicarla al desarrollo de un Perú soñado, con un gobierno autónomo y patriótico, y no un virreinato que succione las riquezas nacionales para beneficio de la metrópoli peninsular. También intuyó la unidad de América: el Nuevo Mundo como la patria grande. Basta pensar en La Florida del Inca, dedicada a una expedición en América del Norte, o en los primeros capítulos de la primera parte de los Comentarios reales.
Garcilaso se muestra americanista, confiado en el futuro —debidamente fructificado por la evangelización y la asimilación de la cultura europea— de América del Norte, del Centro y del Sur. Su horizonte es, pues, más vasto que el bolivariano, y sin el objetivo imperialista de la doctrina Monroe de los norteamericanos. Garcilaso fue el primer escritor nacido en América que publicó libros de relieve: primicia espiritual de América. Durand lo define como el primer clásico de América Latina, solo comparable, en el período colonial, con los mexicanos Juan Ruiz de Alarcón y Sor Juana Inés de la Cruz. Juzgado como narrador; se yergue como «el primer gran narrador hispanoamericano, con todo lo que esa aseveración implica [por su maestría narrativa y su atención a la realidad conflictiva del mundo americano]» (E. Pupo Walker, La vocación literaria del pensamiento histórico en América, Madrid, Gredos, 1982, p. 97). Otro mérito del Inca es el de ser «El primer gran humanista, además, nacido en tierra americana» (Durand, El Inca Garcilaso, clásico de América, p. 137). Arocena, Miró Quesada y Avalle-Arce, amén de Durand y Araníbar, han probado lo sustancial que resulta la formación de Garcilaso dentro del Humanismo —más ligado al Renacimiento que al Barroco, y bajo la órbita de los jesuitas y la Philosophia Christi, que postula el gobierno de un «príncipe cristiano»—, para entender su concepción de la historia, la literatura y el buen gobierno. Su ideal de gobernante bebe de El príncipe cristiano (1595), del jesuita Pedro Rivadeneira, opuesto al propugnado por Maquiavelo en El príncipe. Araníbar detalla que las virtudes que Garcilaso atribuye a sus idealizados reyes incas corresponden a esa visión contrarreformista del gobernante ideal: piadoso —en el sentido de ‘religioso’, ‘pío’——, clemente, magnánimo, justo, manso, prudente, etc. (tomo II, p. 769).
Resulta característico del humanismo el que Garcilaso se esmere en la traducción y sea consciente del papel de lo lingüístico en el conocimiento y la conformación de un pueblo, vinculando agudamente lengua, sociedad e historia. Cerrón-Palomino lo considera «el iniciador de la lingüística peruana, y más específicamente, como el primer gramático de ascendencia quechua».
Resaltemos, también, el gusto de los humanistas por elaborar utopías, al modo de La República de Platón. Garcilaso conferirá una atmósfera de utopía al Tahuantinsuyo. Su versión del incanato influirá fuertemente en el pensamiento utópico de Europa, así como en la conformación de la «utopía andina» —Flores Galindo— o la «nostalgia imperial» —para usar una expresión de César Vallejo, en Los heraldos negros—. De distinta manera, el socialismo de Mariátegui, el APRA de Haya de la Torre, el «Perú profundo» de Basadre, y el «Perú como doctrina» de Fernando Belaunde Terry se nutren de la imagen garcilasista del Tahuantinsuyo, la cual fulge como verdadera, aunque hermoseada por recursos tomados del humanismo utópico. Finalmente, y primeramente, Garcilaso fue un historiador genial. No solo un cronista, un comentarista de crónicas ajenas o un analista agudo, sino un historiador interesado por todos los aspectos de la vida humana, y perspicaz para los grandes temas y procesos históricos. En visión a mediano y largo plazo, ningún cronista de Indias puede comparársele. Únicamente a nivel de detalles y observaciones precisas algunos —Cieza de León, Acosta o Guamán Poma, por ejemplo— lo superan. Y cabe preguntarse si algún historiador peruano posterior ha sabido, como él, acertar en las intuiciones a mediano y largo plazo.

Lo principal en Garcilaso es su vocación de historiador. Si convoca la filosofía, la literatura, la utopía, la lingüística, etc., lo hace al servicio de su labor historiográfica. Su labor se enmarca en los modelos de los grandes historiadores griegos, romanos e italianos, pautada por la retórica y la poética de los siglos XVI-XVII que propendían al ideal de un historiador filósofo, poeta, lingüista o utopista (ejemplar para la moralidad y la política).

El Inca asimiló lo mejor y lo más avanzado de la historiografía de su tiempo: Francesco Guicciardini, Lorenzo Valla, Leonardo Bruni, Jean Bodin, Juan Luis Vives, Giovanni Botero, etc. Además, acumuló datos en su mayoría de primera mano u obtenidos de fuentes de primer orden sobre los aspectos más diversos de la historia del Perú. Por ello, en todos estos rubros resulta pionero o precursor: etnología y antropología, lingüística, geografía —según J. Pulgar Vidal, percibió que había más de tres regiones naturales—, ciencias naturales —los botánicos Poepping y Endlicher denominaron Garcilassa rivularis a una especie de Huánuco—, sociología y economía —Carlos Manuel Cox dice lo siguiente: «Una interpretación económica de la historia, que juzgo de lo más avanzado y original de su genio dentro de su época [...] tiene, para mí, un puesto de primera línea en la evolución del pensamiento económico mundial» (Utopía y realidad en el Inca Garcilaso, Lima, U. San Marcos, 1965, pp. 47-48).

2. CRONOLOGÍA

AÑO

AUTOR-OBRA

HISTORIA

CULTURA

1539

Nace el 12 de abril, en el Cuzco. Lo bautizan como Gómez Suárez de Figueroa. Hijo natural del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas y de la princesa incaica Isabel Chimpu Ocllo.

Hernando de Soto inicia su expedición a la Florida. Gonzalo Pizarro parte en busca del País de la Canela.

Francisco de Vitoria defiende el derecho de los indios a sus bienes en Relectio de indis (apéndice: Carta magna de los indios).

Fray Marcos de Niza escribe Relación del descubrimiento de las siete ciudades, en la que sostiene que en el sudoeste de Norteamérica abundan el oro y la turquesa.

1540

Francisco Vásquez de Coronado busca Cíbola, una de las siete ciudades de Norteamérica descritas por fray Marcos de Niza.

Se funda la Compañía de Jesús, la orden de los jesuitas creada por San Ignacio de Loyola.

Mueren Juan Luis Vives y Francesco Guicciardini.

1541

Diego de Almagro, el Mozo, asesina a Francisco Pizarro.

Probablemente nace el Greco.

1542

Carlos V dicta las Nuevas Leyes, que abolen las encomiendas y reglamentan el trabajo indígena. Gonzalo Pizarro se rebela contra dichas leyes. Francisco de Orellana —a órdenes de Gonzalo Pizarro, en pos del País de la Canela— descubre el río Amazonas. Diego de Almagro, el Mozo, es derrotado y muerto. Muere Hernando de Soto en la Florida.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca escribe Relación (sobre la infortunada expedición, en 1527, de Pánfilo de Narváez a la Florida).

Muere Juan Boscán.

Nace San Juan de la Cruz.

1543

Llegan a México los sobrevivientes de la expedición de Hernando de Soto. Varios, entre ellos Gonzalo Silvestre, se trasladan al Perú.

Se publican las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega.

Fernán Pérez de Oliva escribe Crónica general de España;

Copérnico, De revolutionibus orbium, caelestium; y Vesalius, De corporeis humani fabrica.

1544

Los almagristas asesinan a Manco Inca, en Vilcabamba. Le sucede como inca su hijo Sairi Túpac.

Blasco Núñez de Vela, primer virrey del Perú, es decapitado por los rebeldes de Gonzalo Pizarro.

Sebastián Caboto escribe Mapamundi. Nace Torcuato Tasso.

1545

Su ayo, Juan de Alcobaza, le enseña a leer y escribir en español.

Se inaugura el Concilio de Trento. Se descubren las minas de Potosí. Comienzan a llegar al Cuzco pintores europeos.

Entre 1545 y 1550 nace Blas Valera en Chachapoyas.

Pedro Mexía escribe su Historia imperial y cesárea; y Calvino, el Catecismo.

1546

Rabelais escribe el Tercer libro de Pantagruel.

Mueren Francisco de Vitoria, Martín Lutero, Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia.

1547

Según algunos cronistas, Gonzalo Pizarro se salva, en la batalla de Huarina, gracias al caballo que le presta el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega.

Muere Hernán Cortés.

Nacen Miguel de Cervantes y Mateo Alemán.

1548

Gonzalo Pizarro es derrotado y muerto.

San Ignacio de Loyola escribe Ejercicios espirituales.

1549

Obedeciendo a disposiciones de la corona, su padre se casa con la española Luisa Martel de los Ríos. Su madre se casa con Juan del Pedroche, un español sin títulos nobiliarios. Garcilaso permanece en la casa paterna, pero no deja de visitar a su parentela materna.

Llega al Perú la Real Cédula que abole el servicio personal de los indios. Luis Cáncer de Barbastro fracasa en su intento de catequizar la Florida.

1550

En Valladolid, fray Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda polemizan sobre las Indias.

1551

Se funda la Universidad de San Marcos.

1552

Estudia latín con Juan de Cuéllar, canónigo de la catedral del Cuzco. Un compañero suyo es hijo de la dama de compañía de la esposa de Hernando de Soto.

Francisco López de Gómara escribe Historia general de las Indias y conquista de México; y fray Bartolomé de Las Casas, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

1553

Francisco Hernández Girón se rebela en el Cuzco. También lo hacen los araucanos. Miguel Servat es ejecutado en la hoguera.

Pedro de Cieza de León escribe la primera parte de Crónica del Perú.

Muere Rabelais.

1554

Sirve de escribiente (1554-1556) a su padre, quien era corregidor y justicia mayor del Cuzco.

Pedro de Valdivia muere combatiendo a los araucanos.

Hernández Girón es ajusticiado en Lima.

Un anónimo escribe Lazarillo de Tormes.

1555

Agustín de Zárate escribe la Historia y descubrimiento del Perú;

y Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Relación y comentarios.

1556

Carlos V abdica en favor de su hijo Felipe II.

Fray Luis de Granada escribe Guía de pecadores.

Muere San Ignacio de Loyola.

1557

Se organiza una expedición contra los araucanos; Caupolicán es ajusticiado.

1558

Fray Domingo de Santo Tomás pide la abolición de las encomiendas y que se prohíba a los españoles establecerse en el Perú. Isabel, reina de Inglaterra, restaura la Iglesia estatal anglicana.

Muere Carlos V.

Juan Diez de Betanzos termina Suma y narración de los incas, que recién se publica en 1880.

1559

El 18 de mayo muere su padre en el Cuzco. En su testamento lo reconoce como su hijo natural y le deja «cuatro mil pesos de oro y de plata» para que vaya a estudiar a España.

Fracasa la expedición de Tristán de Luna y Arellano a la Florida.

1560

El 20 de enero parte del Cuzco rumbo a España. Su ruta comprende Lima, Panamá, Cartagena de Indias, La Habana, las Islas Azores y Lisboa. Un marinero portugués lo salva de un peligroso percance.

Comienza el Taqui Onqoy, movimiento mesiánico indígena de resistencia religiosa (1560-1572). Muere el Inca Sairi Túpac; le sucede Titu Cusi Yupanqui.

Los indios piden al rey que prohíba las encomiendas.

Fray Domingo de Santo Tomás escribe Lexicón o vocabulario de la lengua general del Perú y Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú.

Jerónimo de Loayza escribe Aviso para confesores, en el que pide que les restituyan sus tierras a los indios.

1561

Llega a Sevilla. Va a Extremadura, para conocer a sus parientes paternos. Reside en Montilla, bajo la protección de su tío Alonso de Vargas y Figueroa, hermano de su padre. Fracasa en sus gestiones (1561-1563) ante la corte de Madrid.

Felipe II traslada la capital a Madrid. Se promulgan las ordenanzas mineras para el virreinato del Perú.

Lope de Aguirre se rebela.

Guicciardini escribe Historia de Italia.

Nacen Luis de Góngora y Francis Bacon.

1562

El hugonote francés Jean Ribault intenta colonizar la Florida.

Nace Lope de Vega.

1563

Desengañado, primero solicita permiso para regresar al Perú, pero luego opta por permanecer en Montilla. En una partida de bautismo, el 17 de noviembre firma «Gómez Suárez de la Vega». Cinco días después, en otra partida, «Garcilaso de la Vega».

1564

Termina el Concilio de Trento.

Pío IV publica el primer Index Librorum Prohibitorum. Juan Carlos Sarraceno traduce al latín los Diálogos de Amor de León Hebreo.

Nacen Shakespeare y Galileo.

1565

Españoles —incluyendo misioneros jesuitas— y franceses protagonizan la destrucción de ciudades y masacres en la Florida.

1566

Se realiza una nueva recopilación de Leyes de Indias.

Jean Bodin escribe Methodum ad facilen historiarum cognitionem.

Muere fray Bartolomé de Las Casas.

1568

Compra un esclavo mulato de 11 años, el cual escapa poco después.

Se rebelan los moriscos en las Alpujarras. Los jesuitas llegan al Perú.

Se celebra el Segundo Concilio de Lima, para implementar las decisiones de Trento.

Guedella Yahía realiza la primera traducción al español de los Diálogos de Amor de León Hebreo. La Inquisición mexicana condena la pintura de la Virgen María hecha por Simón Pereyns.

1569

Juan de Austria combate a los rebeldes moriscos en las Alpujarras. La Inquisición se establece en el Perú.

Alonso de Ercilla escribe la primera parte de La araucana.

1570

Pelea contra los rebeldes moriscos en las Alpujarras. Recibe el grado de capitán. Los siguientes 15 años firmará «Capitán Garcilaso de la Vega», en completa identificación con su padre.

Titu Cusi Yupanqui dicta su Instrucción.

Nace Diego de Hojeda.

1571

Muere su madre en el Cuzco. Regresa de las Alpujarras a Montilla, llevando una esclava morisca.

Se produce la batalla de Lepanto.

En el Perú, las minas de Huancavelica son incorporadas a la corona. El virrey Toledo ordena reducciones de pueblos. Muere el inca Titu Cusi Yupanqui; le sucede Túpac Amaru.

Diego de Fernández, el Palentino, escribe su Historia del Perú.

1572

Se organiza una campaña contra los incas de Vilcabamba. El virrey Toledo ejecuta en el Cuzco a Túpac Amaru, el último inca.

Los misioneros jesuitas abandonan la Florida.

En Francia se produce la Noche de San Bartolomé.

Pedro Sarmiento de Gamboa escribe Historia indica, que recién es editada en 1906; Pedro de Ribadeneyra, la Vida de San Ignacio; y Camões, Los lusiadas.

1573

En Lima se celebra el primer auto de fe.

1575

Ambrosio de Morales escribe Antigüedades de las ciudades de España.

1577

En la Universidad de San Marcos se crea la cátedra de quechua.

1578

Ercilla escribe la segunda parte de La araucana.

1580

Portugal se incorpora a España.

Tasso escribe Jerusalén libertada; y Montaigne, sus Ensayos.

Nace Francisco de Quevedo.

1581

Muere Camões. Nace Juan Ruiz de Alarcón.

1582

Micer Carlos Montesa realiza la segunda traducción al español de León Hebreo, titulada Philographia universal de todo el mundo.

Muere Santa Teresa de Jesús.

1583

Felipe II deja Portugal.

Fray Luis de León escribe De los nombres de Cristo; y Fray Luis de Granada, Introducción al símbolo de la fe.

1584

Se introduce la imprenta en Lima.

Se publica el primer impreso limeño: Doctrina cristiana y catecismo para instrucción de los indios.

Juan Polo de Ondegardo escribe Tratado y averiguación sobre los errores y supersticiones de los indios.

1585

Cervantes escribe La Galatea, que contiene el Canto de Calíope, en el que elogia a los escritores de Indias.

Nace Antonio Ruiz de Montoya.

1586

Usa por primera vez el título de «Inca» al fechar, el 19 de enero, la dedicatoria de su traducción de León Hebreo. Hereda los bienes de su tío Alonso de Vargas.

Ercilla escribe la tercera parte de La araucana.

Se publica Arte y vocabulario en la lengua general del Perú llamada quechua.

1587

Entre 1587 y 1589 se entrevista, en Las Posadas, con Gonzalo Silvestre —quien fallecería en 1592— para informarse sobre la expedición de Hernando de Soto a la Florida.

Se concreta el primer establecimiento inglés en Norteamérica.

1588

La Armada Invencible es derrotada.

Santa Teresa de Jesús escribe Las moradas y Camino de perfección.

Muere Fray Luis de Granada.

1589

Termina el primer bosquejo de La Florida del Inca.

Juan de Castellanos escribe la primera parte de Elegías de varones ilustres de Indias.

1590

Publica Traducción del indio de los tres diálogos de Amor de León Hebreo.

José de Acosta escribe la Historia moral y natural de las Indias.

1591

Se muda a Córdoba, donde frecuenta a humanistas destacados, en particular jesuitas. Por entonces, consigue Peregrinaciones de Alonso de Carmona, quien participó en la expedición de De Soto.

Se promulga una real cédula que autoriza la «composición de tierras» en el Perú.

En el Perú, Enrique Garcés traduce al español a Petrarca y Camões.

Mueren Fray Luis de León y San Juan de la Cruz.

1592

Encuentra un manuscrito de Juan de Coles sobre la expedición de De Soto, en la que este participó. Revisa y da forma a un segundo bosquejo de La Florida del Inca. En una carta dirigida a Juan Fernández Franco aborda el tema de su formación literaria.

Pedro de Ribadeneyra escribe la Vida del padre Francisco de Borja.

Muere Montaigne.

1593

Alrededor de este año inicia sus relaciones con su sirviente, Beatriz de la Vega, con quien tuvo un hijo, Diego de Vargas.

1595

Estalla la guerra entre España y Francia.

Pedro de Ribadeneyra escribe El príncipe cristiano; y Ginés Pérez de Hita, la Historia de los ... caballeros de Granada, y de las guerras que hubo en ella.

Muere Torcuato Tasso.

1596

Fecha el opúsculo Relación de la descendencia del famoso Garci Pérez de Vargas —que recién se publicó en 1929—, escrito genealógico sobre sus ancestros. Fue desgajado de la primera dedicatoria que proyectó para La Florida del Inca.

El jesuita Juan de Pineda, quien lo juzgaba apto en cuestiones bíblicas y religiosas, le sugiere devolver su sentido espiritual a Lamentaciones de Job, obra de un pariente lejano de Garcilaso, el poeta Garci Sánchez de Badajoz, pero el proyecto no prospera.

Pedro de Oña escribe Arauco domado; y Kepler, Misterium cosmographicum.

Nace Descartes.

1597

Figura como «clérigo» en una escritura, sin que sepamos cuándo tomó el hábito eclesiástico. Nunca pasó de las órdenes menores.

Juan de Pineda escribe sus Comentarios al Libro de Job; Francisco Suárez, Disputationes metaphisicae; y Francis Bacon, Ensayos.

1598

Entre 1597 y 1598 sus amigos jesuitas le permiten consultar la Historia del Perú que Blas Valera escribió en latín, así como la información que poseían sobre el Perú: vocabularios quechuas y cartas anuas.

Muere Felipe II, le sucede Felipe III.

Finaliza la guerra de España contra Francia.

Juan de Oñate coloniza Nuevo México y recorre California.

Blas Valera muere en 1597 (Valladolid) o en 1598 (Málaga).

Luis Jerónimo de Oré escribe Symbolo catholico.

Lope de Vega escribe La Arcadia y La dragontea.

Nace Zurbarán.

1599

Juan de Mariana escribe De rege et de regis institutione; Mateo Alemán, la primera parte de Guzmán de Alfarache; y Lope de Vega, El Isidro.

Nace Velásquez.

1600

Shakespeare escribe Hamlet.

Nace Calderón de la Barca.

1601

La corte se traslada a Valladolid.

Juan de Mariana escribe Historia general de España.

Nace Gracián.

1602

Diego Dávalos y Figueroa escribe Miscelánea austral; Lope de Vega, Rimas y La hermosura de Angélica; Campanella, la Ciudad del Sol; y Galileo, las Leyes de las caídas de los cuerpos.

1603

Muere Isabel I de Inglaterra.

Ludovico Bertonio escribe el Arte y gramática de la lengua aymara.

El corral de comedias del Hospital de San Andrés se presenta en Lima.

1604

Se establece la paz con Inglaterra.

Bernardo Balbuena escribe Grandeza mexicana; Lope de Vega, Comedias y El peregrino en su patria; y Mateo Alemán, la segunda parte de Guzmán de Alfarache.

1605

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