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MARTINA CHUPA POR CHILE

Martina Cañas  

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Fragmento

Siempre hay un mañana.

Llegó ese fatídico momento que ocurre en la vida de todas las personas que nos creemos forever young. Un antes y después. Un punto inexacto entre la juventud divino tesoro, ¿quién se raja con un chimbombo?, y la señoritud ubícate, weona, no puedes mezclar ni bajar los grados de alcohol.

Un día cualquiera despiertas con caña y te quedas así para siempre. Para siempre.

Advertencia: el primer síntoma es que cada vez cuesta más reponerte después de un carrete. En mi caso pasé de tomar medio litro de agua apenas abría las pepas, a tomar una garrafa y zamparme una olla de fideítos sazonados con siete tiras de paracetamol y sertralina, maridados, oportunamente, en 330cc de enjuague bucal azul.

El segundo síntoma es que un día gastas todos tus ahorros en fonocopete y, al día siguiente, te ves invirtiendo todo tu capital en diversos artículos para cocinar con tu consejera Avon: estos adminículos, claro, los estrenarás y luego los volverás a la cajita porque no caben en ninguna parte de la cocina ya saturada de inutilidades.

Un tercer síntoma es que cuando llega el bendito viernes ya no aparece el huracán Martina haciendo tiritar las botillerías y, por qué no decirlo, también un par de manguacos. Ahora llega el viernes y lo único que me tiritan son los párpados al revisar mi estado de cuenta. Finalmente, y por algún extraño motivo, al escuchar la palabra «after» tu cerebr

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