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NOS VEMOS EN EL COSMOS

Jack Cheng  

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Fragmento

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Nueva grabación 1

6 min 19 s

¿Quiénes sois?

¿Cómo sois?

¿Tenéis una cabeza?, ¿dos?

¿O quizá más?

¿Tenéis la piel color carne como la mía, suave y gris como la de un delfín o verde y con pinchos como la de un cactus?

¿Vivís en una casa?

Yo sí. Me llamo Alex Petroski y mi casa está en Rockview, Colorado, Estados Unidos de América, planeta Tierra. Tengo once años y ocho meses, Estados Unidos tiene doscientos cuarenta y dos años, y la Tierra, 4.500 millones de años. No estoy muy seguro de cuántos años tiene mi casa.

A lo mejor vivís en un planeta helado y en vez de casas hay iglúes, y en lugar de manos tenéis picahielos, y vuestros pies son como botas de nieve y estáis cubierto de pelo de color canela, igual que mi perro, Carl Sagan. Lo llamé así en honor a mi héroe, el doctor Carl Sagan, que fue el astrónomo más famoso de nuestra época. El doctor Sagan ayudó a enviar las Voyager 1 y 2 al espacio sideral y equipó cada una de ellas con un Disco de Oro con sonidos de nuestro planeta; sonidos de todo tipo, como ballenas cantando y gente diciendo Hola en cincuenta y cinco idiomas, y la risa de un recién nacido y las ondas cerebrales de una mujer enamorada y la mejor música que ha conocido la humanidad, como la de Beethoven y Chuck Berry. A lo mejor la habéis escuchado...

Encontré a Carl Sagan en el aparcamiento de un Safeway cuando era un cachorro. Cuando lo vi estaba sucio, tenía hambre y estaba escondido detrás de un contenedor. Le dije Ven aquí, chico, no tengas miedo, pero estaba gimiendo y tenía el rabo erizado, porque en aquel momento aún no nos conocíamos. Le dije No voy a hacerte daño, soy pacifista, y supongo que me creyó porque cuando lo cogí no intentó morderme ni escaparse. Luego lo llevé a casa. Mi madre estaba en el sofá viendo la tele, como suele hacer, y le dije que había traído la compra y también un cachorro y le aseguré Voy a cuidarlo, te lo prometo, voy a jugar con él y le daré de comer y lo bañaré y todas esas cosas que se supone que hay que decir.

Y me respondió ¡Aparta de en medio! Así que me aparté. La madre de Benji, mi mejor amigo, se pondría histérica si él llevara un cachorro a su casa, pero con tal de que yo haga la cena y no la moleste cuando ve la tele, a la mía le da igual. Mola bastante como madre.

No sé qué tipo de programas veréis vosotros, pero los que le gustan a mi madre son los concursos y los programas de juicios, y esos en los que salen cinco mujeres sentadas en un salón de mentira. Cuando voy a casa de Benji ponemos Cartoon Network porque su familia tiene televisión a la carta y a Benji le chifla Battlemorph Academy, igual que a mí y a otros muchos niños del colegio. No está mal, pero, para ser sincero, me gustan más los dibujos clásicos como El laboratorio de Dexter. Dexter sí que es listo. Pero odio cuando su hermana Didi entra y revuelve todas sus cosas. Menos mal que yo no tengo una hermana que me revuelva las cosas, sobre todo cuando estoy trabajando en mi cohete.

Lo que sí tengo es un hermano mayor. Se llama Ronnie, pero todo el mundo, menos mi madre y yo, y algunos amigos suyos del instituto, lo llama RJ porque su segundo nombre es James. Ronnie es mucho mayor que yo, tiene casi el doble de mi edad, veinticuatro años. Vive en Los Ángeles y trabaja de agente, pero no ese tipo de agente en el que seguro que estáis pensando. No es agente doble ni espía al estilo James Bond. No lucha contra terroristas ni persigue a traficantes, ni juega al póquer con supervillanos. Ayuda a los jugadores de fútbol y de baloncesto a salir en anuncios de zapatillas, pero también va a fiestas y se pone gafas de sol, así que supongo que será más o menos lo mismo.

Al principio Ronnie no quería que me quedara con Carl Sagan. No le gusta que mi madre y yo nos gastemos su dinero en algo que no sea comprar comida o pagar facturas. Cuando le hablé de Carl Sagan por teléfono me dijo No, no, no nos podemos permitir tener un perro. Yo le respondí Pues yo creo que SÍ que podemos permitírnoslo, porque he estado comprando solo la comida que está de oferta en el Safeway y haciéndome los bocadillos del colegio en vez de comprarme el almuerzo allí, y además tengo un trabajo a tiempo parcial y ayudo al señor Bashir a apilar las revistas en su gasolinera. Le dije He estado ahorrando para mi cohete, pero puedo usar una parte de ese dinero y comprarle comida a Carl Sagan, que no es un perro muy grande, y deberías volver alguna vez a Rockview para conocerlo en persona…, es decir, en perro, antes de tomar decisiones precipitadas.

Eso pasó hace casi un año, y Ronnie aún sigue sin conocer a Carl Sagan en perro. Pero estoy seguro de que cuando se conozcan, a Ronnie le va a encantar. ¿Quién va a negarle nada con esa carita?

¿Eh? ¿Quién va a negarle nada?

Sí, hablo de ti, Carl Sagan. ¿Quieres saludar?

Venga, chico, di Hola.

Carl Sagan no quiere saludar. Se ha quedado mirándome. ¿Qué haces? ¿Con quién hablas? ¿Hay alguien ahí? Yo no veo a nadie.

Aquí no hay nadie, chico, solo es un iPod. Me viste pintarlo de dorado con el espray, ¿te acuerdas? Estoy grabando para que cuando lo encuentren seres inteligentes a millones de años luz sepan cómo era la Tierra, ¿entiendes?

No lo entiende. Ahora está mirando por la ventana. Se distrae fácilmente.

Esto, pues… eh… ¿de qué estaba yo hablando?

Bueno, da igual, el caso es que pensaba que a lo mejor ya os había llegado el Disco de Oro de mi héroe, pero quizá allí no tengáis tocadiscos o ya no los utilicéis. Los únicos tocadiscos que he visto en mi vida eran unos usados, en una tienda de segunda mano, y ya nadie los compra porque los iPods y los iPhones son más fáciles de guardar en el bolsillo. Además, en el iPod cabe mucha más m

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