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NOSOTROS EN LA NOCHE

KENT HARUF  

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Fragmento

1

Y entonces llegó el día en que Addie Moore pasó a visitar a Louis Waters. Fue un atardecer de mayo justo antes de que oscureciera.

Vivían a una manzana de distancia en la calle Cedar, en la parte más antigua de la ciudad, con olmos y almezos y un arce que crecían a lo largo del bordillo y jardines verdes que se extendían desde la acera hasta las casas de dos plantas. Durante el día había hecho calor, pero al anochecer había refrescado. Addie recorrió la acera bajo los árboles y giró ante la casa de Louis.

Cuando él salió a la puerta, Addie le preguntó: ¿Puedo entrar a hablar de una cosa contigo?

Se sentaron en el salón. ¿Te traigo algo de beber? ¿Un té?

No, gracias. Puede que no me quede el tiempo suficiente para beberlo. Addie miró a su alrededor. Bonita casa.

Diane siempre tenía la casa bonita. Yo lo he intentado.

Sigue bonita. Hacía años que no entraba.

Addie miró por las ventanas al jardín lateral donde caía la noche y a la cocina donde una luz brillaba sobre la pila y las encimeras. Todo estaba limpio y ordenado. Louis la observaba. Era una mujer atractiva, a él siempre se lo había parecido. De joven había tenido el pelo moreno, pero ahora era blanco y corto. Todavía conservaba la figura, aunque algo rellenita en la cintura y las caderas.

Te preguntarás qué hago aquí, dijo ella.

Bueno, no creo que hayas venido a decirme lo bonita que está la casa.

No. Quiero proponerte algo.

¿Sí?

Sí. Tengo una propuesta.

Vale.

No es de matrimonio, dijo ella.

Tampoco se me había ocurrido.

Pero es un tema casi matrimonial. Aunque ahora no sé si podré. Estoy echándome atrás. Se rió un poco. Muy del matrimonio, ¿verdad?

¿El qué?

Lo de echarse atrás.

Puede.

Sí. Bueno, lo digo y punto.

Te escucho, dijo Louis.

Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo.

¿Cómo? ¿A qué te refieres?

Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar.

Él se la quedó mirando, contemplándola, curioso, cauto.

No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración?, preguntó ella.

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