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OBRA CRíTICA 1

Julio Cortázar  

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Fragmento

Un encuentro del hombre con su reino

Julio Cortázar redacta su Teoría del túnel entre el verano y la primavera bonaerenses de 1947, mientras trabaja como secretario de la Cámara Argentina del Libro. Durante ese mismo período compone la mayor parte de los relatos que integrarán Bestiario, su segunda compilación de cuentos (la primera, titulada La otra orilla, permanece aún inédita). Poco antes, Cortázar había renunciado a su cargo de profesor en la Universidad de Cuyo, donde durante dos años —1944 y 1945— ocupó la cátedra de literatura francesa. Este dato resulta doblemente significativo. Por un lado, da cuenta de una actitud de autonomía ética y de defensa de la libertad de pensamiento frente a un poder gubernamental que la avasalla, revela en la práctica una conciencia comunitaria que la Teoría del túnel pondrá de relieve en el plano reflexivo; por otro lado, da cuenta de una aplicación docente cuyas trazas se detectan en este extenso trabajo explicativo. Además de lo que tiene de autodefinición literaria, de enunciación de la propia poética, Teoría del túnel es en parte —lo presumo— un desprendimiento de esa enseñanza que Cortázar impartió en Mendoza. Presupongo que de los apuntes preparatorios de sus cursos proviene una buena dosis del contenido. Esta teoría tiene aún algo de estudio monográfico; por eso se subtitula: «Notas para una ubicación del surrealismo y del existencialismo». La palabra «ubicación» no sólo indica el propósito principal —situar dentro del contexto de la literatura moderna las dos tendencias a las que Cortázar se adscribe—, también cobra el sentido de emplazamiento personal. Además de su carácter de encuesta o examen de las orientaciones de la novela, Teoría del túnel enuncia el propio programa novelesco, postula la poética que desde el principio —desde Divertimento (1949)— regirá la novelística de Julio Cortázar. Formula el proyecto que, aplicado a tres intentos previos, culmina quince años después con Rayuela, la cuarta acometida. Consiste a la vez en el análisis genético de un nuevo modelo de novela y en un alegato en su favor. Posee la doble condición de crítica analítica y de manifiesto literario. Tiene ese carácter potencial, proyectivo o programático, de toma de posición, ese lado condenatorio, conminatorio, prosélito, propio de la enunciación manifestaria. Preconiza una transformación radical de los modos novelescos; revisa la historia reciente del género descalificándola para exigir la instauración de una estética transgresiva, redispone o remodela el pasado en función de proposiciones innovadoras y adopta una enunciación a menudo vehemente, compulsiva, con algo de imperativo categórico. El locutor de este pronunciamiento no vacila y cuando se acalora es contundente. Sin duda, su alegato presenta las características de un manifiesto literario. Delinea una concepción literaria que en última instancia propone liquidar a la literatura.

Cortázar subordina la estética (o mejor dicho el arte verbal) a una pretensión que la trasciende, poniéndola al servicio de una búsqueda integral del hombre. Proclama la rebelión del lenguaje poético contra el enunciativo, que no obstante predomina en su Teoría del túnel; considera al escritor como enemigo del gramático; patrocina una poética antropológica o una antropología poética que haga de la palabra la manifestadora de la totalidad del hombre. Aspira ya a esa mostración que en Rayuela llamará «antropofanía». Se s

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