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PESCADO RABIOSO

Carlos Tromben  

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Fragmento

Prólogo

El 9 de mayo de 2013 se llevó a cabo en Valparaíso la audiencia de formalización del periodista Georgio Carrillo Vercellino, acusado de estafa y otras defraudaciones por su antigua empleadora, la diputada independiente Marta Isasi.

Entre los periodistas que cubren habitualmente el Congreso nadie esperaba lo que sucedió aquel día. Desde el banquillo de los acusados, Carrillo reveló haber recibido 25 millones de pesos de Corpesca, la principal empresa pesquera del Grupo Angelini, según él destinados a la diputada Isasi antes de que se iniciara la tramitación de la ley que regularía al sector pesquero1.

Tres días antes, Pablo Longueira, el ministro responsable de sacar adelante dicha ley, lanzó su precandidatura a la presidencia de la República como abanderado de la UDI. Llevaba años incubando este proyecto, frustrado por sus adversarios al interior del partido fundado por Jaime Guzmán; gracias a la bajada del exministro Laurence Golborne, el candidato original del partido, Longueira pudo al fin iniciar su camino hacia La Moneda.

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Lo que ocurrió a partir de entonces es uno de los grandes misterios de la política chilena. Mientras el Ministerio Público comenzaba a investigar los aportes de Corpesca a la diputada Isasi, Longueira se lanzó a una frenética batalla contra el tiempo para reunir recursos y capturar votos. Tras dos meses de campaña, logró revertir las encuestas que lo daban por perdedor y derrotar a Andrés Allamand en las primarias de la derecha. El objeto de deseo parecía cerca, pero entonces sucedió algo completamente inesperado.

El 17 de julio de 2013, aduciendo un cuadro de depresión, Longueira retiró su candidatura.

Una sensación de vértigo comenzó a apoderarse de las redacciones periodísticas y de las redes sociales. A partir de los antecedentes aportados por el periodista Georgio Carrillo, la Fiscalía comenzaría a desentrañar prácticas ilícitas que empresarios y políticos llevaban años realizando a espaldas de los ciudadanos.

* * *

En los siguientes cinco años el llamado Caso Corpesca se ramificó como una hidra, salpicó la reputación de varios parlamentarios y funcionarios públicos, que fueron formalizados por delitos tributarios y la figura de cohecho. El país supuestamente libre de corrupción tenía tejado de vidrio.

El bochorno de la Ley de Pesca impulsada por Longueira desde el Ministerio de Economía, instaló en amplios sectores de la ciudadanía la noción de que los grandes grupos económicos del país gozan de un acceso privilegiado al proceso legislativo, de manera de incidir en él en desmedro de otros grupos de interés.

Incluso antes del escándalo había quedado la sensación de que la Ley de Pesca constituía lo que en la literatura del derecho económico se conoce como un «regalo regulatorio», es decir, una asignación gratuita, sin contraprestación, de ganancias económicas que no se relacionan con estrategias empresariales de tipo competitivo.

La influencia de la industria pesquera en su propio proceso regulatorio tiene dos aristas. La menos problemática es la elaboración de discursos de tipo jurídico, pues corresponde al trabajo que cualquier grupo de interés realiza ante el Estado. Su centro fue el estatuto constitucional de los peces y el régimen de acceso a ellos por parte de los privados, pescadores artesanales y flotas industriales. ¿Los peces pertenecen a la nación o a nadie? Durante años la industria argumentó con éxito en favor de lo segundo.

En las distintas revisiones del marco regulatorio de la pesca, la industria argumentó que, si la ley no se dictaba en los términos que ella esperaba, miles de trabajos se perderían y comunidades enteras verían comprometida su subsistencia. Argumento antiliberal que escondía la incomodidad a aceptar el ingreso de nuevos actores al mercado.

Sin embargo, la idea de una industria monolítica, concentrada en siete familias, no resiste el análisis de cómo el lobby pesquero se desplegó a lo largo de las últimas dos décadas. Como veremos, sus intereses son contrapuestos por la geografía y la naturaleza del recurso.

Regular el acceso a los recursos naturales es una tarea compleja para cualquier nación. Una regulación de este tipo debe, en teoría, incentivar la actividad económica, proteger la sustentabilidad de los recursos, evitar la sobreexplotación y la sobreinversión. Ha sido un desafío para muchas naciones pesqueras y varias han fracasado. Chile, por los antecedentes reunidos en este libro, es una de ellas.

* * *

Pero existe otra lectura de la Ley de Pesca que tardará varios años en adquirir espesor histórico y que hoy, con la información disponible, solo podemos entrever mediante evidencia circunstancial.

La tramitación de esta ley y, de manera más general, la gestión de Longueira como ministro de economía de Sebastián Piñera, fueron vistas en su momento como el cumplimiento de un viejo anhelo de la derecha. Que dos antiguos adversarios hubiesen depuesto sus querellas por un objetivo superior representaba nada menos que un sueño hecho realidad, de mayor envergadura incluso que la conquista del poder por el voto.

Pero ¿y si la Ley de Pesca no hubiese sido el fin de la guerra sino su prolongación por otros medios? ¿Si en vez de un símbolo de la paz hubiese sido, en realidad, la batalla final por el liderazgo absoluto de la derecha?

Bajo esta interpretación Longueira habría entrado al Ministerio sin sospechar que estaba cayendo en una trampa mortal. Convencido de que estaba iniciando su camino hacia la Moneda, desplegó toda su energía y su capital político en sacar adelante el proyecto de Ley de Pesca. Lo logró contra viento y marea, convenciendo a grandes empresas y a los pescadores artesanales y obteniendo los votos cruciales de la Democracia Cristiana en el Congreso. Luego salió a disputar voto a voto para ser el candidato del oficialismo en las elecciones presidenciales, y también ganó, pero por poco tiempo.

La noche del 30 de junio de 2013, salió a saludar a sus amigos y partidarios convencido de que se le estaban abriendo las grandes alamedas de la historia. Tardaría menos de dos semanas en darse cuenta de que había perdido y que su objeto de deseo se alejaba para siempre.

Capítulo 1

LÍOS DE FALDAS

Amor, adiós / No se puede continuar / Ya la magia terminó / Ahora tengo que marchar.

LOS ÁNGELES NEGROS

El correo electrónico tiene fecha del 22 de octubre de 2011 y en su encabezado se lee amor y paz.

Mi querido Georgio

Quiero decirte que te quiero mucho y que doy gracias a Dios por haber conocido el amor, aunque haya sido tan corto. También quiero decirte que serás la primera persona en saber si estoy o no embarazada. Que volveremos a conversar nuestros temas y que Dios y la vida nos dio una oportunidad, pero las cosas no se dieron. No buscaré culpable, porque ya no vale la pena.

Anoche tenía mucha rabia contigo porque, claro: ¿cómo iba yo a aceptar que estuvieras en la misma casa con Lorena? Pero Dios me ha permitido perdonarte y empezar a sanar mi corazón. No es fácil el dejar de amar, ¡sobre todo cuando hay amor verdadero! Espero en Dios que no haya bebé, pero si lo hay lo recibiré con alegría. Dios me ayudará, así como lo ha hecho siempre.

Y por último quiero que luches por tu familia, te dejo ir sin rencor y con el amor y la paz que me regala Dios.

Bendiciones

Marta

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La respuesta es lacónica:

Ya tendremos tiempo de conversar.

De todos modos gracias por tus palabras.

Espero verte el martes y acompañarte, si así lo estimas a Stgo.

Un abrazo!

Ambos correos fueron publicados a mediados de 2013 por CIPER Chile. Son un archivo adjunto a la noticia principal, una bomba soltada por el periodista Georgio Carrillo ante un juez de Valparaíso.

Unos meses antes, Marta Isasi, la mujer que había «conocido el amor, aunque ha sido tan corto», había acusado a Carrillo de desviar dinero desde su cuenta corriente, usar sus claves de internet, enviar correos suplantando su identidad. No era una acusación cualquiera: Marta Isasi era una congresista y en aquel 2013 disputaría su tercera campaña a la Cámara de Diputados.

Carrillo se defendió contraatacando. «¿Qué otra cosa ilegal acepta haber hecho?», le preguntaron una semana después en CNN. La periodista Mónica Rincón repitió la versión que había presentado al juez en Valparaíso: que durante meses fue el intermediario de la diputada Isasi con Corpesca. La mayor de las empresas pesqueras del grupo Angelini, la mayor pesquera del país, entregaba dinero a Georgio Carrillo para que Marta financiase su campaña de reelección; a cambio, la empresa recibía trato favorable en la Comisión de Pesca que ella presidía.

De no ser por la turbiedad con que se escurre en las grietas del poder en Chile, esta historia de sexo, dinero y política no hubiera despertado mayor interés de la prensa. Pero es una historia en la que un hombre sin atributos engaña simultáneamente a dos mujeres —su esposa y su amante— y es descubierto por ambas, y de paso acaba abriendo una olla de corrupción y favores políticos que puso a millones de compatriotas a preguntarse, parafraseando a Vargas Llosa, «en qué momento se jodió Chile».

* * *

Georgio Carrillo conoció a Marta Isasi en 2006 en el faraónico edificio de 60.000 metros cuadrados donde sesionan las Cámaras del Congreso. La aparición de esta mujer de ojos claros y cuarenta años debió provocar impacto en un mundo dominado por hombres de edad madura. A Carrillo, un chileno que usa camisas a cuadros y lleva el cabello recortado como un casco, le cambió la vida.

Carrillo contaría a la prensa que crearon una relación de «mucha cercanía». Hasta que Isasi llegó al Congreso, él había sido asesor de comunicaciones de un político de derecha. Era un burócrata menor a la expectativa permanente de dar un salto a algún tipo de reconocimiento, fueran millones o fama. Cuando ella puso un pie en el Congreso, él le ofreció sus servicios. Llegó a ser su asesor, chofer y secretario y, en apariencia, su amante y el padre de un futuro hijo. Isasi, por aquellos años, estaba divorciada y era madre de tres mujeres.

La relación parecía diseñada para una telenovela de la noche. Isasi provenía de Iquique y había llegado a la Cámara de Diputados de manera sorpresiva, apadrinada por Jorge Soria, el cacique indiscutido de la política local. Carrillo, en cambio, era un modesto periodista nacido y criado en el fértil valle de Quillota, en el centro del largo y angosto país, un hijo de la meritocracia, otro peón dentro del ecosistema de los asesores y periodistas del legislativo. Su vida parecía condenada al desfile abúlico de los burócratas, siempre al costado de los focos, a esa permanente espera lateral sosteniendo la carpeta de los discursos donde ellos ponen las ideas, pero otros se llevan el aplauso.

En 2007, a un año de su debut en el Congreso, Isasi vivió una tragedia. Su hija mayor Divna —«hermosa» en croata— se suicidó tras una profunda depresión. Comenzó a asistir a grupos de oración para manejar el dolor y Carrillo permaneció a su lado, siempre dándole contención, un hombro y un abrazo. «En esos días tan tristes, cuando perdí a mi pitufa, yo confié en él», dijo Isasi poco después del escándalo en otra entrevista en televisión. Por entonces, contaría la diputada, Carrillo tenía acceso a toda su información. «Le entregué mis claves, mi correo, mi cuenta corriente: todo». Él lo ha negado siempre.

En aquel mismo 2007, Isasi iniciaría su cambio de ropa política, una práctica que sostuvo durante toda su carrera en el Congreso. Primero dio la espalda a Jorge Soria y se integró a la bancada de Renovación Nacional, pero un año después, renunció a RN y se cambió a la UDI. Ese mismo año, tuvo una de sus mayores victorias políticas cuando interpeló duramente a la ministra de salud del primer gobierno de Michelle Bachelet, denunciando las falencias del hospital de Iquique. La ministra renunció a la semana siguiente y el golpe dio a la carrera de la diputada —y, con ella, de su asesor y novio— un empujón ascendente.

Cualquier político en cualquier país del mundo establece relaciones complejas con las industrias de su distrito y a Isasi le resultaba natural acercarse a las empresas pesqueras con sede en el puerto de Iquique. Pero esas relaciones entre política y negocios no siempre terminan bien. Tal vez ella nunca imaginó las consecuencias que tendría pedirle dinero a la más grande y poderosa de todas las pesqueras de Angelini. Carrillo lo resumiría de la siguiente manera ante el juez: el gerente de Corpesca se comprometió a aportarle dinero a la diputada, pero sólo a través de un mecanismo de blanqueo.

En la práctica, ese mecanismo de blanqueo se tradujo en que el periodista-asesor debía emitir boletas ideológicamente falsas a Corpesca por diez millones de pesos. El procedimiento era irregular, puesto que la ley estipula que los aportes de empresas a las campañas electorales sean anónimos y canalizados a través del Servicio Electoral.

Carrillo, para justificar los pagos de Corpesca, concurrió a la biblioteca del Congreso, solicitó cuatro informes sobre la industria pesquera, les cambió el membrete y los hizo pasar como textos propios3.

No fue la única operación de este tipo que hacía para Isasi. Los diputados y senadores perciben asignaciones para gastos y, según Carrillo, era una práctica habitual «rescatar» los excedentes de estas asignaciones emitiendo boletas por supuestos trabajos que no se realizaban: el dinero girado así se devolvía al bolsillo del parlamentario, en este caso Isasi, y el método empleado por el periodista fue usar a su propia esposa, Lorena Gallardo, en el desfalco de las arcas fiscales. El Ministerio Público detectó 26 boletas de este tipo por un total de diez millones de pesos, todas surgidas de la cuenta de Gallardo en la plataforma online del Servicio de Impuestos Internos. Carrillo se hizo cargo de la responsabilidad: dijo a la Fiscalía que las había emitido él sin que su esposa estuviera al tanto.

«Todo iba de la mano de una lealtad absoluta hacia mi empleador», dijo el periodista a la fiscalía4.

La versión de Isasi es completamente distinta: Carrillo hizo todo a sus espaldas. Entre ambas versiones está la del gerente general de Corpesca, Francisco Mujica, quien reconoció ante el fiscal haberle entregado dineros a Carrillo a cambio de los informes «truchos», pero dijo desconocer si el dinero fue a parar a la campaña de Marta.

En las elecciones que siguieron a su campaña apalancada con el dinero de la empresa, Isasi obtendría la primera mayoría de su región y renovaría el mandato de diputada. La reelección coincidió con el triunfo electoral de Sebastián Piñera. Era la primera vez, desde 1958, que un candidato de derecha llegaba a la presidencia de Chile por el voto popular, y esa resurrección sólo podría significar más viento de cola para Isasi y su fiel asesor. Pero entonces las cosas se confundieron.

* * *

El sistema político chileno es uno de los más centralizados de América Latina. Los gobiernos regionales son, en la práctica, buzones de correo del Poder Ejecutivo, que desde la Constitución de 1925 concentra la iniciativa de los proyectos de ley. La Constitución de 1980 robusteció esa relación con varias cláusulas. Una de ellas, por ejemplo, establece que el Congreso debe reunir un casi imposible quórum de dos tercios para aprobar leyes que afecten los derechos de las empresas privadas.

Una de las pocas decisiones descentralizadoras del gobierno cívico-militar fue trasladar la sede del Congreso a Valparaíso, a un edificio de dudoso gusto arquitectónico en un sector empobrecido de la ciudad. Fue una falsa descentralización que solo alimentó la pereza de los burócratas, a algunos empresarios hoteleros y a una peculiar fauna de asesores formada por individuos como Georgio Carrillo. En sesiones que muchas veces se realizan con la mitad del plenario, los diputados se limitan a pujar por cambios cosméticos a los proyectos del Gobierno y a buscar figuración en los medios con golpes de efecto, peleas altisonantes y declaraciones para la galería.

Para cuando Carrillo recaudaba dinero de Corpesca para Isasi, cuatro diputados estaban siendo investigados por desviar fondos de sus asignaciones de gastos. Las faltas más comunes entre los legisladores consistían en contratar a sus cónyuges y excónyuges para cargos ficticios o arrendar propiedades y sedes distritales a familiares. En los 27 años transcurridos desde el retorno a la democracia, sólo uno fue condenado por fraude al fisco5. En realidad, no era mucho dinero y estas historias quedaban siempre en los márgenes del interés de la prensa, sin levantar una ceja al electorado: casos anecdóticos de un cuerpo legislativo irrelevante. Esa parecía ser la medida de la corrupción chilena: pequeñas anécdotas de mala moral familiar. Pero llegó el testimonio de Georgio Carrillo en contra de Isasi, y se abrió un flanco completamente distinto, el de la elaboración de leyes a medida.

De hecho, en la justicia parecía haber algo más grande que un legislador empleando de secretaria a su sobrina. Carrillo declaró al fiscal que, cuando en 2010 comenzaron a armarse las Comisiones, Isasi eligió la de Pesca, según él, por el vínculo con Mujica, el gerente general de Corpesca. «Hay correos de comentarios que él le manda de algunos proyectos que se venían en materia pesquera», dijo al fiscal. El propio Mujica, de hecho, reconoció haber ordenado a un funcionario de Corpesca que estuviera a disposición de Marta para «asesorarla en aspectos técnicos de la ley».

En un correo incautado por la fiscalía, fechado el 3 de julio de 2012, Isasi le comunicó a Mujica el rechazo de la Cámara a la licitación de cuotas de pesca:

«Estoy muy contenta con el gol a la no licitación. ¡Al final surtió efecto mi trabajo! Un abrazo y a continuar ganando batallas para ganar la guerra»6.

En este correo Isasi le pide a Mujica dinero para «dar un golpe en su región». Una salida a terreno para marcar presencia durante el Día del Niño.

* * *

Chile es un país delgado con poca gente y no demasiadas empresas. En el poder económico, además, la idea de enroques es rara. No hay nuevos grandes empresarios: quienes llegaron hace décadas a la cumbre, se ocupan de que los nuevos no pasen de cosquillearles en los talones.

Como hemos visto en los capítulos precedentes, el lobby de la pesca industrial ha tenido en Chile poder de mando para hacer valer sus términos. Es como un pack de orcas nadando a sus anchas: pocos se atreven contra esos dientes. En los años noventa, los pesqueros consiguieron lo que ningún otro sector de la sociedad chilena: revertir una ley aprobada durante la dictadura militar, que obligaba a licitar cuotas de pesca para las especies sobreexplotadas.

El periodista Daniel Matamala atribuye esta victoria a la cercanía de la familia Angelini con el Partido Demócrata Cristiano (PDC), eje de gravitación de los primeros gobiernos de la transición democrática.

En los años posteriores las flotas industriales con sede en los puertos de Iquique y Talcahuano depredaron hasta un nivel alarmante la anchoveta, la sardina española, el jurel y otras especies que migran frente a las costas chilenas. Mientras una nueva ley de pesca se discutía en el Senado, surgieron las primeras acusaciones de conflictos de interés entre parlamentarios y pesqueros.

El tema de fondo de las escaramuzas era el afán de la industria por obtener derechos permanentes y gratuitos, lo que en la jerga del derecho económico se denomina un «regalo regulatorio». Las empresas del norte y del sur podían pelearse a muerte por el jurel, pero estaban unidas en su rechazo a las licitaciones. En la otra vereda, se encontraban empresas de capitales extranjeros, como Lota Protein, que presionaban por abrir el mercado a través de este mecanismo. Los sucesivos gobiernos estaban al medio, tratando de mantener el equilibrio.

Para evitar el colapso de las especies debido a la sobreexplotación, el gobierno de Lagos aprobó dos leyes cortas, regulación transitoria que fijó límites máximos de captura por armador por un plazo de diez años. La normativa expiraba en 2013, el último año del gobierno de derecha de Sebastián Piñera. Para entonces, Marta Isasi no solo se había cambiado nuevamente de bancada; además había conocido el amor y la traición.

* * *

Hacia 2009, la intensidad de la relación entre Marta Isasi y Georgio Carrillo había subido varios grados. Georgio ya no era un periodista a tiempo compartido para Marta y otro diputado de RN. Ahora viajaba a Iquique en calidad de jefe de gabinete de la diputada. La relación tenía tal profundidad que, según otra colaboradora de Isasi, el periodista iba a Zara a comprar la ropa para las entrevistas televisivas de la diputada.

Según Carrillo, el romance comenzó en septiembre de 2010, tuvo una pausa de varios meses y una reincidencia un año después, por un par de meses, hasta el quiebre con los correos dolidos y agrios. Varios asesores habían abandonado a Marta tras sus sucesivos cambios de bancada, pero Carrillo había permanecido a su lado hasta que la situación se tornó insostenible. La gota que rebalsó el vaso fue el supuesto embarazo que la diputada comenta en su correo del 22 de octubre de 2011. Desde entonces las versiones del amor de la diputada y el asesor se contradicen. Carrillo afirma que por esos días había decidido volver con su esposa Lorena; Isasi, que la relación amorosa nunca existió y que los correos no son verdaderos, pues Carrillo tenía la clave de su cuenta, dando a entender que los habría escrito él mismo. Lo único demostrable es que la relación laboral terminó allí, en ese mes de 2011, de manera abrupta.

* * *

A mediados de 2012, el gobierno de Piñera envió el proyecto definitivo de Ley de Pesca al Congreso.

Antes de llegar al congreso, Isasi había trabajado en empresas y gremios de la construcción. No tenía conocimiento alguno sobre biomasas ni cuotas de pesca, pero no solo se integró a la Comisión ad hoc de la Cámara de Diputados, sino que además logró que sus pares la eligieran para presidir aquella instancia donde los proyectos presentados por el Ejecutivo pasan por un primer cedazo.

La gravedad del asunto estaba en que aquella Comisión era la encargada de establecer el marco normativo de empresas como Corpesca, que daba dinero de manera ilegal a Isasi para su campaña electoral. Era como cederle las llaves del gallinero al vocero del zorro.

Más tarde, en la sala, mientras se votaba el proyecto, Isasi encabezaría la oposición a la idea de licitar la cuota de pesca con el apasionamiento exacerbado de los conversos. Su discurso parecía venir de una diputada con años de experiencia en la política pesquera.

Como hemos visto, la ley Longueira fue aprobada en diciembre de 2012, con polémica, pero cumpliendo las expectativas de las empresas: no incluyó licitaciones y entregó cuotas de pesca renovables indefinidamente a las grandes empresas como Corpesca.

Por entonces Isasi, que ya llevaba más de un año sin Georgio a su lado, recibió un mensaje de su nuevo asesor, quien le advirtió que sus cuentas no cuadraban: no todo el dinero aportado por Corpesca había ingresado a su cuenta corriente. Isasi mandó llamar a Carrillo y se reunieron en la tesorería del Congreso. Según declaró ella a la Fiscalía, el periodista se desencajó. «Lo enfrenté, le dije que me había traicionado», contó la diputada. «Él agachó la cabeza y me dijo que yo no le había pedido antecedentes».

Días más tarde, Carrillo le escribió un correo poniéndose de rodillas:

Seguramente no me quieres ver ni de cerca. Tal vez me denunciarás a la justicia. De todos modos te quería pedir perdón. Por faltar a tu confianza. Cuando uno más arriba está, más fuerte es el porrazo... Caí en una espiral y no pude salir de él. No supe hacerlo y te fallé.

Sus palabras fueron inútiles. Isasi no prestó oído a sus excusas y lo denunció ante la justicia. Él, como en el bolero, se vengó también acusándola de aceptar dinero de una empresa para la cual tramitaría una ley a medida. Tras eso, ya nada sería igual para la diputada, el periodista ni para todo el Congreso chileno.

* * *

El proceso de Georgio Carrillo encendió alarmas en distintos puntos del sistema. Las boletas de honorarios de los asesores de parlamentarios pasaron a ser objeto de interés de la justicia y del Servicio de Impuestos Internos. Según CIPER Chile, entre 2012 y 2013 se celebraron más de 1.600 asesorías externas por un total de 6.000 millones de pesos7. La mayoría de esos individuos trabajan como asesores de legisladores, con acceso directo a la elaboración de leyes.

Al cruzar las boletas de honorarios de estos asesores con la contabilidad de Corpesca, la fiscalía se encontró con que varias de estas transacciones apuntaban directamente a otros parlamentarios involucrados en la tramitación de la ley Longueira. Así, en los cuatro años posteriores a 2013, el minúsculo hilo de Ariadna abierto por Georgio Carrillo permitió a la justicia ingresar en un laberinto de influencias y relaciones incestuosas entre empresarios y políticos que pulverizó la autoimagen de probidad que nutrían muchos chilenos.

De pronto, todos en Chile empezaron a ver que el país que se suponía más limpio de América Latina, el mejor conceptuado en todos los rankings de corrupción, escondía pescados podridos bajo la alfombra. Algunos se acogieron a acuerdos con la autoridad impositiva para no ser procesados por fraude al fisco. El problema es que el castigo, si llega, es irrelevante: un máximo de tres años de cárcel por recibir dinero de manera indebida y una inhabilitación para ejercer cargos públicos por hasta diez años.

Pareciera que Chile cura sus sangrías con aspirina. Es verdad, todas estas defraudaciones y coimas disfrazadas son irrisorias comparadas con los desfalcos de catástrofe que ocurren en otros países latinoamericanos. La empresa brasileña Odebrecht llena estadios mientras el Parlamento chileno ni siquiera una kermesse. Pero el punto no es ese. Más que un mecanismo de acceso al Estado, esta versión chilena del tango «Cambalache» es una herramienta de clausura: los grupos económicos que nacieron durante los gobiernos cívico-militares, sus privatizaciones y esquemas de canje de deuda externa, bloquean desde el Parlamento el ingreso de otros al sistema. Y los políticos cooptados bloquean la renovación del Congreso con caras e ideas nuevas.

Las leyes, los acuerdos políticos, los contubernios a la sombra entre empresarios y políticos han bloqueado el acceso de pesqueras noruegas que amenazan las cuotas de pesca de los grupos locales. O de mineras estadounidenses cuyo acceso al litio de los salares chilenos lleva un cuarto de siglo obstruido por Julio Ponce Lerou, el exyerno de Pinochet. Es un extraño nacionalismo corporativo, una alianza operacional entre los empresarios del viejo establishment y las únicas dos coaliciones políticas que, tras la dictadura, habían sido capaces de elegir Presidente y ocupar escaños en el Congreso.

* * *

Julio Ponce Lerou y Georgio Carrillo se ubican en los extremos de esta cadena alimenticia: Ponce es un millonario Forbes y Carrillo un pobre tipo con ambiciones. Ponce viste trajes Hugo Boss y Carrillo chaquetas de Falabella. Bronceado, sonriente y con aspecto de latin lover maduro, Ponce sigue manejando su imperio tras bambalinas. A Carrillo, con su dicción titubeante y su cabello cortado por alguna peluquera de barrio, le costará mucho rehacerse.

Curiosamente Julio Ponce Lerou y Georgio Carrillo nacieron en el mismo lugar, La Calera, la región de la gloriosa palta que los chilenos consumen a lo largo del día en ensaladas, sushis y hotdogs.

Como en cientos de ciudades similares en toda América Latina, la población de La Calera se divide en dos bandos: los que sueñan con largarse y los que no se pueden ir. Julio Ponce Lerou lo logró: vive entre Santiago, Londres y Nueva York. Georgio Carrillo intentó hacer fama y fortuna en Valparaíso y fracasó. «Mientras más alto se llega más duro es el porrazo», le dice a Marta en su patético correo de disculpas.

La diferencia es sustantiva: Julio Ponce se casó con el poder grande y no deja huellas, no firma un solo documento incriminador; las depredaciones de Georgio en la cuenta corriente de una legisladora menor que era su empleadora y amante, usando boletas de su esposa —vaya corruptito de barrio—, tienen el sello de la precariedad. Fueron pensadas, pero mal. La decisión de Marta de acusarlo ante la justicia de robar dinero mal habido solo se puede explicar en una mujer muy ingenua. O muy dañada. «Mi hija se suicidó a los veintiún años», dijo al fiscal. «Viví cuatro años culpándome. Nunca hice el duelo correspondiente».

Isasi se hizo célebre entre los periodistas que cubren el legislativo por su falta de tacto y sus salidas de libreto. Para defender a una colega de los ataques del diputado socialista Fidel ...