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PLANTAS CHAMáNICAS

Sylvia Galleguillos Tapia  

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Fragmento

Índice

CUBIERTA

INTRODUCCIÓN. MI INICIO EN EL CHAMANISMO AROMÁTICO

BITÁCORA AROMÁTICA DE MIS VIAJES FÍSICOS Y CHAMÁNICOS

OLOR, MAGIA Y DIVERSIDAD CULTURAL: UN VIAJE ANTROPOLÓGICO AROMÁTICO

CULTURAS DE AMÉRICA

CULTURAS DE ASIA Y ÁFRICA

EL JARDÍN DEL ALMA

EL OLFATO, PORTÓN DE INICIO DEL VIAJE CHAMÁNICO

EL VIAJE AROMÁTICO A LOS TRES MUNDOS CHAMÁNICOS

LOS AROMAS CHAMÁNICOS: SUS ACCIONES Y PROPIEDADES

ABETO SIBERIANO

AMARO O SALVIA ESCLAREA

ÁMBAR

ANGÉLICA ARCANGÉLICA

ARTEMISA

BÁLSAMO DEL PERÚ

BOLDO

CANELO

CASSIA O CANELA CHINA

CLAVO HUASCA

COPAIBA

COPAL

CÚRCUMA

ENEBRO

FRANGIPANI

HINOKI O CIPRÉS JAPONÉS

LABDANUM

LAUREL

LINALOE

LOTO

MILENRAMA O ACHILLEA

MIMOSA O AROMO

MOENA ALCANFORADA

MUÑA

NEROLI

NUEZ MOSCADA

OSMANTHUS

OUD O AGAR

PALO DE ROSA

PALO SANTO

PIMIENTA NEGRA

SALVIA

TABACO O NICOTIANA

TULSI O ALBAHACA SAGRADA

VETIVER

ALQUIMIA CHAMÁNICA TRABAJANDO CON EL ALMA DE LA PLANTA

INSTRUMENTOS CHAMÁNICOS

PALABRAS FINALES

AGRADECIMIENTOS

NOTAS

CRÉDITOS

La cultura indígena imagina el alma humana como una de las partes más etéreas y finas del cuerpo que abandona repentinamente al cuerpo en el momento de la muerte. Es algo comparado al perfume, el aroma y la esencia de una flor porque es una de las fibras vegetales sólidas más etéreas.

MIRCEA ELIADE

Orígenes del destino del alma, 1958

INTRODUCCIÓN

MI INICIO EN EL CHAMANISMO AROMÁTICO

Yo no me considero chamana. Soy aromaterapeuta. Pero como sí creo que los aromas de las plantas son chamánicos, puedo decir que practico un chamanismo aromático.

¿Por qué el nombre de «Aromaterapia chamánica»? Porque así es como la siento. La aromaterapia es de por sí una especie de chamanismo, ya que sus principales actores son las moléculas aromáticas que vienen contenidas en los aceites esenciales de estos seres vegetales y son ellos los que inducen los viajes a distintos mundos de nuestra conciencia, mundos que todos poseemos con anterioridad pero que muy pocas veces tomamos en cuenta. Los aromas de las plantas hacen visible el mundo invisible y nos abren a un paisaje interior, a una especie de lago del espíritu, a través del cual nuestras vías se comunican, como he podido confirmar según mis propias experiencias al introducirme en el aprendizaje directo bajo el umbral completo —físico, químico, molecular, energético, sicológico y mágico— de las plantas.

Esta práctica sagrada, pues, abre un mundo otro de comunicación con lo desconocido y con lo arcano. Y ello, ese secreto, esa otredad, es lo que me ha impulsado a intentar aprenderlo y practicarlo para luego darlo a conocer a partir de aquello que me fascina y atañe: el aroma de las plantas.

Con la aromaterapia chamánica aprendí a viajar con los aromas al tiempo que nutría mi mundo emocional de una manera muy sutil. Es un viaje ritual que comienza en el peregrinar de los olores hacia mi nariz y mi mundo interior. Inhalo y me enfoco en un propósito claro: debo viajar a la otra realidad y buscar allí el alma aromática de la planta. Al encontrarnos, establezco una conversación a fin de poder volver a la realidad ordinaria con una respuesta sanadora.

A través de mi práctica aromaterapéutica, entonces, he podido hurgar de maneras impalpables en las moléculas químicas de las plantas, observar sus vivencias, entender cómo conviven entre ellas y más. He aprendido a percibir e inhalar sus atmósferas y entornos, a enterarme de sus historias e intentar seguir sus caminos odoríferos por distintas partes del mundo. Este conocimiento de las plantas aromáticas yo no lo poseo. Es de ellas y les pertenece a ellas. Yo sólo las escucho, sigo atenta sus consejos, me abro a sus señales y las aplico a quien las necesite.

Mirando atrás, veo que a lo largo de mis años mis viajes y movimientos responden a una especie de danza coreográfica guiada por un director en las sombras, que no logro ver, pero que me acompaña por entre las brisas aromáticas que huelo en un bosque, un jardín o una flor. Y con los años, también, he desarrollado un instinto que me permite comunicarme con las plantas. Lo principal es escuchar lo que me dicen a través de su olor cuando recorro sus lugares. O si estoy en una sesión de aromaterapia, me comunico con ellas a través del aceite esencial que utilizo.

Más de una vez una planta aromática me ha dado indicaciones o me ha pedido que haga cosas tales como, por ejemplo, poner un recipiente con agua bajo la camilla para enfriar así un tumor ardiente que crece dentro del cuerpo de la persona que estoy atendiendo. O cubrir las orejas del paciente con la palma de mis manos y dar unos golpecitos con el aroma, como si con ello le tamborileara la resonancia de la fragancia al interior del oído y todo el cuerpo del paciente lo escuchara y entendiera que el aroma también habla a medida que penetra en el cuerpo, entonando mensajes de sanación mediante una percusión que entra vibrante e impulsa rítmicamente el alivio. En otra ocasión una planta aromática me indicó que esparciera agua alrededor de la camilla en forma de brumas que flotan en torno al cuerpo o que soplase entregando con mi propia energía la molécula aromática sobre la parte inflamada del organismo.

Mediante estos consejos voy, como si fueran gusanitos finos y delgados que se desenrollan cual madeja, deshilando la enfermedad y creando fuera un ovillo que sale de alguna parte del cuerpo y que finalmente entrego a la tierra para que la disuelva.

Un caso que jamás he olvidado fue aquel en que una paciente, con seis meses de embarazo, se me acercó preocupada por su presión alta. Inicié la sesión y le pregunté a las plantas cuáles eran los mejores aromas a ocupar en esta oportunidad y, tras hacer ellas la selección final, los cogí de forma consciente. Primero puse el aceite de lavanda cerca de su vientre y viajé para preguntarle cómo usarla de la mejor manera posible. Me dijo que remojara con ella los pies de la mujer para bajar la presión y que esto sería placentero tanto para ella como para su bebé, actuando como un calmante silencioso. También salió al ruedo el vetiver, el que fue directo a las arterias y a enraizar la placenta. «Aquí soy la raíz del niñ

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