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¿POR QUé TENEMOS EL CEREBRO EN LA CABEZA?

Pedro Maldonado  

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Fragmento

PRÓLOGO

Cuando Pablo, mi hijo mayor, se acercaba a cumplir ocho años, sintió curiosidad por saber a qué me dedicaba y entonces me preguntó qué hacía todos los días. Le contesté que trataba de entender el cerebro humano. Esta respuesta, en apariencia, lo dejó tranquilo. Sin embargo, varios meses después volvimos a caer en el tema y repitió la pregunta, de modo que contesté de nuevo con la misma respuesta. Me miró extrañado y entonces preguntó: «¿Todavía estás haciendo eso?»

Luego de reírme con su pregunta, me di cuenta también de la dificultad para transmitir a mi familia y amigos lo complicado que es tratar de entender nuestro cerebro. Pertenezco a una generación de científicos que ha trabajado en este problema durante décadas, y los logros aún son insuficientes para acercarnos a una respuesta más o menos completa. Por siglos, la curiosidad sobre el cerebro ha concentrado el interés de mucha gente, y la actividad del neurocientífico se construye sobre esos avances. No es tarea menor, en este sentido, saber en cuántas generaciones más será posible satisfacer este interés. De momento es imposible saberlo. Incluso es difícil saber con exactitud cuánto conocemos sobre el cerebro humano. Las estimaciones que uno puede encontrar en los textos especializados llegan a un máximo del 15 por ciento y eso, considero, aún es un número optimista.

No es extraño, entonces, que el cerebro humano y todo lo que hacemos gracias a él despierte inevitable curiosidad. Las grandes preguntas del ser humano han estado centradas casi siempre en las cosas que podemos hacer, en nuestra habilidad de pensar, en las interacciones sociales, en nuestras emociones, en la creatividad y en las preguntas que hacemos sobre la propia consciencia. Durante estos años de actividad científica he tenido la oportunidad de conversar acerca de este tema en lugares alejados del laboratorio —en salas de clase, seminarios y en charlas abiertas al público general—. En todas estas instancias surgen las mismas preguntas.

Este libro es, por tanto, el resultado de esas conversaciones, y busca reflejar la mayoría de las preguntas que una y otra vez aparecen en ellas. Compartir nociones duras y exactas con lectores no especializados conlleva el riesgo de perder rigurosidad y por esto pido comprensión a los lectores especializados que lean este libro. Por otro lado, es casi imposible hablar de un tema científico sin hacer referencia a algunos conceptos que pueden ser áridos, los cuales he intentado describir de la manera más general posible.

INTRODUCCIÓN

«Mientras nuestro cerebro sea un misterio, el universo, el reflejo de la estructura del cerebro, también será un misterio».

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL1

El cerebro humano es una de las estructuras más complejas que existe en el universo. Es un órgano que nos permite reír y llorar, ver y escuchar. Nos permite movernos, escribir poesía y pintar, diseñar naves espaciales para explorar tanto la Luna como las profundidades del océano. También nos permite estab

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