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RASGOS ALTERADOS

Daniel Goleman  

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Fragmento

Agradecimientos

No habríamos podido comenzar el viaje que dio por resultado este libro sin la inspiración inicial de esos seres espiritualmente adelantados que han llegado lejos en el camino de la meditación. Los que Dan conoció en Asia: Neem Karoli Baba, Khunu Lama y Ananda Mayee Ma, entre otros. Nuestros maestros: S. N. Goenka, Munindra-ji, Sayadaw U Pandita, Nyoshul Khen, Adeu Rinpoche, Tulku Urgyen, y sus hijos, también rinpoches: Chokyi Nyima, Tsikey Chokling, Tsoknyi, y por supuesto, Mingyur. Y los muchos yoguis tibetanos que viajaron desde lejos para ser estudiados en el laboratorio de Richie, así como los occidentales que participaron en retiros en su centro de Dordoña, Francia.

Tenemos una enorme deuda con Matthieu Ricard, que tendió un puente entre los mundos de la ciencia y la contemplación, haciendo posible esta línea de investigación.

Los científicos que han aportado sus estudios a la creciente investigación contemplativa son demasiados para nombrarlos, pero les agradecemos su trabajo científico. Especialmente a los que trabajan en el laboratorio de Richie: Antoine Lutz, Cortland Dahl, John Dunne, Melissa

Rosenkranz, Heleen Slagter, Helen Weng, y muchos otros que forman una larga lista. En conjunto han contribuido enormemente con esta obra.

La tarea en el centro de Richie no habría sido posible sin la incansable colaboración del extraordinario equipo administrativo y gerencial, en particular, de Isa Dolski, Susan Jensen, and Barb Mathison.

Son muchos los amigos y colegas que nos han aportado valiosas sugerencias, entre ellos: Joseph Goldstein, Dawa Tarchin Phillips, Tania Singer, Avideh Shashaani, Sharon Salzberg, Mirabhai Bush y Larry Brilliant.

Y por supuesto, no habríamos podido escribir este libro sin el amoroso apoyo y el estímulo de nuestras esposas, Susan y Tara.

Debemos nuestra mayor gratitud a Su Santidad el Dalai Lama. No solo porque su existencia es para nosotros inspiradora sino también por haber sugerido que la investigación sobre meditación podía mostrar el valor de esa práctica a un gran número de personas.

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El camino profundo, y el amplio

Una brillante mañana de otoño, Steve Z, un teniente coronel que trabajaba en el Pentágono, oyó “un ruido fuerte, anormal”. Al instante el techo cedió y lo arrojó al piso, donde quedó inconsciente, cubierto de escombros. Era el 11 de septiembre de 2001. Un avión de pasajeros había chocado con el enorme edificio, muy cerca de la oficina de Steve. Cuando el fuselaje explotó, una bola de fuego recorrió la oficina. Los escombros le salvaron la vida y, a pesar de la conmoción cerebral, cuatro días después Steve volvió a trabajar con fervor de 6 p.m. a 6 a.m., la cantidad de horas que alumbraba la luz del día en Afganistán. Inmediatamente después se alistó para ser voluntario por un año en Irak. “Fui a Irak ante todo porque no podía caminar por el mall sin estar hipervigilante, atento a la manera en que me miraban, totalmente alerta. No podía entrar en un ascensor. En mi auto, en medio del tránsito, me sentía atrapado”, recuerda Steve.

Tenía los síntomas típicos del trastorno de estrés postraumático (TEPT). Llegó el día en que comprendió que no podía manejarlos por sí mismo. Finalmente recurrió a un psicoterapeuta, que con mesura lo orientó a la práctica de la atención plena.

Steve aún sigue viendo a ese terapeuta, y recuerda: “La atención plena (mindfulness) me ofreció algo que yo podía hacer para sentirme más sereno, menos tenso, no tan reactivo”. A medida que la practicaba, añadiéndole una actitud amorosa y asistiendo a retiros espirituales, los síntomas del TEPT se tornaban gradualmente menos frecuentes, menos intensos. Aunque tenía accesos de irritabilidad e inquietud, podía anticiparlos.

Historias como la de Steve ofrecen noticias alentadoras acerca de la meditación. Nosotros hemos sido meditadores durante toda nuestra vida adulta y, al igual que Steve, sabemos por experiencia propia que esa práctica proporciona innumerables beneficios.

Pero nuestra formación científica también cuenta. No toda la magia que se atribuye a la meditación se sostiene ante comprobaciones rigurosas. Por lo tanto, nos hemos propuesto dejar en claro en qué es útil y en qué no lo es. Es posible que los lectores tengan una noción errónea sobre la meditación. Y que ignoren lo que en verdad es.

Volvamos a Steve. Con infinitas variaciones, su historia se repite en incontables casos de personas que afirman haber encontrado alivio en métodos de meditación como la atención plena, no solo para el TEPT sino para un amplio rango de trastornos emocionales. Sin embargo, la atención plena —que es parte de una antigua tradición de meditación— no fue concebida como una cura. Solo recientemente este método se adoptó como un bálsamo para nuestras modernas formas de angustia. Su objetivo original —perseguido en algunos círculos hasta hoy— es una profunda exploración de nuestra mente con la finalidad de lograr una profunda transformación de nuestro ser.

Por otra parte, las aplicaciones prácticas de la meditación —en el caso de Steve, de la atención plena, que lo ayudó a recuperarse de un trauma— aunque de escasa profundidad, son muy atractivas. Por su fácil acceso, la atención plena ha hecho posible que gran cantidad de personas hallaran la manera de incluir al menos una pizca de meditación en su vida cotidiana.

Existen, entonces, dos caminos: el amplio y el profundo. A pesar de ser muy diferentes, a menudo se confunden entre sí. El camino profundo se expresa en dos niveles. En una forma pura, por ejemplo, en los antiguos linajes del budismo theravada que se practica en el sudeste asiático o entre los yoguis tibetanos (sobre ellos ofreceremos algunos datos sorprendentes en el cap

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