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REPúBLICA NAZI DE CHILE

Carlos Basso Prieto  

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Fragmento

Capítulo 1

Nueva Núremberg (ex Osorno),

20 de mayo de 1960, 9.30 hrs.

Cuando el cabo González llegó al sitio del suceso, la cabeza de la víctima o lo que había sido su cabeza, era en ese momento un amasijo informe de masa encefálica, arterias de las cuales aún borboteaba sangre, astillas de hueso por doquier, jirones de piel y restos de un pelo rubio muy ralo, en lo que parecían haber sido las sienes.

Tratando de no vomitar, González contuvo la respiración y, sin saber bien por qué, trató de buscar los ojos. En algún lado debían estar. El hombre que había llamado a Carabineros, un empleado municipal que hacía la mantención de las plantas del parque, un tal Soto, adivinó la intención del policía. Pese a que estaba completamente mojado por la lluvia inclemente que a esa hora caía sobre la ex ciudad de Osorno, ahora llamada Nueva Núremberg, se le acercó y le habló despacio, como tratando de hacerlo comprender algo que al carabinero no le cabía en la cabeza:

—El finaíto perdió los ojos, iñor, no saca ná con seguir buscándolos, no ve que cuando se golpeaba con el árbol —indicó con la mano un abedul ubicado a unos dos metros del cadáver— lo primero que se le rompió fue la nariz y la frente —dijo sin incurrir en detalles innecesarios acerca de cómo le habían estallado los globos oculares.

El carabinero exhaló largo y profundo, y caminó un par de pasos hacia atrás.Al hacerlo, sintió cómo sus botas de cuero con punta de hierro se hundían en el margen que unía el agua del antiguo río Damas, ahora rebautizado como Breslau, con la orilla del parque Cuarto Centenario.

—A ver, explíqueme de nuevo lo que pasó —pidió al jardinero, quien lo miraba con toda naturalidad, mientras se apoyaba en su azadón.

Sí, en lo primero que pensó el cabo González al llegar allí y ver esa brutal escena, fue que el denunciante, Soto, podría ser el autor del homicidio, pero no había muchos elementos que apoyaran esa idea. No solo el azadón estaba impecable (aunque, claro, podría haberlo limpiado con la lluvia o el pasto), sino que también lo estaba su traje amarillo a prueba de agua, si bien en realidad, difícilmente se habría podido decir que estaba limpio, o exento de suciedad. Era un típico traje de goma, de aquellos de antaño, muy duros y de una goma pesadísima y, como tal, estaba recubierto de costrones de mugre.

Si allí hubiera caído sangre en algún momento y aquel sujeto la hubiera limpiado

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