Loading...

ROMANCE DEL DUENDE QUE ME ESCRIBE LAS NOVELAS

Hernán Rivera Letelier  

0


Fragmento

 

«Es mejor callar si lo que se va a decir no es más bello que el silencio», fue lo primero que le oí a mi duende en la primera vez que se me apareció.

Lo dijo en un tono casero –como hablando consigo mismo–, tropezando en un leve tartamudeo de caballero inglés y sin quitar la vista del remiendo color índigo que cosía a un diminuto chaleco de mono color marrón. Yo, un niño de seis años, alelado ante su presencia, solo abría y cerraba la boca sin saber si lo que saldría de ella iba a ser un grito, una palabra de saludo o una bolita de vidrio que me había tragado el día anterior.

Fue una noche de verano en la oficina Buenaventura, pleno desierto de Atacama, y seguramente el silencio al que hacía referencia el duende era el de este desierto infinito; un silencio puro, sólido, traslúcido como una piedra preciosa (yo hablo de un tiempo cuando en los atardeceres del mundo los niños aún se juntaban a jugar a la ronda de San Miguel, y por las noches las estrellas fugaces, bellas como trenes con sus ventanas encendidas, venían cargadas de deseos).

Desde esa vez, y a lo largo de toda mi vida, he tratado de seguir el consejo de mi duende. No hablar más de lo necesario. Oír más que hablar. Después me dediqué a la escritura, y bien se sabe que escribir es hablar en silencio (y el que habla en silencio, con Dios habla).

Recibe antes que nadie historias como ésta