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ROOKIE Y LOS LATIDOS DEL CORAZóN

Tavi Gevinson  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Rookie es una revista en línea hecha por y para adolescentes y seres de cualquier edad que los acompañen. La fundé en 2011, cuando estaba en el segundo año de preparatoria, porque no encontraba ninguna revista para adolescentes que respetara la inteligencia de sus lectores y que tuviera adolescentes en su equipo de escritores. Desde entonces, los lectores de Rookie se han dado a conocer a través de nuestra comunidad en línea, en eventos en vivo y mediante sus propias zines, blogs, bandas, clubes y demás manifestaciones de creatividad y genialidad. Siempre quisimos rendir homenaje a la magia que lograron todos los que contribuyeron a RookieMag.com, así que publicamos cuatro antologías, una para cada año de la preparatoria, conocidas como los Rookie Yearbooks. Pero queríamos hacer más; queríamos encargar y publicar obras nuevas que no pudieran vivir en ninguna otra parte, ni siquiera en internet. Deseábamos concentrarnos en un solo tema, más que en un periodo. Pretendíamos averiguar todas las maneras en que los escritores y artistas de Rookie, los héroes de Rookie con quienes soñamos trabajar y los lectores de Rookie que están en vías de convertirse en todo lo anterior responderían a ese llamado. Buscábamos un tema que fuera tranqui, sencillito y fácil de comprender. Así que nos decidimos por el Amor.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Y he aquí una nueva edición de Rookie impreso, con nuevos ensayos, cómics y poesía de adolescentes de todas las edades. Inicialmente pensé que encargaríamos textos para que se cubrieran todas las posibles manifestaciones de esa emoción misteriosa: crushes, amores no correspondidos, amor de largo plazo, amores breves, amor de larga distancia, ligues efímeros, rompimientos, etcétera. Tal vez podríamos acomodarlos en la secuencia de una relación estereotípica; empezar por la atracción, continuar con la unión y terminar con la separación. El veredicto se daría a conocer, por fin. El significado del amor capturado en estas páginas.

Sin embargo, como todo lo que vale la pena hacer o sentir, el amor es imposible de explicar. Como cualquier cosa de la vida real y no de un libro, película, “Love Story” de Taylor Swift, “Love Story” de Mariah Carey o “Love Story (You and Me)” de Randy Newman, el amor no siempre se desarrolla según una estructura narrativa. Además, concluir el libro con un montón de separaciones nos pareció deprimente. ¿Dónde quedaría la siguiente parte, cuando descubres lo increíble de estar solo? ¿Y qué tal después, cuando conoces a otra persona y creas algo nuevo con ella? ¿O cuando eliges no estar en una relación, salir sin compromisos o tener sexo con quien se te dé la gana? También, ¿qué hay del amor que persiste a nuestro alrededor, sin importar lo que pase o no con las relaciones amorosas en nuestra vida? ¿El amor que sientes cuando trabajas en algo que te encanta, cuando ves una obra de arte que parece leerte la mente o cuando descubres un libro realmente bueno (*tos discreta, pedo*)? ¿La gente que hace que tu vida se sienta tan plena que el Príncipe Azul podría ser en realidad un mutante de múltiples cabezas? ¿Qué tal esos días en que estás tipo “No puedo creer que no sólo no estoy deprimido a muerte, sino que al mismo tiempo me siento… enamorado del mundo a mi alrededor”? ¿O cuando te dices: “Siempre que me siento pesimista por la situación del mundo, pienso en las puertas de llegada del aeropuerto de Heathrow. La opinión generalizada es que estamos viviendo en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así […]. Tengo la impresión de que, si miras a tu alrededor, descubrirás que el amor está por todas partes”?

Está bien, ese es el monólogo de Hugh Grant al principio de Love, Actually, pero intentar escribir sobre el amor a veces te hace sonar así. Y, honestamente, la tesis de esa película, haciendo a un lado lo cursi, no está equivocada. Si acaso, el resto del guion no cumple con esa declaración expansiva. El amor sí está a nuestro alrededor, pero no siempre está contenido en otra persona. A veces encuentras al mejor compañero en ti mismo, o la diversión al adorar a un ídolo adolescente, o un reto en intentar entender el amor en sus diversas formas. Sólo en intentarlo. La curiosidad. Así me sentí al trabajar en este libro. Y, al llegar a su final, me sentí bastante satisfecha con la idea de que el amor es una fuerza que adopta distintas formas, que puede estar más presente en la sensación de escribir que en una relación, en recuerdos o en fantasías, en la conversación con un amigo de internet, en la manera en que tu perro espera que vuelvas a casa.

Así que estoy proponiendo una secuela de Love, Actually que se llame Love, Actually—No, But Actually, en la que todos interpreten algún personaje de Rookie y los latidos del corazón: Emma Thompson como el proceso de escritura de canciones de Florence Welch (página 181), Bill Nighy como los estándares de belleza que Alessia Cara cuestiona (página 201), Chiwetel Ejiofor como los libros favoritos de Emma Straub (página 81), Keira Knightley como el león del cuento corto de Etgar Keret (página 33), Colin Firth como la carrera musical de Mitski Miyawaki (página 107), Liam Neeson como el instructor de actuación de Marlo Thomas (página 193), Laura Linney como Montgomery Clift en el tributo de Hilton Als al ícono de las pantallas (página 217), January Jones como las cartas de amor que le mostraron a Janet Mock que era escritora (página 21), Alan Rickman como el Gchat de John Green y Rainbow Rowell sobre el amor juvenil (página 85), Rowan Atkinson como la autodescrita “fase de zorra” de Gabourey Sidibe (página 91)… O sea, ¡qué reparto! ¡Con razón es un clásico!

Prepárense para emocionarse con la poesía de las lectoras de Rookie, las entrevistas y las conversaciones, las guías y los consejos, los ensayos líricos, las líneas del tiempo y más preguntas que respuestas. Sigo impactada con cada una de las contribuciones, la increíble creatividad y amplitud de esas interpretaciones del tema sobre el que más se ha escrito en la historia. Por supuesto, esto es lo que obtienes cuando dices: “Me encanta cómo escribes. ¿Podrías escribir sobre algo que ames?”.

Y si alguno de ustedes quiere producir una secuela tremendamente enmarañada de una conocida película romántica navideña y —aunque se pierda dinero— tapar las caras de al menos diez estrellas internacionales de cine con enormes objetos a modo de disfraces, al estilo de una obra de teatro escolar, ¡por favor póngase en contacto con nosotros!

Con amor (como digo en todas las cartas de la editora
pero ahora lo digo súper en serio),
Tavi

POSTALES
DEL APOLLO 6

Por Lena Blackmon

tu mano reposa en la cintura de mi vestido de girasoles.

bailamos vals en el salón de física.

hay luz de sol en nuestro interior:

nos otorga gracia,

(como tendemos a ser, con nuestros cuerpos

planetarios y atracción gravitacional)

kepler. y entonces la aceleración

que nos separa.

nos separamos, pero no de

manera catastrófica. como si el apollo 6 flotara sobre el suelo

en vez de estrellarse.

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CÓMO LIDIAR
CON EL RECHAZO

La escritora y activista explica cómo superar un crush

y empezar a pensar en ti

Por Janet Mock

Soy una adolescente sin esperanzas, enamorada de un chico
muy guapo que está sentado junto a mí y quiero olvidarlo porque
sé que yo no le gusto. Alguna sugerencia, por favor.
RIYA, 18, NUEVA YORK

El primer chico al que amé vivía a dos casas de la mía. Nunca he anhelado tan profundamente estar con alguien como deseaba estar con Nathan.* Lo contemplé tanto tiempo que podría haber contado el número de pecas de su maldita cara. Lo miraba con un enamoramiento incontenible cuando caminaba por la cuadra acompañado de una chica bonita tras otra. Dejaba caer los brazos bronceados y musculosos alrededor de los hombros de ellas, les besaba el cuello de bronce, las hacía reír.

Yo fantaseaba con ser el tipo de chica que Nathan elegiría: una con cabello largo y sedoso y no con un afro esponjado; una con senos que rebotaran y no con un brasier con relleno; una cuya pertenencia al género femenino no se cuestionara, como en mi caso de chica trans. Sin embargo, sin importar cuánto fantaseara, no podía cambiar la verdad irrefutable de que yo no le gustaba a Nathan.

Durante mucho tiempo les eché la culpa a las cosas que me faltaban, a lo que yo no era. No digo que eso sea lo que tú estés haciendo; sólo estoy diciendo que eso es lo que hizo mi yo de 14 años. Hice mi mejor esfuerzo por no compararme con el ejército de bellezas de Nathan, pero no pude evitarlo. Al verlas, me quedaba muy claro: ellas eran las elegidas y yo no. Pero esa comparación constante no hacía más que interferir con mi capacidad de verme a mí misma para apreciar lo que tenía que ofrecer: que Nathan, quien me tenía tan enamorada, no me quisiera, no me deseara, no me hubiera elegido, no significaba que yo no fuera digna de ser elegida o que no pudiera elegir.

De todas maneras, lidiar con ese primer rechazo de ese primer chico al que yo deseaba me rompió el corazón. Intenté superarlo escribiéndole cartas de amor. Nunca se las mandé. (¡Oh, diosa, me habría sentido tan humillada si él las hubiera leído!) Pero el hecho de escribir esas cartas me permitió sentarme conmigo misma y expresar la verdad sobre mis sentimientos: las cartas me hacían rendirme cuentas a mí misma. Inicialmente estaban dirigidas a él, pero siempre me ayudaron a poner los pies en la tierra. Me pusieron los pies en la tierra de la manera en que hubiera deseado que él lo hiciera.

Con el tiempo se me acabaron las cosas que quería decirle a Nathan. Pero me di cuenta de que todavía tenía cosas que decir y seguí escribiendo. Escribí sobre lo que quería hacer, ver, experimentar. Escribí sobre mis frustraciones, deseos y, sí, sobre nuevos crushes. Las cartas ya no estaban dirigidas a Nathan; de hecho, dejaron de ser cartas y se convirtieron en mi primer diario, las raíces de mi viaje como escritora. Las cartas de amor transformadas en diario me dieron el valor de decir lo que quería decir.

Poner los pies en la tierra, retirar mi atención de ese amor inalcanzable y concentrarla en apreciar lo que tenía, quién era y qué quería, me ayudó a olvidar a Nathan y a pensar en mí.


* Se cambió el nombre.

FWD: CARTA A LEYB

Viajamos a través de pantallas,
cuerpos y textos, hacia nosotros mismos

Por Tova Benjamin

En vez de empezar esta carta de la manera usual, diciéndoles dónde estoy, comenzaré diciéndoles cuál es mi medio (lo cual les dirá dónde estoy): la gran pantalla de la computadora de la biblioteca, con un teclado burdo y peculiar. El ratón, como una entidad en sí misma, requiere que lo cubra con la mano cuando deseo navegar por mi documento; exige más presión de mis dedos, que hacen clic en vez de presionar. Muevo distraídamente el ratón sobre el escritorio de la biblioteca mientras intento bajar el cursor en la pantalla. Detrás del monitor hay dos enchufes, y debajo de él está la computadora.

Tal vez ya rompí nuestro código tácito al hablar de la computadora, porque seguimos llamando “cartas” a estos correos electrónicos que intercambiamos. Lo más fascinante de la clase de Textos y Medios Digitales que estoy tomando han sido las discusiones sobre la materialidad de los textos que leemos en línea. No sólo en relación con su legitimidad o autoridad, sino con lo físico: el plástico (?) que está bajo mis dedos en este momento, el vidrio o fibra de vidrio (?) del monitor, los cables que conectan el monitor con la pared a mis espaldas y que a su vez están conectados con una serie de alambres y equipo y fibra de vidrio. Aunque tendemos a pensar en los medios como algo que existe en la lejana Nube, se debe acceder a ellos por un medio físico. No existen libres, flotando en el aire como un pensamiento.

Los textos digitales pueden parecer extrañamente inmateriales o incorpóreos. Como tantos otros elementos en línea, con frecuencia se consideran “virtuales” porque son elusivos como objetos físicos. No existiría ninguna página en internet sin un enorme montón de cosas tangibles —el monitor en el que aparece, pero también la computadora donde está el servidor, la computadora del cliente, la “columna vertebral” de internet, cables, enrutadores e interruptores—; sin embargo, de todas maneras es sorprendentemente intangible. ¿Qué es? ¿Dónde está? [Lisa Gitelman, Always Already New].

(No es coincidencia que yo empiece a pensar en ti —la persona que comencé a amar del otro lado de la pantalla— mientras leo estos escritos o un texto digital. A veces pienso en el <cuerpo> de la persona que llegué a conocer al leer tus primeras cartas, cuando me las mandaste por correo electrónico; el texto con la fuente que elegiste y que aparecía cambiada cuando yo abría los documentos en mi monitor, palabras que se encogían cuando leía tus cartas en mi teléfono. Es extraño pensar en la materialidad de ti cuando nos conocimos, y todavía lo es hoy, ya que existes mayoritariamente en palabras, escritas o pronunciadas en voz alta.)

Después: Gitelman habla sobre la historicidad de internet o del tipo de historias que es posible crear en línea. Cuando busco una página electrónica, los resultados que obtengo no corresponden a la página como ha existido a lo largo de cinco o 10 años o lo que sea; es sólo la versión más reciente. Internet es igual de bueno para ocultar su historia como para almacenar información. Si yo quiero ver cómo era Facebook hace siete años, puedo ir a un sitio web y observar capturas de pantalla que otras personas tomaron de sus páginas de Facebook hace siete años. Pero no puedo conseguir esa información de Facebook.com, ya que este sitio sólo me mostrará cómo se ve hoy, en este momento, en este segundo. Una página que cambiará en una hora, cuando yo vuelva a entrar. Por eso el título del libro de Gitelman: Always Already New.

(De pronto recuerdo cómo, cuando hablábamos por teléfono hace unas noches, dijiste, en una voz que a la vez era tenue y suave y tan autoconsciente que el tono era casi irreconocible para mí: “Pero en cierta forma, Tova, apenas estoy conociéndote”. Es difícil separar ahora, todavía o siempre, el hecho de que estés conociéndome [y viceversa] del medio por el cual convivimos constantemente. El hecho de que todos los días nos busquemos e intentemos tocarnos a través de los cables materiales y pantallas y teclados de estos textos digitales y palabras que están constantemente reescribiendo sus propias historias y a sí mismos. Pero las conversaciones digitales que tan despreocupadamente incluimos en nuestras interacciones en tiempo real, los datos que fluyeron entre el momento en que no tuve tu cuerpo en mis brazos y el momento en que sí lo tuve fueron continuos y jamás discretos, y existían en un plano infinito de posibilidades.

(Cuando te veo ahora, veo tu rostro afeitado, escucho tus palabras como existen hoy, la persona que eres en este momento. Sin embargo, cuando te llamo por tu nombre no eres sólo el chico que ya se reescribió de nuevo, sino también el disco duro de datos en el que puedo ingresar, datos de tus identidades pasadas, las mismas que también constituyen mi experiencia.)

Más profundamente en Gitelman: ¿sabías que en 1996 la vida promedio de una página web era de 75 días? Eso quiere decir ...