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SANTIAGO CERO

Carlos Franz  

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Fragmento

... En la isla tratan de mantenernos muy ocupados. A menudo, el viento derriba durante la noche lo que hemos construido de día. En la mañana hay que volver a subir las mismas piedras a su sitio. Aun así, las horas de luz son pocas y las jornadas cortas. Terminado el trabajo diario nos castiga un aburrimiento insoportable para hombres que fuimos de acción. La charla en el círculo de forzados es imposible. Unos caen en los arrepentimientos más extemporáneos; otros se jactan de sus antiguas hazañas. Los sumarios y apelaciones se multiplican y hacen eterna la incertidumbre. Mientras, los años pasan de largo sobre esta isla como los pájaros que nunca anidan en ella. Mi defensa me recomienda no comentar con nadie el estado de mis causas. Consejo inútil, porque todos los hechos del proceso los he olvidado como si fueran ajenos. Mi memoria se detuvo años antes, en lo que podría llamar mi educación sentimental; pero ésta no interesa en absoluto a los fiscales. Sin embargo, si existiera un juez que se ocupara de esos primeros móviles, de los pecados originales, de las causas remotas, en lugar de sus tardíos efectos, ante él me gustaría testimoniar. Hasta que no me lleven a su presencia, callo y escribo lo que pudo ser una historia de amor. Mis compañeros de barraca creen que son cartas para mi familia, tal como las que borronean ellos. Me conviene, así no miran por sobre mi hombro. Si lo hicieran descubrirían que soy yo el único destinatario. Todo el que haya tenido que llevar durante años una doble vida me comprenderá. Sabrá que es irremediable aficionarse a hablar solo, interrogarse, dirigirse a uno mismo como si todo el tiempo lo hiciéramos a un cómplice con el que vamos esposados.

También es una medida de seguridad. Sé que revisan nuestras cosas durante los turnos. Por si inadvertidamente hiciera recuerdos comprometedores, prefiero tomar la vieja precaución de imputárselos a otro...

* * *

Primera Parte

Cartas sobre la mesa

1

Tú no siempre fuiste tú. Tú no siempre habitaste una isla. Tú fuiste una vez inocente. Lo eras antes de que llegara aquella primera carta.

Fue un l

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