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TINY PRETTY THINGS (DULCES, PERFECTAS Y MALVADAS)

Charaipotra, Sona / Clayton, Dhonie  

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Fragmento

Cassie

Siempre es como la muerte. Al menos al principio. Los músculos se tensan y arden hasta que parece que van a romperse. Los huesos de las caderas amenazan con salirse de su sitio. La columna vertebral se extiende y se retuerce en formas imposibles. Las venas de los brazos se hinchan y la sangre palpita. Los dedos de las manos tiemblan mientras intentas mantenerlos tensos pero elegantes, solo eso. Los de los pies quedan apretujados en una bonita caja rosa que hace que todo el pie se te llene de ampollas y moratones.

Pero todo parece fácil y bonito. Espero. Porque es lo único que importa.

Hoy el estudio B es un escaparate, y me gustaría que las tres paredes de cristal fueran oscuras o estuvieran tapadas. Siento la intensa mirada de Liz, con la cara pegada al cristal. Sabía que ella lo quería —quizá incluso más que yo—, pero eso no significa que lo mereciera. Dirá que he tenido suerte, que ha sido enchufe y que ser la sobrina del señor Lucas tiene sus ventajas. Bueno, Bette me comentó que eso farfullaba anoche, borracha. Pero no es verdad. Me lo he ganado.

Morkie grita órdenes a las chicas del cuerpo de baile y luego se dirige al pianista para que toque los acordes del ballet de primavera, La sílfide. Soy la única chica de sexto nivel seleccionada como solista, y aunque las demás fingen alegrarse por mí —bueno, casi todas—, sé que esperan verme fallar. Pero no voy a darles esa satisfacción. Aunque es duro ser la más joven. Y antes, cuando una de ellas me ha preguntado si tenía quince años, he pensado en mentirle y decirle que tenía diecisiete o dieciocho, como ellas. Observo con una sonrisa en la cara a los demás bailarines haciendo piruetas. No voy a flaquear. No quiero que sepan que es durísimo. Me duelen los músculos y tengo el estómago revuelto por la juerga de anoche. No debí dejar que Bette me convenciera de beber. Sin duda ahora estoy pagando el precio.

La música se interrumpe bruscamente. Morkie se acerca a Sarah Takahashi y la obliga a girar una y otra vez corrigiéndola a gritos en ruso, como si Sarah la entendiera. Sarah se inclina y parece enfurecer aún más a Morkie. Es mi suplente y está en octavo. Una chica de octavo debería haber conseguido el papel principal. Es una oportunidad para que los profesores de la compañía vean su talento y le ofrezcan un puesto.

Dedico hasta el último segundo del descanso a revisar mentalmente la coreografía y a pensar en la música. Morkie hace los pasos uno a uno, pisando con sus pequeños zapatos de baile con tacón. Aunque tiene casi setenta años, sigue siendo muy elegante, una auténtica danseuse russe.

Bette abre la puerta y la cierra de golpe para que vea que está aquí. Odio que siempre encuentre la manera de hacerse notar, pero no se lo puedo decir. Todo el mundo la mira: su pelo rubio recogido en un moño, su falda de danza de diseño, que flota a su alrededor como algodón de azúcar, y su lápiz labial rosa, que se ha aplicado con habilidad. Le dicen que se coloque al fondo, y se deja caer cerca de las bolsas. Se rumorea que un cuantioso cheque de su madre le ha permitido sentarse en el estudio para aprender el papel, pero no me he atrevido a preguntárselo. Ha sido muy amable y servicial. Me defendió ante Liz y las demás cuando llegué, me contó cómo funcionaba todo y amenazó a las chicas que no dejaban de meterse conmigo.

Will entra poco después. Se ha puesto gomina en el pelo pelirrojo y lleva toda la cara maquillada. Me lanza un beso y me saluda con la mano. Esta mañana han comunicado que sería el suplente de mi pareja de pas. Se sienta al fondo con Bette.

Morkie me pide que me coloque en el centro. Empieza la música, tenue, trémula y tranquila. Normalmente me dejo llevar, las notas me arrastran hasta que pierdo la noción de mí misma, los movimientos de mis brazos y de mis piernas se transforman y me permiten convertirme en el hada del bosque enamorada del escocés. Pero hoy estoy anclada en mi cuerpo, demasiado alto y pesado. Siento tirones en todos los músculos mientras me deslizo intentando asegurarme de que coloco los pies en el lugar exacto.

Me descubro a mí misma mirando la cinta que señala los límites del escenario y concentrándome en los compases de la música. Intento no pensar en los movimientos concretos de la coreografía. Viejos hábitos. Malos hábitos. A estas alturas debería sabérmelos de memoria. Me digo a mí misma que soy ligera como el aire, pero mis pies van con un segundo de retraso y los movimientos de mi brazo son demasiado pesados.

—¡Más! ¡Más! —grita Morkie.

Su voz rebota en los espejos. Siento que mi sonrisa flaquea. Delante de ella no tengo la más mínima elegancia. Pierdo la confianza con el sudor. Scott me espera a la izquierda. Me acerco a él y le tiendo la mano. Me atrae hacia su pecho.

Morkie grita por encima de la música.

—Sonríe. Estás enamorada de él.

Mi sonrisa parece incómoda en el espejo. Los músculos del estómago se me contraen cuando me sujeta por la cintura y se prepara para elevarme.

Morkie levanta las manos y las mueve. Nos detenemos.

—Se supone que estáis enamorados. ¿Dónde está el amor? ¿Dónde está? —dice indicándome que me aparte—. ¿Nos hemos equivocado con el reparto, Cassandra? —El acento ruso hace que sus palabras suenen punzantes, pequeños cuchillos que me desgarran por dentro—. Encuentra la razón por la que te hemos elegido. ¡Encuéntrala!

Su delgado brazo me indica que me retire.

Sarah ocupa mi lugar para practicar con Scott la elevación que no he podido hacer. Me digo que está bien. Es necesario. Los dos chicos tienen que aprender a levantar a Sarah, y luego a mí. Por si acaso. Me dirijo a la esquina del fondo, hacia Bette y Will, frustrada.

—Tienes que hacerlo —oigo susurrar a Bette, pero Will ve que me acerco y la hace callar.

—Hola. —Will me sonríe y da unas palmadas en el suelo, a su lado—. Empieza difícil, ¿eh?

Recupero el aliento y me limpio las gotitas de sudor de encima del labio. Cuando la gélida mirada azul de Bette se posa en mí, me siento asquerosa, torpe y vencida. Will me mira con expresión triste, como si yo fuera un perrito al que acaban de darle una patada.

—No te lo tomes a pecho —vuelve a susurrar—. Morkie es una bestia.

—¿Estás bien? —me pregunta Bette con una sonrisa que más parece una mueca.

—No sé qué me ha pasado —le contesto cerrando los ojos. Estiro las extremidades en todos los sentidos—. Ayer estaba bien. Me visteis.

—Parecía que Scott te daba miedo —me dice Will mirándolo, siguiendo todos sus movimientos—. ¿Estás colada por él?

—Tengo novio —le suelto sin querer. Ojalá bailara con Henri, pero está en la Escuela de la Ópera de París. Confío en sus manos—. Perdona, no sé qué me pasa.

—Hum —dice Bette, evasiva—. Supongo que bebiste demasiado.

Y entonces recuerdo que, pese a mis protestas, no dejaba de llenarme el vaso del vino caro que había cogido de la bodega de su madre.

Asiento y busco una excusa.

—Al volver debería haberme ido directamente a la cama.

—¿No te fuiste a dormir? —me pregunta Bette frunciendo el ceño, sorprendida.

—A veces bailo por la noche para que se me quede en la cabeza cuando me voy a dormir. —Me llevo una mano a la frente sin saber por qué se lo estoy contando. Pero puedo confiar en Bette. Alec me lo dijo, aunque al principio dudaba de ella. Y Will es el mejor amigo de Alec—. Tengo las piernas hechas polvo. —Me muevo un poco y apoyo la espalda en la pared de cristal que da a la calle. El calor de los rayos del sol elimina la frialdad que se ha asentado en mi estómago. Aunque es primavera, estoy temblando—. ¿Qué debería hacer?

Bette y Will se miran. Saben lo que quiere Morkie. Llevan toda la vida aquí. Saben cómo complacerla.

—Tienes que espabilar —me dice Bette retirando una pelusa invisible de su impecable jersey—. Morkie no quiere dramas ni excusas. —Se inclina y hace un estiramiento, como si estuviera calentando por si en cualquier momento la llaman al centro. Como si estuviera aquí por algo—. Y no bebas tanto.

—Huy, Bette —le dice Will.

Intento no poner mala cara.

—La verdad es que nunca había bebido —le contesto en un susurro. Si Bette se sorprende, no se le nota. Pero es humillante decirlo. Antes de venirme a vivir a Nueva York con mi primo Alec y su familia para ir al conservatorio, mi mundo consistía exclusivamente en ir a clases de danza y a la escuela, y en sentarme en el sofá con la madre de la familia con la que me alojaba, británica, esperando a que Henri me llamara o me mandara un mensaje. Nueva York es totalmente diferente de Londres—. No sabía que me sentaría tan mal.

Quiero gritar a Bette por empujarme a beber, pero no lo hago. Es prácticamente la única amiga de verdad que he hecho desde que llegué a Nueva York, y no quiero fastidiarla.

—Todos tenemos días malos —me dice Will, y me acaricia la pierna, como si fuera a servir de algo.

Siento que se me humedecen los ojos. Chupo el brillo de sabor a fresa de mis labios y oigo mentalmente a mi madre riñéndome. Dice que no es nada femenino. Me giro y veo que Sarah Takahashi clava la elevación con Scott que yo no he podido hacer. Morkie la mira sonriendo.

—No te preocupes, Cassie —me dice Bette—. Will te ayudará. Te rescatará, como siempre ha hecho conmigo.

La palabra rescatará me sienta fatal. Los ojos de Will recorren el estudio, como si mirara una mosca.

Bette me lanza una sonrisa tan amplia que le veo todos los dientes. Perfectos, como todo en ella. Vuelven a llamarme al centro, y ahora también a Will. Siento la mirada de Bette en Will mientras Morkie nos muestra la siguiente parte del pas. Marcamos los movimientos uno a uno, con dolorosa precisión. Tardo casi una hora en hacerlos perfectos, como Morkie los quiere, hasta que finalmente nos deja ensayar por nuestra cuenta. Entonces me coloco en el centro por fin, lista para mostrarle lo he que aprendido.

Me preparo para bailar y espero a que empiece el acorde. Me tranquilizo. Las preocupaciones, las críticas y las caras en el cristal se alejan. Veo que Will está esperándome. Imagino que es Henri. Me meto en la música y empiezo el primer movimiento. Cada movimiento de los brazos sigue la cadencia. Salto, giro, brinco y planeo. Revoloteo por encima de Will.

—Justo con

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