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UNA FUERZA PARA EL BIEN

Daniel Goleman  

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Fragmento

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Penguin Random House

Introducción
del Dalai Lama

Los 56 años transcurridos desde que salí de Tibet y me refugié en India en busca de libertad han sido difíciles para los tibetanos, entre los que me incluyo. No obstante, contribuido a sostenernos uno de los preceptos de nuestra tradición: tratar de transformar en oportunidades todas las circunstancias, aun las más adversas.

En mi caso, el hecho de vivir como refugiado ha ampliado mis horizontes. Si hubiera permanecido en Tibet, seguramente me habría aislado del mundo exterior, habría ignorado el desafío que presentan perspectivas diversas. He tenido la fortuna de viajar a muchos países y conocer infinidad de personas diferentes, aprender de sus experiencias y compartir las mías. Esta manera de vivir armoniza con mi temperamento. No me agrada la formalidad, que solo sirve para crear distancia entre las personas.

Como ser humano sé que mi bienestar depende de otros y el cuidado de los otros es una responsabilidad moral que tomo con mucha seriedad. Es irreal considerar que el futuro de la humanidad puede lograrse solo por medio de las plegarias y los buenos deseos. Necesitamos actuar.

Por lo tanto, mi primera obligación es contribuir a la felicidad humana de la mejor manera posible. Soy un monje budista y, de acuerdo con mi experiencia, todas las tradiciones religiosas tienen la posibilidad de transmitir el mensaje del amor y la compasión. En consecuencia, mi segunda obligación es promover las relaciones armoniosas y amistosas entre ellas. En tercer lugar, soy un tibetano y —aun cuando me he alejado de las responsabilidades políticas— sostengo mi compromiso de hacer lo que pueda para ayudar al pueblo tibetano, y para preservar nuestra cultura budista y el medio natural de Tibet, ambos bajo amenaza de ser destruidos.

Me alegra que mi viejo amigo Dan Goleman haya escrito este libro, que explora y describe de qué manera he desplegado mi compromiso durante las décadas pasadas. Dan ha sido de gran ayuda para mí. Es un escritor experto y una persona interesada en la ciencia de nuestro mundo interior y exterior, calificado para expresar estos temas con claridad, tal como lo ha hecho.

Creo que podemos alcanzar el objetivo de que los seres humanos vivan más felizmente unos con otros y se ayuden mutuamente, de una manera más plena, en un mundo más pacífico. Pero debemos trabajar con amplitud de criterio y con una perspectiva de largo plazo. El cambio en nosotros mismos y en el mundo que habitamos no puede lograrse de un modo apresurado, llevará tiempo. Nada sucederá si no hacemos el esfuerzo.

Lo más importante que espero comprendan los lectores es que ese cambio no ocurrirá debido a decisiones que tomen los gobiernos o la ONU. El verdadero cambio se producirá cuando los individuos se transformen a sí mismos guiados por los valores que se encuentran en el núcleo de todos los sistemas éticos de la humanidad, los descubrimientos científicos y el sentido común. Al leer este libro tengan presente que, dado que estamos dotados de maravillosa inteligencia y de la posibilidad de desarrollar un corazón afectuoso, todos y cada uno de nosotros podemos transformarnos en una fuerza para el bien.

Dalai Lama

8 de febrero de 2015

Primera Parte
Un ciudadano del mundo

Capítulo 1
Reinventar el futuro

La BBC —British Broadcasting Company— transmite su noticiario a todo el mundo. Las señales de onda corta llegan hasta Dharamsala —la remota ciudad del Himalaya— incluida su parte más alta, McLeod Ganj, donde vive Tenzin Gyatso, el 14° Dalai Lama.

El Dalai Lama comenzó a escuchar la BBC en Tibet durante su juventud y se cuenta entre sus más devotos oyentes. Dado que le otorga gran importancia a su confiabilidad como fuente de información, cuando está en casa la sintoniza siempre a las 5.30 a.m., la hora en que desayuna.

“Escucho la BBC todos los días, y las noticias me cuentan sobre asesinatos, corrupción, abuso, locura”, me dijo el Dalai Lama. La diaria letanía de injusticias y sufrimiento humano lo ha llevado a comprender que la mayoría de las tragedias causadas por el hombre son resultado de una sola deficiencia: la falta de piadosa responsabilidad moral.

En su opinión, nuestra moral debe señalarnos nuestras obligaciones para con los demás como reflejo de lo que desearíamos para nosotros mismos. Pero cualquier noticiario matutino puede servirnos como barómetro de la ausencia de ese timón moral. Las informaciones fluyen como un mar de negatividad que nos invade: niños cuyas casas son bombardeadas; gobiernos que suprimen brutalmente el disenso; devastación de áreas naturales. Oímos sobre ejecuciones sangrientas, invasiones, trabajo esclavo, incontables refugiados, trabajadores que no logran proveerse de vivienda y alimento. El listado de las faltas humanas parece interminable.

Hay en todo esto una rara sensación de déjà vu. Las noticias de hoy replican las del año anterior, la década anterior, el siglo anterior. Estos relatos de infortunio y tragedia solo son las actuales versiones de hechos muy antiguos, los errores más recientes en el curso de la historia.

Si bien podemos enorgullecernos de los progresos realizados durante ese largo trayecto, ante la persistencia de la destrucción y la injusticia, de la corrupción y la inequidad, no podemos sino angustiarnos.

¿Dónde están las fuerzas capaces de construir el mundo que deseamos?

El Dalai Lama nos insta a crearlas. Su perspectiva singular nos ofrece un claro sentido de la orientación equivocada que ha seguido la familia humana y de lo que podemos hacer para comenzar a recorrer una historia mejor que, en lugar de repetir constantemente las tragedias del pasado, enfrente los desafíos de nuestro tiempo con recursos internos para modificar el relato. Él es capaz de imaginar el necesario antídoto: una fuerza para el bien.

Más que cualquiera de las personas que he tratado, el Dalai Lama encarna y promueve esa fuerza. Lo conocí en los

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